#4 TiemposBalcón Vacío

La era del neo-oscurantismo I | Columna de Alex Valencia

Balcón vacío

 

El 7 de febrero de 1497, Sandro Boticcelli, uno de los grandes maestros de Quatroccento italiano, se unió a la turba de fanáticos seguidores de Girolamo Savonarola, quien en su afán puritanista, impulsó las “hogueras de las vanidades”, en las cuales durante el carnaval se quemaba en grandes piras todo objeto que promoviera la depravación y alentara la vanidad. Convencido de que algunas de sus obras, en particular las inspiradas en la mitología griega, atentaban contra el cristianismo, decidió alimentar la hoguera con ellos.

Siete siglos después, al inicio del tercer milenio, fuimos testigos de la destrucción de los Budas de Bamiyán, colosales representaciones de más de mil años que medían 53 y 38 metros de altura, por parte de los talibanes durante su dominio de Afganistán, donde impusieron una versión extremista del Islam y aniquilaron prácticamente todos los vestigios budistas de la región por su interpretación del Corán en cuanto a la representación de ídolos.

Esta semana, la Galería de Arte de Manchester retiró de exposición el cuadro “Hilas y las ninfas”, pieza del siglo XIX obra de William Warterhouse, en la cual, de acuerdo a Clare Gannaway, curadora de la galería “la mujer se representaba sólo como un sujeto pasivo y decorativo”. Otra justificación para realizar dicha acción es que hacerlo forma parte de otra exposición, de Sonya Boyce, con el fin de “abrir un debate y no censurar”. La pintura ilustra el rapto de Hilas —escudero de Hércules— por parte de las Ninfas, enamoradas de su belleza; en la composición, él se encuentra inclinado ante las ninfas, quienes lo atraen a su manantial. Al estar dentro del agua, su postura es naturalmente más baja con respecto a Hilas, quien está sobre tierra.

Diferentes sucesos recientes nos hacen pensar que en realidad la mentalidad de nuestra era no es diferente a la del siglo XIII y que los talibanes no están solos en esto de la eliminación de cuanto no coincida plenamente con sus intereses y filias; nuestra era bidimensional ha perdido toda perspectiva en cuanto a los diferentes aspectos incidentes en torno a los fenómenos sociales para enfocarlos de manera exclusiva en su visión cerrada y absolutista.

Tomando como cierto que el acto de haber descolgado el cuadro de Warterhouse forma parte de una incitación al debate por medio de post-its pegados en el lugar donde éste se situaba se abren otras preguntas ¿No se podía haber realizado este debate mientras permanecía en exhibición? ¿Si fuera dicha la causa, venía a cuento la valoración moral de la curadora? De acuerdo a su cargo, debería abstenerse de hacer públicas sus convicciones éticas y morales personales para darle preponderancia al valor estético e histórico de la obra en cuestión, así como promover el entendimiento e interpretación de las obras de arte. De eso se trata el trabajo de curaduría de arte.

Partiendo del principio de su “explicación” podría yo sugerir una acción en la cual se le pinte bigote y cuernos a “Las dos Fridas”, de Frida Kahlo para investigar la reacción del público y medir como anda el pulso del humor de los mexicanos ¿Cierto? Se trataría con ello de abrir debate. 

La decisión de Boticcelli a fin de cuentas se dio a título personal —según cuenta la historia—, muy respetable aunque de lamentar que su fe se haya antepuesto al trabajo ¿Podemos juzgarlo por eso, condenarle por fanatismo religioso? No, por supuesto; el contexto histórico en el cual vivió era muy distinto al que nos toca vivir, no podemos tomar esa perspectiva como algo total; quizá sí como apenas una línea para comprender el todo, pero sin perder la objetividad y mandarlo a la hoguera también a él.

Los talibanes en Afganistán ignoraron toda petición de la comunidad internacional para evitar la destrucción de vestigios milenarios que aunque no tenían tal declaratoria podríamos calificar como patrimonio de la humanidad por su valor histórico y artístico; incluso Pakistán, su más cercano aliado, trató de interceder pero prevaleció su estricta e inamovible percepción de la realidad. Algo así sucede actualmente con la percepción del mundo a partir de los “ismos”; estamos más cercanos al retroceso, a un nuevo oscurantismo que de una comprensión de nuestra realidad para modificarla en pos de un beneficio general.

La perspectiva de género es por completo válida como una de las vías para estudiar la historia en general y la del arte en particular, pero bajo el principio que rige a todas las ciencias sociales desde la aparición de la sociología: con objetividad y sin apasionamiento que prejuzgue o sesgue el entendimiento del objeto de estudio y por tanto deforme tendenciosamente la realidad.

Tampoco afirmo que la perspectiva de género sea la causante del neo-oscurantismo del cual hablo, es apenas una parte —y no todo el feminismo— del gran tsunami de corrección política actual, presente en todos los ámbitos de nuestra cotidianeidad; parto de este caso por ser el más actual para extenderme en las siguientes entregas sobre el conservadurismo autoritario que todo juzga, nada resuelve e impide el avance.

El 01 de febrero de este año, representantes de Facebook debieron comparecer ante un juzgado en Francia por un caso en el cual desactivaron la cuenta de un profesor francés por haber compartido en su cuenta una imagen de “El origen del mundo”, un cuadro de 1866 de Gustave Courbete en el cual se aprecia un acercamiento a la vagina de una mujer. La defensa señala que el cuadro es “de manera evidente una representación magnificada, sublimada por el talento del artista”. La red social se sostiene en su principio de prohibir imágenes que “contengan desnudez”. Otro debate de corrección política, veremos la semana entrante como avanza.

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