#4 TiemposColumna de Daniel Tristán

«La Culebra» ft. Botellita | Columna de Daniel Tristán

Lagunotas mentales

 

«Usted representa una amenaza tolerable para el sistema, de lo contrario ya lo sabría»

-Banksy-ente, pero sobre todo más acertado.

Hay veces que resulta injusto juzgar a las personas y los hechos por una primera impresión. En algunas ocasiones dos situaciones aparentan no tener relación alguna pero al final están unidos por un lazo sólido, casi inquebrantable. Tan sólo hace falta darle un segundo vistazo a los hechos para poder emitir un juicio más sustancioso y conciso.

En los últimos días la muerte de dos mexicanos inundaron las páginas frontales de todos los diarios y se convirtieron en trending topic en redes sociales. El primero, Luis Donaldo Colosio; el segundo, Armando Vega Gil.

Ambos casos, a primera vista parecieran tener poco, si no es que nada que ver uno con el otro. Uno político, el otro músico/escritor. Uno hace 25 años, el otro esta misma sema. Uno asesinado, el otro suicida.

Hace falta sentarse un momento, aclarar la mente y tomarse el tiempo para dar un segundo vistazo bajo la lupa para poder atar cabos cabos y comprender que, a pesar de la distancia en la línea cronológica, los dos casos parecieran estar vinculados por la misma terrible causa.

A decir verdad, del asesinato de Luis Donaldo Colosio recuerdo poco, casi nada. En 1994 mis prioridades y preocupaciones recaían básicamente en salir de la escuela y llegar casa a tiempo para ver Plaza Sésamo mientras comía la mayor cantidad posible de chocolates. Recuerdo cuando sucedió, tengo una imagen vaga de mi padre frente al televisor. Recuerdo también la escena, el tumulto y la música de fondo. Sabía que algo malo sucedía, pero no lo entendía y, honestamente, poco me importaba.

A Armando Vega Gil lo descubrí ya entrado en la adolescencia. Encontré las crónicas que escribía en las páginas de «La Mosca» bajo el pseudónimo de «Armiados Güeva Vil». Devoré sus crónicas del «Diario Íntimo de un Guacarroquer» y todo lo que pude encontrar de su trabajo como escritor. Siendo honesto tardé muchos años en saber que se trataba de uno de los músicos más emblemáticos del rock mexicano. «Botellita de Jerez» nunca figuró entre mis intereses musicales ya que, generacionalmente, me correspondía la identificación con sus hijos menores, herederos de la fórmula musical del albur, la ironía y el humor negro: «Molotov».

En una misma semana ambos personajes coincidieron en un cuello de botella mediático por demás interesante. Ante el 25 aniversario luctuoso de Luis Donaldo Colosio se desempolvó la polémica de su asesinato. Los noticieros y programas de debate pusieron una vez más el tema sobre la mesa. Netflix lanzó una serie basada en el asesinato del ex candidato a la presidencia y yo, lejos de ser aquél niño con los cachetotes llenos de chocolate, había crecido y me había informado acerca del asunto al pasar de los años.

Tan sólo unos cuantos días después la noticia del suicidio de Armando Vega Gil sacudió las redes sociales y los encabezados de los diarios en todo el país. Un suicidio siempre va a resultar escalofriante e imposible de comprender. Pero el de Vega Gil había sido anunciado por él mismo es su perfil de Twitter lo cual lo hizo doblemente escabroso.

Estimado lector, a estas alturas doy por hecho que está usted enterado del contexto sobre el asesinato de Colosio y las causas del suicidio de Vega Gil. Sin afán de entrar en detalles acerca del crimen político cometido hace 25 años ni de las irregularidades del movimiento #MeTooMusicosMexicanos me gustaría compartirle mi óptica de este par de lamentables hechos.

Resulta que, como señalé al inicio, ambas muertes parecen estar estrechamente unidas una a la otra. A pesar de haber sucedido en épocas y circunstancias distintas he caído en cuenta de que tanto Colosio como Vega Gil fueron víctimas del sistema. El ex candidato presidencial fue llevado a la ratonera por un aparato político sucio y corrupto mismo que, no conforme con decidir al dedazo QUIÉN va a gobernar, también decide CÓMO se tiene que gobernar. A Colosio no lo asesinaron hace 25 años en Lomas Taurinas por ser Colosio, el sistema lo asesinó por querer gobernar como Colosio.

Cierto es que la muerte de Vega Gil se dio en otras circunstancias, no menos lamentables y complejas, pero sí distintas. Aún así, Armando fue también víctima del mismo sistema chafa, lacra y corrupto. Con esto no quiero decir que las acusaciones de abuso sexual en su contra sean falsas, ni pretendo poner su nombre en un pedestal de pureza. Simplemente creo que el sistema de justicia en México es obsoleto y lleno de corrupción e impunidad.

Ante la falta de eficiencia del sistema judicial mexicano surgen movimientos sociales como #MeTooMusicosMexicanos. La sed de justicia es mucha y la respuesta del sistema poca. De una cosa estoy seguro: si la justicia en México existiera y se encontraran las pruebas suficientes del supuesto abuso Armando Vega Gil seguiría vivo. Tras las rejas, pero vivo.

De la misma forma, si el sistema político funcionara de manera saludable no habría necesidad de haberle volado la cabeza a Luis Donaldo Colosio hace 25 años. Resultan ambas muertes un hecho lamentable, al igual que la de millones de mexicanos que han muerto durante décadas víctimas de un sistema podrido de raíz que está dispuesto a quitar del camino a cualquier persona que represente una amenaza para su funcionamiento sucio, corrupto e insoportablemente pinche.

dnltrstn@gmail.com

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