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La cruda realidad | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

 

El despilfarro de energías, alargarse en la fiesta y el exceso en el consumo de alcohol trae consigo consecuencias inmediatas con la llegada del alba o en el recobro de desvelada conciencia. 

Los malestares fisiológicos, síntomas de descompensaciones han sido llamados “la cruda”. Pero con el dolor de cabeza, las náuseas, la extraña temblorina de piernas o la nula tolerancia al mínimo ruido es probable que también llegue, entre borrosos recuerdos, algún tipo de remordimiento por haber faltado el respeto a alguna persona, causado un daño patrimonial, insultado o por lo menos ser protagonista de un conato de escándalo.

Así, es común entre bebedores consuetudinarios de alcohol reconocerse de forma predecible por sus comportamientos, muchos de los cuales varían de acuerdo a la cantidad de etilo ingerido, alcanzando sus momentos más álgidos según vayan transcurriendo las horas.

Del tímido al extrovertido hay unas copas; del pacífico al broncudo bastan unas chispas de palabras y del tronco al bailarín lo separan un par de compases.

También está el organizatodo, que le da ritmo a la fiesta, el resignado anfitrión dispuesto a prolongar su amabilidad pese a la vajilla preferida rota y las manchas de grasa en su pulcro recinto; no faltarán las sonoras risas desalojadas por viejas anécdotas.

En ese trajín del día, festejos y abrazos se intercalan para desear amor, felicidad y próspero año y así, entre la secuencia de las mismas canciones de cada año, en medio del frío y alientos a botana, se encapsulan suspiros para dirimir el porvenir, siempre lleno de esperanzas, como si el cambio de año fuera trascendente en las decisiones personales.

Con todo, las deudas nos alcanzarán al día siguiente, como la compra de gasolina y despensa. Mientras acomodamos utensilios de la casa, se irán fraguado los últimos intentos por resistir al consumismo, pero abatidos por los reyes magos, se busca cumplir con última estirada del elástico aguinaldo para beneficiar a los más pequeños, tratando de no herir sus sentimientos con nuestros complejos de pobreza guardados en el subconsciente de la infancia.

Pero la realidad le llegará a cada quien según su resistencia física o su inquietante conciencia. Para la cruda física se recomienda un pozole del Mercado República o regresar al recalentado cuando todos se hayan levantado y la abuela cumpla la magistral tarea de llenar el comal de tamales. 

Para la cruda moral no existe remedio, pues ni las disculpas ante recurrentes actos son suficientes.

La otra cruda realidad, la del trabajo o falta de empleo, la de los gastos ordinarios en alimentos, educación, despensa, gasolina y camiones, esa llegará tardíamente, pero llegará, de esa si nadie nos salvamos, excepto claro, quienes han sido privilegiados del poder durante años.

Les deseo, feliz año 2019.

@RicSanchezGa

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