#4 TiemposDesde mi clóset

La configuración de una identidad homosexual | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

He mencionado hasta el cansancio, en otras entregas, el hecho de que existe un régimen heterosexual que domina el sistema; se ha dicho también, que la homosexualidad es un programa validado por este sistema normativo, que si bien en primera instancia golpetea el status quo, en segundo término busca ser introducido en la dinámica social. De la misma forma que lo hicieron los negros y las mujeres, los homosexuales buscan un lugar en el paradigma, no quieren destruirlo, por lo que la lucha no es tan compleja, fatídica ya que encontrará resistencias de los sectores conservadores, pero simple, en tanto que no generará algo que el sistema no pueda cooptar.

Un hombre homosexual, reconoce la presencia de un privilegio sustancial al no renunciar a la existencia de la dicotomía sexual. Ser hombre, dentro del sistema, implica ser amo, ser dueño, ser dominante. Eso lo tiene muy claro la homosexualidad. Es necesario partir de esta premisa para poder entender los mecanismos de dominación necesarios en la configuración de una cultura gay como la conocemos en la actualidad. Las lesbianas son un punto y aparte, introducirlas en este mecanismo no ha resultado, por la simple razón de que pertenecen a la otra cara de la dicotomía, son las esclavas, las dominadas y las subalternas. En el apartado anterior se ha reflexionado respecto a los postulados de Wittig y Rubín, quienes explican de manera clara cómo es que la heterosexualidad obligatoria y la homonormatividad han dispuesto lo necesario para preservar los mecanismos de dominación.

Un hombre homosexual es vapuleado por el sistema en la medida en que renuncia a sus privilegios. Cada vez que éste transita al lado oscuro (lo femenino), la policía del género sale a señalar las transgresiones de éste. Se comprobó este argumento al observar que todas las personas que participaron en el estudio, por lo menos en alguno de sus comentarios, emitieron un enunciado misógino, desde los inofensivos, hasta uno que otro que manifestó un discurso de odio hacia lo femenino.

De esta manera, es posible afirmar que el problema real dentro de la cultura no resulta del hecho de que los hombres tengan prácticas sexuales con otros hombres, eso siempre ha sucedido, incluso antes de que se instaurara la modernidad. Los romanos lo tenían muy claro, un hombre podía penetrar a un adolescente, y no a la inversa, el hombre es el sujeto de poder, el débil adolescente puede ser sometido por éste. La conducta castigada en la Roma antigua era para aquel hombre que accediera ser penetrado por un sujeto inferior a él. En la actualidad lo que se sataniza es el hecho de que un hombre renuncie a sus privilegios, que transite al lado femenino, lo visibilice y lo difunda.

Así pues, la identidad homosexual se configura en un contexto bastante claro. Dentro de un régimen heterosexual y patriarcal, que ha establecido las bases para la socialización. No existe una identidad individual, todas surgen a partir de una colectiva, pero hay que decir que las identidades tienen trucos, ya que éstas ayudan al individuo a tomar conciencia de su percepción sobre sí mismo. García Martínez, asegura que “la identidad individual sería el fruto de las interacciones cotidianas con las que se encuentra un sujeto y que producen la internalización de los sistemas de actitudes y comportamientos adecuados a ese contexto social”. Es por ello que la familia, la escuela, la religión, los medios masivos de comunicación y las relaciones entre ellos, son parte fundamental para la conformación de una identidad homosexual. La identidad, “es el fruto dialéctico del reconocimiento recíproco entre el individuo y los grupos sociales a los que puede pertenecer”, que dan lugar a la conjunción de dos elementos indispensables para la configuración de una identidad: “la percepción de la autoidentificación y de la continuidad de su propia existencia en el tiempo y en el espacio […] y la percepción de que los demás reconocen al individuo su propia identificación y continuidad.

La identidad homosexual/gay, es construida dentro, no fuera de la representación simbólica del ser gay, y hace referencia a la invención de una práctica que la propia tradición patriarcal de desdeñar lo femenino y ensalzar lo masculino efectúa. “Precisamente porque las identidades son construidas dentro, no fuera del discurso, necesitamos comprenderlas como producidas en espacios históricos e institucionalmente específicos dentro de prácticas y formaciones discursivas determinadas, por medio de estrategias enumerativas específicas. Más aún, surgen en el seno del juego de modalidades concretas de poder y, así, son más el producto de la huella de la diferencia y la exclusión que un signo de una unidad idéntica, naturalmente establecida.”

Dicho lo anterior, resulta fundamental hacer un análisis histórico de las categorías involucradas en la conformación de una identidad homosexual y las representaciones simbólicas que esta trae consigo.

Un hombre que creció con el auge de los sesentas y que fue testigo del surgimiento del movimiento de liberación homosexual, tiene una percepción diferente a la que tiene un hombre que creció en la era del sida, el cual dista mucho de percibir el mundo como lo hace quien creció en la segunda década del siglo veintiuno, donde las redes sociales digitales han transformado la autopercepción e identificación personal.

Y es que hay que decir que la configuración de la identidad homosexual no tiene más de sesenta años de formada. Apenas dos generaciones atrás, los hombres con prácticas homoeróticas se cuestionaban el hecho de salir a las calles y luchar con un espacio público dentro de la sociedad. Antes existían en guetos pertenecientes al espacio privado, en las penumbras donde el ojo inquisidor del sistema no señalara sus comportamientos. Pero es a partir de la revolución sexual y el movimiento de liberación feminista, que ven una oportunidad se salir a las calles.

Al respecto, la inserción de la homosexualidad dentro del contexto social se ha intensificado en los últimos tiempos. Dentro de la cultura occidental, este tema se ha puesto en la agenda mediática luego de que hace algunos años países como España o Inglaterra hayan legalizado los matrimonios entre personas del mismo sexo. En México este tema estuvo en boca de los líderes de opinión, luego de que la asamblea legislativa del Distrito Federal aprobara en 2011 los matrimonio gay en la capital del país. Y no es que la homosexualidad sea un tema de moda, pero el discurso de “apertura” que algunos entes de poder han manifestado, puso a la homosexualidad dentro de este “licuado” mediático de información.

A pesar de que la homosexualidad es cada vez más aceptada por la dinámica social, la discriminación por preferencias sexuales es el pan de todos los días en distintos espacios sociales, como son la escuela. Inclusive el propio discurso descalificador de la iglesia católica ampliamente difundido por los medios masivos, indica que el espectro de homofobia aún continúa abigarrado en una sociedad doblemoralista. Sin embargo, a pesar del contexto en el que se desenvuelve, la gayasidad es una cultura que alza la mano. Hoy en día, esta orientación sexual se ha convertido en una forma de vida para una buena parte de la sociedad. Quien, aunque minoría, está ahí gritando por sus derechos. Derechos que incluyen el ser tratados con la “indiferencia” de ser vistos como “alguien más” dentro del devenir social.

@paulibarra06

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