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De la civilización a la barbarie: bolsas de plástico | Columna de León García Lam

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Durante una estancia que hice en Ciudad del Maíz, con los pames de allá, un día de esos, me despertaron muy temprano para invitarme a una barbacoa. Genial. Fui a la vivienda de unos amigos que la noche anterior habían destazado una vaca y la habían metido en un hoyo de barbacoa, usted sabe: un horno calentado con piedras al rojo vivo, en el que se cuecen envueltas en pencas de maguey, las carnes de un animal. Me sentaron frente a la barbacoa humeante y me arrimaron una pila de tortillas recién hechas, salsa borracha y un salero con forma de tomate: “sírvase con confianza”. Pues ni modo de decir que no, y la verdad, le presumo, me supo deliciosa. Con la boca llena, alcancé a preguntar por qué habían matado a la vaca. Me respondieron, que la hallaron recién muerta en el monte y lo mejor era aprovechar la carne. Entonces, pregunté de qué había muerto el animal y la respuesta me sorprendió: la vaca se había tragado una bolsa de plástico. Me explicaron el proceso digestivo de estos rumiantes -que aquí no viene al caso- y concluyeron: “se nos mueren muchas así… les hemos encontrado hasta tornillos y monedas en la panza”.

Ese fue el primer caso que conocí de bolsas ecocidas. Luego, por amiguitos ecologistas, y por las redes sociales, me he enterado -como usted, seguramente- de todos los perjuicios que causan las bolsas de plástico en el planeta. Ahí le va:

Se calcula que hay un trillón de bolsas en el mundo (los fabricantes de bolsas afirman que apenas se trata de un billón).

Calculan también que, en promedio, cada habitante humano consume 22 mil bolsas en su vida. Es decir, poco menos que una bolsa diaria. Si somos 10 mil millones, los actuales habitantes, aumentaremos por lo menos un cuarto del trillón de bolsas que ya hay: 220,000,000,000,000 bolsitas.

El problema: las bolsas, por chafas que sean, son prácticamente indestructibles. Las más visibles son las que llegan casi intactas al mar: y son las que se comen las ballenas, las que enredan a las tortugas, las que deforman animales, etc. Pero el principal problema es invisible: las bolsas que a lo largo de su peregrinar hacia el mar se van pulverizando. No se destruyen, no se reintegran y no se transforman, sino que siguen siendo bolsas, pero de tamaño microscópico que flotan en el mar, en el aire y se revuelcan en la tierra. Estudios recientes se han percatado del aumento considerable en la cantidad de polietileno que hay en organismos básicos como el plancton, bacterias o larvas. En pocos años, este aumento de plástico se notará en especies más grandes y subsecuentes en las cadenas alimenticias. Para ese entonces, ya no será mito: sí habrá arroz de plástico.

Por supuesto que la comunidad científica estudia cientos de alternativas, le mencionaré aquí las que me parecen más sugerentes:

  1. Encontraron que una larva (Galleria Mellonella) desarrolla una enzima capaz de desintegrar el polietileno. No se sabe aún en qué lo convierte, ni cómo lo hace, sin embargo, ese bicho (que es plaga de abejas) puede tener la clave de la desintegración masiva de nuestras bolsas. https://phys.org/news/2017-04-caterpillar-bags-biodegradable-solution-plastic.html
  2.  Convertir las bolsas en combustible. Se anuncia la posibilidad de convertir de manera redituable el polietileno en combustible. líquido. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0378382017300929
  3. Una de las propuestas más serias consiste en volver más resistente al polietileno y con ello impulsar su reutilización y disminuir drásticamente el consumo personal de bolsas. https://phys.org/news/2017-02-polymer-additive-revolutionize-plastics

Amigo y cultísimo lector de La Orquesta, como usted ya se imagina, para cuando los avances científicos permitan solucionar el desastre ecológico actual, ya habrá nuevos problemas. Por eso, es necesario pensar en soluciones. En la situación presente, no podemos pedirle a nuestros gobernantes municipales, estatales o legislativos actuar a favor de nuestro porvenir y del bien común. Están demasiado preocupados en sus negocios e intereses electorales. Nomás nos tenemos a nosotros mismos, y ahí va el trompo a la uña:

Tomando en cuenta que el 3 de julio es el día internacional sin bolsas de plástico ¿Qué propone usted para disminuir el consumo de bolsas en nuestra comunidad? (Yo estoy seguro, que todo lo que se haga al respecto sirve). Un abrazo.

@guaname

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