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La apuesta del cabrito y las tortas ahogadas | Columna de Adrián Ibelles

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– El duelo de estrategias parece también favorecer a los norteños, con un Tuca muy experimentado y amplio conocedor de su material.

Por Adrián Ibelles

@Adrian_Ibelles

La final del futbol mexicano está por resolverse este jueves, cuando Tigres reciba a la escuadra que dirige el Pelado Almeyda.

Chivas llega como tercero de la clasificación, pero no como favorito. La pesada maquinaria ofensiva (y el balance en el resto de sus líneas) hacen de los regios un rival portentoso, que ha logrado desarmar a los contrarios desde el partido de ida. La goliza que le propinó en cuartos a su acérrimo, y la victoria contundente y con autoridad frente a Xolos, han hecho de los “Tigueres” (con todo y que fueran octavos) un peligro tangible y latente.

El duodécimo campeonato de Chivas (y el primero en liga desde el ya lejano 2006) tendrá que decidirse en la ida, cuando la afrenta no incluye números en contra y el resultado aún les favorece por cerrar en casa. Ya ocurrieron este año varios milagros deportivos de último minuto, pero se ve difícil algo así frente a los campeones regentes.

El duelo de estrategias parece también favorecer a los norteños, con un Tuca muy experimentado y amplio conocedor de su material. La juventud y la fe de los del Bajío serán sus alternativas para resolver a su favor.

Pero si algo me ha gustado de Chivas esta temporada es su compromiso. El que creyeran en sí mismos y en el proyecto que les redituó en la Copa, y ahora en una final, una que puede devolverles el orgullo y redondear un semestre deportivo en el que dejaron atrás a sus detestados zorros y aguilas; de paso se revalidarían como el equipo mexicano más grande, lugar que no han querido recuperar los capitalinos y que más bien se lo han disputado los del norte (Tigres, Santos, Xolos y Rayados).

Lo que más llama la atención de esta final es que hay dos aficiones enormes pendientes del desenlace, dos grandes hinchadas que disfrutarán que sus emisarios salgan victoriosos rumbo a La Minerva o en la Macroplaza.

Eso y el festejo o la rabieta del Tuca, y los sagrados memes que vendrán de ahí.

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