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La “Anatomía de la Materia” de Rivelino  | Columna de José Antonio Motilla

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“Anatomía de la materia” es la nueva exposición que el escultor Rivelino (San José de Gracia, Jalisco, 1973) presenta en el Centro de las Artes de San Luis Potosí (CEART), ofrecida como el evento estelar de la celebración del Día Internacional de los Museos 2018, en la que el autor propone una exposición destinada a un museo o galería, la primera de su tipo que hace en diez años. En el discurso sostiene que su “anatomía” consiste en un ejercicio de disección de los diferentes aspectos y dimensiones del relieve. También presenta “Diálogos naturales y caja táctil”, en el Museo Federico Silva Escultura Contemporánea, que consiste en una pieza escultórica al interior del museo y de una caja de acero con la que los transeúntes pueden interactuar.

Para el productor de arte, exponer en San Luis Potosí de manera simultánea en dos espacios museísticos, no representa otra cosa más que una línea a su extenso currículum, que está plagado de experiencias en las principales capitales del mundo. Para un escultor con tanta trayectoria y proyección, ¿qué es lo atractivo de exponer en una ciudad como San Luis Potosí? ¿Por qué elegir el Centro de las Artes de San Luis Potosí y el Museo Federico Silva para presentar su más reciente producción? ¿Por qué curadores de alto nivel no lo han invitado a alguno de los museos con mucho mayor proyección que los locales? Es decir, el autor, cuyas piezas han dado la vuelta al mundo para ser exhibidas en espacios públicos, y curiosamente no en museos de renombre, ha decidido producir una exposición para el CEART.

Nos enfrentamos a un productor que trabaja a partir de un gran estudio, con un amplio equipo de colaboradores que hacen posible la materialización de la obra. Un sistema que si bien es una práctica común en el arte contemporáneo, en el caso de Rivelino no queda claro cuál es su participación en los proyectos; ¿Es acaso el curador de lo que produce su estudio? ¿Hasta qué punto participa en la producción de sus obras?

Podríamos decir que por lo menos, Rivelino es el autor intelectual de sus piezas, que si bien no elabora en su totalidad –y que por supuesto no tiene por qué hacerlo–, la conceptualización de las mismas es su completa responsabilidad. Precisamente, considero que en este punto radica el mayor problema de la obra, es decir, la factura de las piezas es de buena calidad, no así el discurso.

En este sentido, es notable la poca atención que la crítica ha puesto en la obra del artista. Entre lo poco que he podido localizar, son las declaraciones que la crítica de arte Raquel Tibol dio al periódico La Jornada, con motivo de la exposición “Raíces” (2012) que el artista instaló en las calles de la Ciudad de México. Tibol sostuvo que lo expuesto “no es arte, es una porquería” y se preguntó sobre el tipo de relaciones que el escultor tenía en ese momento con la clase política de la Ciudad de México, que le posibilitó exponer una obra “repugnante”.

Del mismo modo, y con motivo de la misma instalación, la periodista Sonia Sierra cuestiona al artista en su artículo “Rivelino, ¿arte o relaciones públicas?”. La periodista sostiene que las “secretarías de Estado, organismos desconcentrados, museos y centros culturales, han apoyado sus proyectos de manera inusitada”, con comisiones por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Economía, entre muchas otras instancias.

Respecto a su dimensión estética, es alarmante el profundo parecido que algunas de sus esculturas guardan con la obra del artista Anish Kapoor, quien en 2016 expuso “Anatomía: Biología”, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Kapoor es uno de los artistas ingleses más cotizados de la actualidad, y su obra ha sido expuesta en algunos de los museos más importantes del mundo. Una de sus obras icónicas es el “Cloud gate” (2006), ubicado en el Millenium Park de la ciudad de Chicago, Illinois. Por supuesto que Rivelino podrá decir que se trata de una apropiación, o una re significación, o la evidencia de sus influencias, pero el sentido común dicta lo contrario.

La pieza que desde mi perspectiva corona la exposición, y por supuesto es desafortunada, es un cerebro dorado expuesto en un capelo, que recuerda algunas de las polémicas piezas de Damien Hirst, al mismísimo Marcel Duchamp, y por qué no, a la “Montaña sagrada” de Jodorowsky, cuando en un proceso de carácter alquímico, convierten excremento en oro.

“Anatomía de la materia” de Rivelino, es en definitiva una exposición que más allá de ofrecer piezas artísticas, es un “showroom” que presenta objetos de carácter decorativo, que bien pueden ser adquiridos por personas con fuerte poder adquisitivo, o bien, por coleccionistas de presupuesto moderado que busquen una pieza con influencia de la obra de Kapoor.

El arte que promueve la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, con el impulso y patrocinio de productores como Rivelino, no tiene otra función más que el validar y reproducir un sistema cultural y artístico que no sólo está agotado, sino que atenta contra la dignidad misma del campo.


¿Quién será el siguiente artista invitado? Si nos acotamos a la línea curatorial que hasta el momento se ha seguido (en caso de que la hubiera), no dudo que Rodrigo de la Sierra y su personaje “Timo” sean los próximos en visitar el CEART.

Esperemos que con “Anatomía de la materia” no suceda lo que la crítica Ana María Mallet sentenció para “Raíces” (2012); que “contamine el gusto de la gente en la ciudad”.

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