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Jugar por todo, morir de nada | Columna de Sebastián Escorza

En Cancha Rival

 

Cruz Azul sumó otro subcampeonato a su historia, en el Estadio Azteca y contra uno de sus mayores rivales, el América. Ahora suman 21 años desde que se coronaron campeones contra el León, la maldición sigue sin romperse.

Todo parecía ser diferente, este año podía ser el bueno, hubo cambio de directiva, refuerzos que en temporada regular mostraron su valía, la afición estaba enganchada pero no se dio. El partido que tenía que jugarse con más garra parecía un encuentro cualquiera de la jornada 17 con el equipo ya clasificado a la liguilla.

América no se queda atrás, pese a tener méritos para coronarse como el equipo más ganador de la Liga MX, dejó qué desear en esta final que pintaba a ser la más interesante entre los equipos que se metieron a “la fiesta grande del futbol mexicano”.

Fue un partido de ida para el olvido, de los partidos más aburridos que he visto, y con todo y eso, los aficionados cruzazulinos recordarán esa falla de Édgar Méndez en tiempo de compensación, un travesaño que pudo cambiar esta fatídica historia.

Para el partido de vuelta Cruz Azul no se encontró en el campo, los jugadores estaban desconectados y en los primeros minutos parecía que ambos equipos tenían miedo de perder: América no quería ser el equipo que acabara con la sequía de títulos de Cruz Azul, y este último temía perder otra final, contra el odiado rival, recordando los fantasmas de 2013 y de un cabezazo que alargó el partido.

Un gol de Edson Álvarez tras un error en la salida cementera dio un giro de tuerca a esta final, el partido se abrió un poco más pero a pesar de ir abajo en el marcador Cruz Azul se mostró frío, como nunca lo había hecho en este Apertura 2018.

Hubo un par de llegadas de Cruz Azul que pudieron hacer más emocionante el partido, Roberto Alvarado se quitó rivales azulcremas a diestra y siniestra, pero el gol nunca llegó; en contraparte, un desesperado Gerardo Flores ingresó al terreno de juego para que los dirigidos por Miguel Herrera no hicieran tiempo. Fue quizás, en mi opinión, el único jugador celeste que mostró ganas por obtener la novena, de una forma equivocada, pero lo hizo. Cruz Azul se murió de nada la noche del domingo en el Estadio Azteca.

Pese a esta sequía, volver a una final puede considerarse un avance para Cruz Azul, si la liga mexicana se jugara en torneos largos, sin liguilla, los cementeros tendrían los argumentos para romper esa maldición, y aunque el hubiera no existe, un equipo grande del futbol mexicano levantó la mano este domingo para decir que hay que tomarlos en cuenta.  

Por otra parte, lo peor que podría hacer Cruz Azul sería desechar el proyecto comandado por Ricardo Peláez y Pedro Caixinha. Esta vez la culpa no fue de la directiva y mucho menos de los aficionados azules, fue de los jugadores que no supieron que estaba jugando para reivindicarse con los suyos y con el futbol mexicano.

No podríamos asegurar que el próximo torneo será el bueno, pero sí podemos asegurar que Cruz Azul está de vuelta y que esa maldición está próxima a romperse. Un equipo de futbol aprende más de las derrotas que de las victorias, y Cruz Azul podrá reponerse de este trago amargo, de un subcampeonato más y de la paternidad de las águilas.


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