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Jugar al cine: fiesta de luz y movimiento | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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“El cine es mejor que la vida”, Emilio García Riera, historiador de cine mexicano.

En septiembre de 1945, se habían silenciado los cañones de la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los países europeos, incluso los “ganadores” (¿Qué es triunfar en este caso?), se aprestaban a levantar escombros y reconstruirse. En ese momento, México consolidó en el campo cinematográfico los beneficios de haber sido el único productor importante de cine en español durante ese fatídico capítulo. Estos son los motivos:

  • España y Argentina, sus dos grandes competidores del mercado de cine en español, estuvieron inactivos. El primero por atender su guerra civil; el segundo por falta de suministro de insumos (celuloide y químicos) norteamericanos para el rodaje, en tanto aliado de Alemania.
  • A ello se debe agregar, la baja de producción fílmica en Estados Unidos, porque destinó parte de esos recursos a la guerra; además, desistió de su añeja ambición de hacer desde su territorio el cine para América Latina.

México pasó de la hechura artesanal de películas en pequeña escala, en espacios reducidos y con mercado incierto, a una producción en volumen, mejores instalaciones y distribuidoras organizadas como para surtir de cine al mundo de habla hispana, esto es Iberoamérica en su conjunto y el sur de los Estados Unidos. México tuvo industria fílmica en ese momento, el eufemismo del recuento le denomina Época de oro.-

Para 1943, ya se habían consolidado algunos importantes estudios fílmicos mexicanos: CLASA Films, FILMEX, Films Mundiales, Cinematográfica Calderón, Películas Hermanos Rodríguez, América, Tepeyac y San Ángel.

El volumen anual de producción de películas mexicanas oscilaba entre 60 y 90. Surgió un ambicioso proyecto binacional. La creación de unos estudios para rodajes fílmicos, donde poder realizar hasta 125 películas anuales, incluidas producciones estadounidenses. En dos años se materializó el proyecto y los Estudios Churubusco Azteca se inauguraron en septiembre de 1945. Cabe aclarar: concluida la guerra, dejaron de ser de interés para los inversionistas extranjeros y se volvieron propiedad exclusiva de empresarios mexicanos. Desde 1958, sin embargo, son instalaciones gubernamentales. Con notables altibajos y subsidio para los rodajes fílmico, pero sólida y siempre renovada infraestructura para postproducción de la mayoría de las películas realizadas en México. Incluido el ejercicio de cine documental.

El predio inicial adquirido para los Estudios Churubusco fue de 18 hectáreas. De las cuales, sólo una tercera parte tenían foros, laboratorios y salas de proyección. Un espacio significativo para rodajes fílmicos en exteriores, denominado back lock (cerradura trasera) con espacio de selva, otro de bosque, incluso, un pequeño zoológico con variedad de animales requeridos para filmaciones, y una fosa para tomas subacuáticas. Con el tiempo, el área se redujo a 5 hectáreas. El resto fue cedido a la primer Cineteca Nacional y al Centro Nacional de las Artes.

Exposición con objetos utilizados en las producciones

Cumpleaños: de la nostalgia inocua a la interactividad lúdica reconstructiva memoriosa

Hace poco más de 2 años, en septiembre de 2015, los Estudios Churubusco celebraron su 70 aniversario de existencia y hubo cierto rejuego protocolario, pero cuando cumplieron 72, hace 5 meses, con más tino e imaginación, se montó en un área de 500 metros cuadrados (es decir en la décima parte de su actual superficie) una singular exposición interactiva: “La fábrica de cine: Estudios Churubusco”, con carteles, fotografías, elementos escenográficos, equipos, vestuario y objetos empleados en la producción de películas elaboradas en sus foros o en otras locaciones, pero procesadas ahí (edición, revelado, sonorización). En la exposición, hay también espacios para proyección de fragmentos de películas clasificadas por décadas.

Una flor cinematográfica para el páramo fílmico local

Dicha exposición, prometen las autoridades estatales de cultura, vendrá a nuestra ciudad el próximo mes de mayo y, también es promesa, será complementada con un anexo dedicado a rodajes fílmicos en San Luis Potosí. Cierto o no, estudiosos locales del tema, coleccionistas de fotos, props u objetos fetiches empleados en rodajes ya los desempolvan y muestras disposición para dar testimonios.

Llorarle a cine de celuloide sería no reconocer los cambios tecnológicos. En cambio, motivar al desarrollo del mismo en formatos digitales, con la velocidad y abaratamiento de costos, debe ser el cometido. Aquí en el pueblo se trabaja al respecto; con notable rezago, sí, en formación de público reflexivo, cultura fílmica y ejercicio de guiones. Apretar botones y generar selfis, cualquiera. Los Guillermos del Toro se forjan con estudio, disciplina, pasión, más lo demandante de cada hecho creativo.

Si se llega a montar aquí la exposición, será en el Centro de las Artes. Oportunidad para los directivos de ese lugar para reivindicar el desprecio mostrado por sus docentes en la materia, por apoyar con sus herramientas embodegadas a realizadores locales, y por la formación de público cinéfilo.

enredarteslp@hotmail.com

BIO: Periodista y cinematografista por la UNAM, descreído pero muy guadalupano, puma de corazón y convicción. Uruapense por adopción, nómada cuando se puede.

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