#4 TiemposSan Luis en su historia

Juan de Zavala: Primer impulsor de la educación superior en SLP | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

Juan de Zavala, nació hacia 1559 en Tellaeche en el pueblo de San Pedro de Luxua o Asúa en el Señorío de Vizcaya, durante su niñez y juventud se le dio el tratamiento de hijodalgo notorio, pasó a Nueva España hacia 1585 y ya para l589 se encontraba radicado en la ciudad de Zacatecas como mercader y guardaminas.

Por el mes de mayo de 1592 dejó la ciudad de Zacatecas y se estableció en las minas del Cerro de San Pedro. que se habían descubierto en marzo de ese mismo año, allí estableció tienda de mercaderías y en el año 1593 se asoció con el capitán Miguel Caldera, su amigo y compañero, para explotar las minas de Santa Clara, La Biznaga y Los Muertos, del propio Cerro de San Pedro que fueron las primeras en las que se extrajo oro.

 La enorme fortuna que Zavala llegó a acumular se debió no solo a la explotación minera sino también a la agricultura que explotó en las grandes extensiones de tierra que adquirió y al gran número de cabezas de ganado de cría y engorda que alcanzó a tener. De tal manera se enriqueció que en 1594 llegó a ser el más acaudalado de los mineros potosinos, éstos lo nombraron diputado de república, cargo que se concedía sólo a las personas que se significaban por su honorabilidad, aptitudes y riqueza. El y su esposa Catalina Vázquez, originaria de Granada en España, eran muy solicitados como padrinos en los bautizos de las principales familias del pueblo. Todos los vecinos de San Luis afirmaban que ese matrimonio era muy honrado, muy cuerdo y de mucha caridad y virtud; su magnanimidad quedó patentizada en 1596 cuando se estaba construyendo la iglesia mayor de San Luis, (hoy nuestra Santa Iglesia Catedral), contrató la obra con el alarife Juan de Buitrago y se obligó a pagar los nueve mil pesos oro de su costo, además entregó cuatro mil pesos oro para pagar a Francisco de Gilvera la cuarta parte del costo de la techumbre de madera, éste fue el mayor donativo que aportaron los vecinos.

En 1609 cuando se trasladó a la capital del virreinato para desempeñar el cargo de Alguacil de Corte de la Real Chancillería, él y su esposa aprovecharon la estancia en la ciudad de México para exponer a fray Bruno Dávila, prior del hospital de los desamparados en esa ciudad, el deseo que tenían de fundar un hospital en el pueblo y minas de San Luis Potosí, donde se pudieran curar los enfermos pobres que hubiere en este pueblo, desde luego a los españoles pero, preferentemente a los indios, sin que se les cobrara por ello cosa alguna. El nombre del nosocomio sería San Juan Bautista y desde luego, la administración y atención de la obra estaría a cargo de los hermanos juaninos. Fray Bruno aceptó la oferta y la donación: del terreno necesario para la construcción y establecimiento del hospital, 13 camas de madera con sus colchones para los enfermos, 26 sábanas de ruan, 26 frazadas de Castilla, 26 almohadas de lana y, en efectivo, 500 pesos de oro común para medicinas y demás cosas convenientes y forzosas. En 1611 el virrey y el obispo de Michoacán concedieron de muy buen grado el permiso para el establecimiento de esa obra porque era “en servicio de Dios Nuestro Señor y bien de los pobres”. Este mismo año llegaron a San Luis fray Alonso Pérez, prior y fundador del hospital y su hermano fray Andrés de Alcázar.

El hospital alcanzó tanta fama que a los 5 años de su fundación los frailes no daban abasto con los gastos y recurrieron a la limosna de puerta en puerta para poder sostener esta institución que había de durar más de dos siglos.         

Además de la Iglesia Parroquial fueron beneficiados, con la generosidad de Zavala, el templo de San Francisco, La iglesia de San Juan de Dios, y por otro lado, las huérfanas del pueblo de San Luis Potosí mediante un legado de 5,000 pesos de oro.  

Mientras estas cosas sucedían en el pueblo de San Luis Minas del Potosí, los jesuitas escribían con su propia sangre la historia de las misiones que tenían entre los infieles de todo el mundo y al mismo tiempo multiplicaban sus colegios para cultivar y pulir a los niños y jóvenes mediante la ciencia y el arte. El año de 1615 habían venido de San Luis de la Paz a San Luis Potosí los jesuitas a predicar la cuaresma, seis años después, es decir en 1621 regresaron a misionar y fue tanto el provecho espiritual para los potosinos, que los más ricos y  connotados vecinos empezaron a tramitar la fundación de un colegio jesuita, pero ya Juan de Zavala les había tomado la delantera porque dos días antes de morir, el 19 de junio de 1620 dictó su testamento en la ciudad de México, ordenando que se entregaran cincuenta mil pesos una vez que se hubiesen vendido sus haciendas en San Luis Potosí para que aquí se estableciera un colegio de la Compañía de Jesús.

Así que, no obstante que el pueblo aún no cumplía 30 años de haber sido fundado, se hizo realidad la voluntad del donante y el 10 de octubre de 1623 en la ciudad de México entre los albaceas de Juan de Zavala y el provincial Juan Laurencio S.J. dieron cumplimiento a su voluntad firmando la escritura de fundación del Colegio de la Compañía de Jesús en San Luis Potosí. Así fue como se coronó dignamente la vida del rico fundador, poniendo de relieve su amor a sus semejantes.

La institución educadora fundada por los jesuitas en San Luis Potosí tuvo una corta duración, sólo 144 años, debido a que en 1767 el monarca ordenó su forzosa salida del reino español, quedando muy pocos vestigios de su paso por el pueblo de San Luis, Minas del Potosí de la Nueva España. Los numerosos retablos, esculturas, pinturas, esculturas, platería, ornamentos y biblioteca se perdieron para siempre, sin noticia alguna de que hubiera existido un inventario, aunque fuese aproximado, de toda esa riqueza cultural. Dado que la parte superior del colegio fue demolida, sólo queda como testimonio de su existencia la parte inferior que ha sido remodelada  y hoy en día (2005) es el edificio central de la Universidad. Tampoco conocemos el destino que tuvo su mobiliario y las pinturas que debieron ser de gran importancia porque además de obedecer a un plan objetivo de decoración, eran piezas didácticas para la formación de la juventud potosina del siglo XVIII.

 

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