#4 Tiempos

José Ricardo García López. El Maestro.

 

Por Joel Hernández Vázquez

Los homenajes hay que hacerlos a tiempo. En el 2015 intenté formar una semblanza con 35 abogados destacados de San Luis Potosí. Platicar con algunos de ellos fue sensacional, a otros los tuve que perseguir como si de una entrevista con Dalí se tratara. Fueron insufribles; preferí que esos textos nunca vieran la luz. De ellas destaco la que hoy presento, porque aprender de don Ricardo García López es un regalo que la vida me obsequió.

Derivado de la amistad que guardo desde niño con su hijo Alejandro (amigo personal y un abogado extremadamente metódico), fue el Maestro García López quien me sugirió que estudiara derecho. Me explicó que un perfil con intereses literarios y sociales podría prosperar en la abogacía. Tuvo razón.

Comenzaré por decir que don Ricardo es un caballero impecable. Durante sus años en el ejercicio profesional lo vi de traje hasta en fines de semana. Siempre, repito, absolutamente siempre con su esposa, doña María De la Paz Castro Alemán (q.e.p.d). Siempre juntos.

El Maestro, atravesó seis años por el camino del Seminario. De ahí nació la semilla del abogado avezado en filosofía, historia, latín, griego, hebreo y francés. La liturgia no fue para él y suspendió sus estudios como seminarista. Quiso ser médico, pero el destino lo condujo a ser abogado con posterior maestría en derecho e investigación por la UASLP. Al tiempo, funcionario bancario. Esto explica su prestigiada cátedra en sociedades, contratos mercantiles y derecho romano. Además de una decena de libros sobresale: Primer Curso de Derecho Mercantil (Porrúa 2003).

Don Ricardo educó generaciones de abogados por casi treinta años. De sus clases los testimonios sobran. Le gustaba aventar gises a los dormidos. Dice que le faltó firmeza porque no le gustaba regañar. Le recompensa el cariño de los alumnos que lo visitan o le invitan al café: –No me he quedado solo, como otros.

No le gustan las etiquetas de académico o mercantilista. Un abogado teórico, dice él.

Se desempeñó como catedrático de tiempo completo, Director del Archivo Histórico del Estado, Magistrado de lo contencioso electoral y también, Fiscal especial para los delitos electorales. Este último encargo no le agradó mucho: -Se tiene que tratar con políticos muy atrabancados; hasta la oficina me clausuraron alguna vez y pues qué necesidad tiene uno de andar en esas.

El licenciado tuvo la genialidad de rescatar y reeditar del Archivo Histórico “La balanza de Astrea”. Carta de un togado anciano a un hijo recién elevado a la toga. Una lectura deliciosa en la que se explica por qué el juzgador no debe aceptar el menor regalo, ni siquiera visitas a su despacho para agradecerle sentencias favorables; no es ningún favor, hoy te asistía la razón, mañana no. El libro ha sido lectura obligada en maestrías y lo he obsequiado con dedicatorias socarronas a una veintena de funcionarios corruptos.

No tengo palabras que no sean de profunda admiración, aprecio, agradecimiento y cariño. Mi carrera profesional y decisiones de vida no se explican sin él.

Aquí mis pensamientos para usted: MAESTRO.

También recomendamos: Así se homenajeó en la PGJE al agente del MP asesinado el lunes (Galería)

Nota Anterior

The comeback of Govea

Siguiente Nota

Lennon bajo el sol de José Adiak Montoya | Columna de Xalbador García