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Jornada de despedidas | Columna de Emmanuel Gallegos

Gambeta

En la pasada jornada se vivieron tres despedidas en el futbol mexicano, unas más tristes que otras pero todas quedarán en la memoria: el descenso de los Lobos BUAP, el último partido de Cruz Azul en el estadio Azul (próximo a demolerse) y el retiro de las canchas del káiser mexicano Rafael Márquez.

¿ADIÓS LOBOS?

La derrota sufrida por el equipo de la Universidad de Puebla el sábado pasado ante los Rayados del Monterrey puso la última tabla al ataúd de los jugadores lobunos. Un equipo que durante las primeras jornadas del torneo anterior tenía buenos juegos en casa (aunque no fueran televisados sus partidos) suponía que sería un digno rival de primera división, aunque la inconsistencia y los malos resultados los alcanzaron y sentenciaron su terrible futuro.

Los que hasta hace algunas semanas fueran comandados por Rafael Puente Jr. eran gustosos de presentar un tipo de juego ofensivo y con posesión de balón, desafortunadamente para ellos al final no les alcanzó y se terminaron condenando a la categoría de Ascenso. Sin embargo, hoy circuló fuerte el rumor de que posibles inversionistas buscarían apoyar económicamente al equipo para prolongar su permanencia, situación que me parece positiva, ya que aún tengo esperanzas puestas en un equipo que con mucho esfuerzo consiguió probar la gloria, aunque fuera únicamente por un año.

Dentro de mi ser deseaba que se fueran los Tiburones, un equipo que de últimas me pareció más de relleno, con poco aporte a la Liga y con un directivo como Fidel Kuri que más que pintoresco, me parecía detestable y dañino.

HASTA SIEMPRE… SEGUNDA CASA DEL AME

Sin duda uno de los estadios más emblemáticos de la Liga MX es el estadio Azul, casa de los poco aventurados “chemos” del Cruz Azul. Santuario que lamentablemente nunca pudo ver a la Máquina levantar una copa en sus más de 70 años de historia (aunque otros equipos como Atlante sí consiguieran un título cuando era llamado Estadio Azulgrana, y el Cruz Azul apenas se mudara ahí en el 96), convirtiéndolo en el estadio más longevo de la Ciudad de México. Estadio donde la Selección Mexicana obtuvo la mayor goleada en eliminatorias luego de propinarle un 11 a 0 a la selección de San Vicente en el 92.

Recinto que tuvo la fortuna de ser pisada por dos de los mejores jugadores de todos los tiempos: Lionel Messi y Diego Armando Maradona. Recinto que además tuvo la fortuna de albergar el primer partido de NFL en México, en donde los Santos de San Luis enfrentaron a las Águilas de Filadelfia. Sin duda su caída no significará olvido, la GRAN afición fiel de Cruz Azul siempre recordara la que fuera su casa por más de 20 años, y la que muchos americanistas viéramos como nuestra segunda casa. Conectado por un túnel a la Monumental Plaza de Toros México, lo que aún no logro entender, cómo es que no la demuelen también, ya que es el segundo lugar donde más animales iban a sufrir (un pequeño chascarrillo para terminar con broche de oro).


¡GRACIAS, MÁRQUEZ!

Si bien la columna merecería ser dedicada completamente a uno de los mejores jugadores mexicanos de todos los tiempos, debo decir que en lo personal me deja con sabores agridulces su despedida, ya que la esperaba desde hace un par de años atrás. Márquez trató de prolongar su vida futbolística más de lo debido, dejando muy atrás los brillantes años con el Barcelona y con la casaca tricolor. Y no es que sus últimas apariciones logren opacar la tan brillante trayectoria del defensa zamorano, pero sin duda le quedaba poco futbol en los botines y en las piernas, no así en su mente (seguramente). Márquez era un líder silencioso dentro del campo, no te gritaba, no te hacía aspavientos (aunque a veces perdió la cabeza), pero su calidad como defensa, su hermoso golpeo de balón, su timing y su elegancia en el campo lo diferenciaban de los demás defensas mexicanos, incluso muchos que se han puesto la casaca blaugrana. Yo soy un simple mortal, pero tengo una petición para el Capitán, que no permita que se use su nombre como estandarte para ir a la Copa del Mundo (como jugador), que si la idea es llevarlo como estímulo, como un apoyo moral para el cuerpo técnico adelante, que un jugador como él tiene mucha experiencia que dar, fuera del campo, no dentro de él.

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