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#Inseguridad | Narcomensajes, la herramienta del terror

Desde su aparición en 2007, los mensajes que grupos delictivos agregan a sus ejecuciones han servido para infundir el miedo entre los mexicanos

Por El Saxofón

El pasado 15  de agosto, el cuerpo sin vida de un joven de entre 20 y 25 años de edad fue localizado en una vereda cercana al Camino Antiguo a Villa de Pozos. Este homicidio que habría sido uno más de la ola que azota al estado, sobresalió por su coincidencia con la visita del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong quien, contra toda lógica, habló de cifras “alentadoras” en materia de seguridad para San Luis Potosí.

Otro aspecto, que no sobresalió porque también ya es común, pero del cual los medios dejaron constancia, es que el cadáver tenía sobre el pecho un “narcomensaje”, en el que un grupo del crimen organizado originario de Tamaulipas se atribuía el asesinato, y trataba de justificarlo con el argumento de que la víctima era un delincuente.

“Seguimos limpiando la plaza de estas ratas”, escribieron los asesinos en una cartulina verde, con el objetivo de hacer creer a la ciudadanía que ellos hacen el trabajo que las autoridades han dejado de hacer: frenar la delincuencia común.

Sin embargo, no es el primero, ni el único caso, en el que junto a los restos de una persona asesinada, los victimarios dejan un mensaje de esta índole. Y la delincuencia común sigue tan campante. Las violaciones y los robos de todo tipo, a hogares y negocios principalmente, han aumentado casi sin medida, por ejemplo.

No obstante, con la proliferación o atomización de los grupos criminales, quienes pretenden controlar las rutas del tráfico de droga, que es un delito federal y a la par administrar el resto de los delitos del fuero común, dichos grupos han adquirido la necesidad de volverse más visibles y justificar sus acciones.

Lo primero lo han logrado acrecentando la violencia, lo segundo, tratando de explicar, pese a las limitaciones de su sintaxis y sus carencias ortográficas, el motivo de sus crímenes.

Ejecución en Michoacán

Con el incremento de los homicidios cometidos por los grupos del crimen organizado, ha aumentado también el uso de “narcomensajes” que acompañan los cadáveres arrojados en la vía pública, y cuyo objetivo es reivindicar la violencia o la crueldad ejercida sobre las víctimas, y advertir a la sociedad o al gobierno de su presencia y de las actividades delictivas que pretenden llevar a cabo.

El estudio titulado “Un análisis de la evolución del crimen organizado en México a través de los narcomensajes”, realizado por Laura Atuesta del Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE),publicado en 2016, concluye que dejar mensajes escritos en mantas o cartulinas cuando la víctima fue ejecutada de una manera sanguinaria es una estrategia de los grupos criminales para generar “respeto” y “construir una reputación frente a sus rivales y la sociedad en general”.

Aunque la mayoría de los medios de comunicación ya no publican su contenido, de acuerdo con expertos, los narcomensajes siguen siendo una forma a través de la cual el crimen organizado busca justificar su excesiva violencia, infundir pánico entre la población, exhibir su poder, sus proyectos territoriales y de paso calumniar y amenazar al Estado, además de lanzar una advertencia a los grupos contrarios.

En marzo de 2011, medios de todo el país firmaron un acuerdo con el fin de unificar criterios a la hora de informar sobre la violencia que desde hacía cinco años asolaba y seis años después sigue asolando al territorio nacional. El primero de los 10 criterios era “No convertirse en voceros del crimen organizado”, lo cual entre otras cosas implicó dejar de publicar el contenido literal de los narcomensajes, pues de seguir haciéndolo, los medios corrían el riesgo de hacer propaganda a los delincuentes e incluso apología del delito.

Aún así, hay quienes lo siguen haciendo.

Bolsas con restos humanos en Acapulco

De acuerdo con el estudio del CIDE, en el periodo comprendido entre 2007 y 2011, año en que los medios decidieron dejar de publicar el contenido literal de los narcomensajes, la práctica de dejar cartulinas con textos plagados de advertencias, amenazas y faltas de ortografía creció exponencialmente.

En 2006, al inicio de la “guerra contra el narco” se cometieron 55 ejecuciones, en 41 eventos, pero en ninguno de ellos se dejó un mensaje. El cadáver mismo era la advertencia.

Al siguiente año (2007), el número de ejecutados se disparó hasta alcanzar la cifra de 2 mil 595, y se registraron 56 narcomensajes. Para el 2011 la cifra de ejecuciones alcanzó las 12 mil 895 víctimas, y los sicarios dejaron junto a los cadáveres 981 mensajes.

“De 2007 a 2008 el número de mensajes aumentó en 402 por ciento. De 2010 a 2011, aumentó en 80 por ciento y 75 por ciento, respectivamente, conforme al año anterior. De 2010 a 2011, la cifra también aumentó, pero solo en 7 por ciento, pasó de 889 a 981 narcomensajes”, según el estudio del CIDE.

“Los primeros narcomensajes fueron observados en marzo de 2007, en Quintana Roo y Nuevo León, estado donde se encontraron dos mensajes. Estos mensajes fueron dirigidos a funcionarios públicos (al procurador de justicia y un funcionario público que supuestamente estaba protegido por el Cártel de Sinaloa).

“Un mes más tarde, se encontraron también mensajes en Tabasco, Nuevo León y Guerrero. Desde entonces, se han extendido a 25 de los 32 estados del país.

“Los cinco estados con el mayor número de narcomensajes encontrados son Guerrero (429), Sinaloa (285), Chihuahua (272), Estado de México (259) y Michoacán (186).

Ejecución en Veracruz

El mismo estudio señala que algunas fuentes sostienen que “el primer narcomensaje documentado por la prensa fue encontrado en el estado de Guerrero el 20 de abril de 2006, cuando dos policías fueron asesinados y decapitados. Sin embargo, el término narcomensaje no fue utilizado sino hasta que esta táctica se volvió recurrente”.

Refiere que “no hay una explicación clara para este fenómeno, aunque se pueden aventurar algunas hipótesis: ya sea porque la competencia entre los cárteles aumentó y esto es una manera de asegurarse de que la sociedad, el gobierno y otros grupos reconozcan su presencia en un territorio específico; porque quieran intimidar y asustar a la sociedad; o porque se convirtió en una “tendencia” a seguir, algo así como una práctica de moda.

El estudio clasifica los mensajes en 5 categorías dependiendo de su contenido: si eran dirigidos al gobierno, a otros grupos, a informantes, si fueron dejados para justificar la ejecución (mensajes justicieros), o si estaban relacionados con el tráfico de droga o el control territorial”.

“La mayor parte de los mensajes encontrados junto a los cuerpos ejecutados son sobre rivalidad entre cárteles (44 por ciento), seguido por mensajes justicieros (22 por ciento). Los mensajes dirigidos al gobierno solo representan el 10 por ciento durante los cinco años analizados, al igual que los mensajes relacionados con las drogas o el control territorial. La mayoría de los mensajes incluidos en esta última categoría están relacionados con el asesinato de un “chapulín”, es decir un narcomenudista que era parte de una organización rival.

En el caso de los Mensajes dirigidos al gobierno (cualquier autoridad gubernamental incluyendo militares, marinos, oficiales de policía, etcétera), esta categoría incluye los siguientes tipos de mensajes:

– Mensajes dirigidos específicamente para el gobierno o agencias gubernamentales.

– Cuando las víctimas fueron funcionarios o autoridades públicas.

– Cuando las víctimas fueron simpatizantes o informantes del gobierno.

– Cuando las víctimas fueron miembros de otros cárteles usando vestimentas de soldados o policías.

– Mensajes que amenazan con matar a los funcionarios públicos si las autoridades deciden censurar el mensaje.

Mensajes contra los informantes: éstos hacen referencia a los informantes como “dedos” o “ratas” (usualmente a aquéllos referidos como “dedos” les cortan el dedo índice, el que se utiliza para señalar algo o alguien).

Mensajes justicieros: cualquier tipo de mensaje que intenta imponer determinados valores a la sociedad. Estos mensajes tratan de justificar el asesinato; tachan y culpan a la persona ejecutada de ser un ladrón, secuestrador, vendedor de drogas en escuelas, violador o de matar mujeres, entre otros.

De acuerdo con analistas, el “ser justiciero” es la manera más directa en la que los mensajes de grupos criminales podrían influir en la opinión pública. En ellos, los cárteles se posicionan a sí mismos como grupos protectores que velan por la sociedad y eliminan a los criminales que dañan a la población.

Rivalidad entre cárteles, mensajes de odio: transmitidos únicamente por ser miembro de un cártel rival o por apoyar a alguno de sus enemigos. La mayoría de estos mensajes se dirigen a un grupo específico y están firmados.

Drogas o control territorial: en éstos se ven involucrados “chapulines” –traficantes locales de drogas– que, por lo general, trabajan para una organización rival.

Ejecución y narcomensaje localizados en SLP

San Luis Potosí

En el caso particular de San Luis Potosí, según el estudio, el primer narcomensaje se registró en 2007. Para el 2008, San Luis se ubicó entre las entidades que registraron entre 3 y 10 narcomensajes; en 2009, entre 0 y 5; en 2010 entre 0 y 10, y en 2011 entre 0 y 15.

El estudio concluye que “Es claro cómo la intensidad de las actividades de los grupos (medido por el número de mensajes) está altamente correlacionada con el nivel de violencia en la mayoría de los estados”.

“Para todo el país, la correlación entre el número de mensajes y el número de ejecuciones es 0.7946; estas correlaciones son mayores para los estados con mayor nivel de violencia, por ejemplo, en el estado de Guerrero, donde la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aumentó de 9.98 a 51.43 de 2006 a 2010, la correlación entre las ejecuciones y los mensajes es 0.9844”, en el periodo referido (2007-2011).

La correlación más alta se encuentra en el estado de Guanajuato con 0.9867. Para San Luis Potosí, dicha correlación es de 0.8621, superior a la nacional.

Cabe señalar que el estudio del CIDE analizó más de 2 mil mensajes dejados junto a cadáveres entre 2007 y 2011, pero no se ocupó de las narcomantas, o los narcovideos, otros instrumentos que hacen parte de la estrategia de propaganda de los grupos criminales.

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