Ilusiones. Columna de Jorge Chessal Palau

20:02 11-octubre-2016
Ilusiones. Columna de Jorge Chessal Palau

TRÍO DE CUERDAS.

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Hay momentos en que la percepción nos juega malas pasadas; pensamos que nada ocurre, cuando todo está pasando. Con esta mención nos recibe Talía, musa de la comedia, hoy que regresamos a nuestra charla semanal con las tres cuerdas, es decir, con las que, en trío, algo intentan para despertar, compartir, transmitir o sepultar inquietudes y reflexiones.

Siempre vienen tres musas a la cita, abordando los temas más disímbolos desde sus particulares perspectivas. Sin embargo, en este intermedio han extendido su lista de amistades y decidieron que, en esta nueva etapa, se sumen a sus intervenciones algunas voces, si bien un tanto siniestras, para completar la tertulia.

No se extrañe, lector, si arpías, moiras, grayas, erinias, gorgonas o sirenas nos acompañan de vez en cuando para aportar su grano de sal, al lado de nuestras musas, opinando, proponiendo y discutiendo.

Como hoy, que Melpómene, musa trágica, nos recuerda la leyenda de Narciso, aquel individuo de notable atractivo físico que rechazaba a cuanta mujer le hablaba de amor. Como castigo a su soberbia, la diosa Némesis lo hizo enamorarse de su imagen proyectada en la superficie de un estanque, al grado que, tanto fue su pasión por el reflejo, que termino arrojándose al agua para tratar de atraparlo.

Eso sucede, sentencia Urania, la docta y sabia, cuando la realidad se nos distorsiona y alucinamos, creando falsas imágenes y percepciones. El caso de Narciso es el ejemplo de cómo el espejismo puede llevarnos a lugares sin retorno.

¿Habrá en Palacio Nacional una ventana o un balcón que tenga los mismos efectos que el estanque del relato?

Porque, nos queda claro, hay dos Méxicos paralelos: uno de progreso, unión y bienestar y el otro, real. ¿Cuál es el que se vislumbra desde lo alto del Poder?

Aporta alguna idea Dino, graya anciana que comparte con sus hermanas un diente y un solo ojo que se turnan, relacionada con eso que llamamos “temor” y que es antesala de la presencia de la segunda, Enio, llamada “horror” y Pefredo, conocida como “alarma”.

La vieja, en uso del ojo único, dice que lo que ella ve, en nada se parece a la visión de los que deciden y mandan, tal vez porque, en la ilusión, ni una cosa ni la otra.

En el México real hay pobreza, muerte, delincuencia, desazón y una larga lista de entuertos que ningún quijote anda por ahí dispuesto de enderezar. Es campo fértil para que Dino, Enio y Pefredo, circulen libremente. Vamos, que se han mudado de residencia para acá.

No les importa el discurso oficial. Lo que ven con solo un ojo es mucho más de lo que cientos ven desde la ceguera del Poder.

Cerramos esta columna con una recomendación de Urania, que, a una sola voz con Melpómene, sugieren cerrar las ventanas de Palacio Nacional, pues no vaya ser que, cautivados por el paraíso que desde ahí se ve, se lancen algunos al vacío y se lleven un chasco.

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