#4 TiemposCampo expandido

Homo Box Machina | Columna de José Antonio Motilla

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Ensayo escenotécnico sobre el placer: una lectura

 

Homo Box Machina. Ensayo escenotécnico sobre el placer, es un proyecto de Daniel Primo y Caín Coronado, coproducido por El Rinoceronte Enamorado y Engranaje Invertebrado. Nos ofrecen un montaje fuera de lo común, en donde los actores desempeñan un papel secundario al cederle el lugar al escenario y a los técnicos, son aquellos que por lo regular pasan inadvertidos, pero de quienes dependen las producciones teatrales.

La obra posee un fuerte discurso visual, el cual nos lleva por diferentes espacios, atmósferas que definitivamente suponen una gran experiencia estética. Es precisamente la dimensión sensitiva la que juega un papel de primer orden. El espectador es llevado por un recorrido que por supuesto se puede leer de diferentes perspectivas. En este sentido, considero que la pieza se construye desde los orígenes de la humanidad al hablar de lo simbólico, con un par de elementos de carácter totémico. Un segundo momento, de transición, sirve de puente para un tercer apartado, en el cual se ofrece un recorrido por la historia del arte, de carácter lineal, como lo fue hasta el arte moderno, a través de imágenes representativas de diferentes etapas o corrientes artísticas; el trepidante paso de estas imágenes, proyectadas o mejor dicho “mapeadas” con precisión sobre unos paneles suspendidos en el escenario, se interrumpe con la aparición de una caja blanca, que rompe con la linealidad anteriormente referida y nos lleva a una atmósfera de carácter tridimensional con la que el estímulo visual acumulado hasta el momento, detona y se transforma en una lectura ya no meramente pasiva como es la contemplación de imágenes de obras icónicas del arte occidental, sino que permite al espectador dimensionar y reflexionar sobre el tipo de imágenes experimentadas y tratar de asimilar la experiencia estética por la que hasta ese momento atraviesa.

En seguida, se despliegan una serie de paneles con formas circulares en los que se proyectan formaciones neuronales, con los que se reflexiona sobre la cuestión emocional detonada por la dopamina; esta sección es acompañada de una serie de imágenes trepidantes que ofrecen un notable estímulo sensorial que llevan al espectador a estar totalmente inmerso en la obra. Después, de manera intempestiva llega la oscuridad y con ella una sensación de relajamiento, la cual puede ser leída como un cambio o transición hacia una siguiente etapa, en la que nos ofrecen la proyección cada vez más rápida y violenta, de fragmentos de video extraídos de redes sociales, que nos presentan desde episodios chuscos, hasta imágenes crudas de ejecuciones y demás episodios impactantes. Es precisamente en este momento, en que cabe preguntarse cómo el bombardeo continuo de este tipo de contenidos nos ha llevado a normalizar la violencia y a vivir en una época en la que estamos saturados por este tipo de contenidos.

En un siguiente momento, la obra recurre a una serie de paneles cuadrados y rectangulares en los que continúa la proyección de imágenes en su mayoría procedentes de redes sociales, en las que queda de manifiesto algunas características inherentes a nuestra sociedad contemporánea, tal como las prácticas de hiperconsumo, la cuestión de la obligatoriedad de “vivir la vida como mercancía” y del “triunfo del ego sobre el eros”. Finalmente, los “técnicos” responsables de la producción, nos ofrecen una reflexión sobre lo conceptual, lo contemporáneo y lo posmoderno; es en este momento en que creo que el discurso de la puesta en escena pierde un poco de contundencia, al recurrir a la explicación de ciertos elementos que bien pudieron haber sido omitidos.

Los aciertos del montaje son la gran calidad audiovisual, el potente discurso y la posibilidad que da al espectador, como es de esperarse de toda producción artística que aspire a ser considerada como tal, de descolocarse de la realidad y plantearse una reflexión sobre sí mismo.

De nuevo, El Rinoceronte Enamorado demuestra la capacidad y los alcances que el trabajo artístico desde la autogestión puede tener, que si bien mantiene vínculos con las instituciones y se beneficia de programas de estímulos a la creación, es hoy en día uno de los pocos proyectos artísticos que se puede jactar de ser independiente y demostrar su alta calidad artística. Afortunadamente es una compañía que no duda o menosprecia la capacidad de su público, como regularmente sucede en el campo de lo audiovisual.

En conclusión y sin temor a equivocarme, Homo Box Machina del Rinoceronte Enamorado, es la producción artística más interesante, con mayor propuesta, contundencia, y discurso mejor logrado, que se ha presentado en San Luis Potosí por lo menos en lo que va del 2018.

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