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Historias de La Joya, más allá de Rubí

EN LA JOYA FALTAN MUCHAS COSAS, PERO SOMOS MUY VERGÜENZOSOS

Por: Luis Moreno Flores

El domingo 11 de diciembre desperté tarde, eran las diez veinte de la mañana, encendí mi teléfono y corroboré que estaba por iniciar el partido de entre el Bayern Leverkusen y el Shalke 04, lo sintonicé en ESPN; los comentaristas hablan del tema que más ha trascendido durante este mes: la fiesta de 15 años de Rubí Ibarra García. Esta situación me hubiera pasado desapercibida a no ser porque horas antes (el sábado) estuve en La Joya, la pequeña comunidad con menos de 150 habitantes en Villa de Guadalupe, de donde es originaria no solo esta chica sino toda su estirpe.

La Joya se encuentra sobre un pequeño tramo de carretera que se recorre en menos de cinco minutos, lo que la vuelve casi imperceptible. Ahí vi a más perros, gatos y chivas que personas, la mayor cantidad de ambos, humanos y animales, se concentra en la casa de Rubí, pues al frente se encontraban agazapados curiosos cargados con cámaras y trasladados por vehículos con placas de San Luis Potosí, Ciudad de México, Sinaloa….

La Joya tiene una extensión aproximada de 93 mil metros cuadrados, lo que, si se comparara con el Centro Histórico
de San Luis Potosí, utilizaría apenas algunas cuadras, desde la calle Independencia, a la altura de Julián de los Reyes, hasta el jardín de San Francisco, al sur y hasta la calle de Morelos, al oriente.
Mientras explorábamos los alrededores conocimos a una pareja de esposos propietarios de una de las dos tiendas de abarrotes que existen en la comunidad y de un pequeño corral de chivas. Con curiosidad y amabilidad, nos preguntaron sobre nuestro origen y el esposo se ofreció a llevarnos hasta el sitio donde originalmente se planeaba la fiesta, que ahora, ante la magnitud del evento, ha tenido que ser cambiado a un terreno mucho más grande que en breve será limpiado por maquinaria del gobierno estatal.
Ramiro es un modelo del ciudadano de una pequeña comunidad: afable, platicador; procreó cinco hijos, tres hombres que aún permanecen en la casa paterna y dos hijas que se mudaron a Monterrey y El Llano. Tiene 64 años, pero de ninguna forma su rostro aparenta esa edad, es delgado, sólido y curtido en el trabajo del campo.
“Ustedes están jóvenes de a tiro se pueden venir a bailar con unas muchachonas, pero yo ya no más puedo con alguna viejita”, comentó Ramiro sobre la fiesta para luego detallar los planes que tiene para ese lunes: “Me voy a ir en la mañana con las chivillas y ya más tarde pues sí me voy a dar una vuelta”.
Aunque la de Rubí no tendrá parangón, no será la primera celebración a gran escala que su familia ha ofrecido, según Ramiro hubo una ocasión en la tocó que La Banda Jerez, -vino gente de Jarrillas, El Pozo y Solís, que son pueblillos más grandes como de 500 o 1000 personas, pero ahora dicen que van a venir hasta de Francia-.

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Mientras avanzamos por el estrecho camino tapizado de piedras y tierra y bordeado por nopales y algunas rejas usadas para dividir las casa de adobe, Ramiro hizo una pregunta insólita: ¿San Luis está grande? ¿Es más grande que Saltillo? Nos cuestiona sobre sus dimensiones físicas y nos pide decirle su tamaño con base en los cerros que la vista alcanza a recorrer. Aquí los referentes deben ser tangibles.

La fiesta estaba planeada para realizarse en un claro del tamaño de dos campos de futbol, al cual le llaman la presa, debido a que se utiliza como un bordo para acumular agua. En la orilla, bajo la sombra de unos árboles, hay algunos columpios y bancas en las que nos sentamos para seguir conversando, ahí el clima es mucho más fresco, el suelo de tierra se sustituye por pastura casi pareja. El desierto cesa por un instante.

La presa, actualmente seca, en la que ahora se haría la comida, abarca apenas una cuarta parte de la Alameda Juan Sarabia.
Es evidente que los habitantes de La Joya, salvo la familia de Rubí, no alcanzan a dimensionar las proporciones del fenómeno en que se ha convertido su pueblo. A Ramiro incluso le parece demasiado el rumor de que llegarán 50 camiones, se sorprende cuando le explicamos que más de un millón y medio de personas han amenazado con ir.
Pese a que no vislumbra los alcances, Ramiro tampoco se mantiene ajeno a los riesgos que parecen amenazar a su pueblo:
 
“Aquí en La Joya nunca hay robos; es más, cuando se hace un baile no se ven peleas porque todos nos conocemos, ahora diario han estado viniendo muchas personas de todos lados, como todo debe haber unos buenos y otros malos, el día de la fiesta va haber mucha seguridad, así que ojalá no haya ningún problema”.

Dentro de La Joya es fácil identificar una franja de división social: al pie de la carretera hay una serie de casas construidas en terrenos de mayor tamaño y con mejores materiales, mientras que hacia abajo la situación se transforma:

“Todas esas casas son de los Ibarra, han hecho su lanita con la compra-venta de ganado, mueven hartas chivas, son ganaderos grandes, aparte tienen gente allá del otro lado (Estados Unidos), que han ayudado a construir unas casitas con más vista”.

A espaldas de donde nos acomodamos se encuentra una escuela y una casita de salud que junto con un tinaco Rotoplás que abastece a todas las casas y varios postes de luz eléctrica parecen palear la mayoría de las necesidades de una comunidad tan pequeña:

“Aquí tenemos muchas necesidades, casi no hay luz, en las casas todos tenemos, pero en la calle está muy obscuro; tampoco tenemos señal de teléfono, para hablar hay que ir al cerro a subirse sobre una piedra muy grande, ahí sí agarra muy bien; pero lo principal es que casi no hay trabajo, casi todos tenemos chivas pero eso deja unos 100 pesos diarios que no alcanza para nada. ¿Usted cree que el gobernador nos va a ayudar? A lo mejor ni viene porque creo que no lo invitaron, pero aparte uno es muy vergüenzoso para hablar, pero sí se necesitan muchas cosas”.

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Además de lo detectado por nuestro anfitrión, al centro de salud le hacen falta medicamentos, material y visitas de profesionales que asesoren a su encargada. La escuela solo atiende a niños de kínder y primaria, incluso Rubí debe trasladarse todos los días a la cabecera municipal para cursar la preparatoria.

Los murmullos entre reales y falsos recorren La Joya, Ramiro ha escuchado que la fiesta durará tres días, que en lugar diez mil pesos el premio de la carrera será un automóvil y que habrá resguardo del Ejército.

Ramiro y su esposa buscarán beneficiarse de esta coyuntura y planean vender algo de comida para el 26 de diciembre: “mi yerno de Monterrey va a venir a ver que se trae, ese es muy bueno para cocinar, casi es chef”.

“LA ATENCIÓN NO HA SIDO DEL TODO AGRADABLE”

Por: Édgar Yamil Zúñiga

Giovani Ibarra García es el hermano de la joven Rubí. Trabaja en Houston, Texas y regresó a su pueblo para la celebración de XV años de su hermana.  Giovani dice que la fuerza mediática que ha alcanzado esta celebración ha impactado de diversas formas, tanto en su familia como para su comunidad.

“Para mi familia no ha sido del todo agradable tanta atención que se ha dado, hemos tenido situaciones con algunos medios donde sentimos que nos faltan el respeto, llegan a nuestra casa y no nos piden permiso de poder entrevistar o sacar algún tipo de imagen y pues eso incomoda”.
Menciona que su hermana ha estado un poco triste por la situación, ya que ha tenido que modificar algunas de sus actividades para evitar exponerse a la prensa.

Giovani dice que esperan una asistencia de entre 20 y 30 mil personas y que tanto su familia como los pobladores de La Joya están preparados para toda la gente que llegará. “Hemos cambiado muchos planes pero los principales es la pista donde será el baile y el lugar donde se dará la cena”.

Giovani dice que se han acercado algunos funcionarios para ofrecer su apoyo para la fiesta y que su padre es quien ha estado dialogando con ellos, “hoy se suponía que iba a venir un diputado, hubo mucha policía y soldados, pero al final resultó que no pudo y pues se retiraron todos”.

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Para la fiesta de XV años se talarán árboles para hacer una explanada nueva, donde puedan permanecer todos los habitantes durante el baile, este espacio estará ubicado junto al estanque donde los animales van a beber agua. Esta obra se va a realizar con el apoyo del ayuntamiento de Matehuala.

Giovani resaltó que quien desee llegar a los XV años de Rubí es bienvenido, aunque terminó nuestra conversación con un consejo: “Les sugiero que se vengan temprano para que alcancen lugar”.

CUIDAR LA SALUD DE UN PUEBLO POR 525 PESOS AL MES

Por: Roberto Rocha

La casita de salud de La Joya es atendida por Aurelia Aguilera, una mujer de 80 años de edad que se ha dedicado a solucionar los problemas médicos de la comunidad desde hace 35 años.
Aurelia adquirió sus conocimientos de medicina por necesidad, pues en La Joya “no existía auxilio de nada. Vine a dar aquí, a esta comunidad. Cuando había mujeres embarazadas iban a otra parte, a Solís o a Rancho Grande, a buscar una partera”.

“Entonces las gentes me agarraron confianza a mí, cuando estaba la enferma, la embarazada, me decían, ‘vente aquí con mi esposa mientras que yo voy a traer la partera a Solís o a Rancho Alegre’. Pero se iban en un burro o iban a pie, regresaban y ya había nacido el niño, y yo pues no lo iba a dejar morir. A como diera lugar lo sacaba y así empecé”.

En principio, Aurelia atendía en la comunidad sin tener un espacio adecuado para ello, pues la casita de salud fue construida alrededor de 2012. Sin embargo, esa edificación atraviesa hoy su momento más complicado, debido al abandono de las autoridades.

“Aquí venía una enfermera, un dentista y un doctor y así duró muchos años. Ellos venían cada mes pero yo aquí estaba todos los días, así fue como me quedé yo aquí. Ya este año ya no vinieron, a partir de este año ya no viene doctor, porque ese lo pagaba el municipio (de Villa de Guadalupe). Los presidentes desde hace dos o tres periodos fueron bajando, porque se fueron desobligando. Y el de ahora está así, desobligado de a tiro. Se desviaron de a tiro”. El presidente municipal de Villa de Guadalupe es Raúl Castillo Mendoza, del PRI.

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“Ahorita no tenemos nada de medicamentos. Ahorita nomás porque no nos mandan, tiene todo el año. Solo tengo sulfato ferroso, el ácido fólico, paracetamol”, explicó la señora Aurelia Aguilera.

En La Joya viven 143 personas, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 del Inegi. De la población de La Joya 67 son hombres y 76 mujeres.

Existen 41 viviendas, 35 de ellas habitadas. 52 de los habitantes de La Joya tienen entre 0 y 14 años; 79 entre 15 y 65 años y doce tienen 65 años o más.

Pese a la responsabilidad de atender la salud de esa población, el sueldo que la Secretaría de Salud estatal paga a Aurelia es de solo 525 pesos mensuales.

El premio de la “chiva de 10 mil pesos”, la carrera de caballos que organizará la familia de Rubí Ibarra con motivo de sus XV años, alcanzaría para pagar 19 meses de trabajo de la señora Aurelia Aguilera en la casa de salud de La Joya.

Más aún, el sueldo de la secretaria de Salud estatal, Mónica Liliana Rangel, de 222 mil pesos mensuales, alcanzaría a pagar 422.85 meses de trabajo de Aurelia Aguilera. Eso representa los 35 años que Aurelia ha dedicado a ser auxiliar en la casita de salud de La Joya.

Sin embargo, Aurelia no siempre ha recibido un pago por su trabajo: “Yo duré muchos años que no me daban nada. Yo aquí estaba como voluntaria. Ahora después nos daban 500 pesos por mes y ahora hace poquito ya nos aumentaron un 5 por ciento más, pero así duré muchos años sin nada. Yo trabajaba de gratis y tenía el medicamento en mi casa, pero entonces sí tenía bastante medicamento”.

Aurelia explicó que ella, junto con una de las enfermeras que visitaban La Joya “hicimos un esfuerzo por ir a pedir, a exigir que nos dieran algo y sí nos empezaron a surtir medicamento, pero aquí la gente no quería aportar nada, ellos querían que les cayera de los santos cielos todo. Entonces hicimos los gastos personalmente y tuvimos suerte que alcanzamos medicina y también nos regalaban mucha medicina, nos traían”.

En La Joya, según explica Aurelia, las enfermedades que más se presentan son gripa y tos, aunque también se han presentado casos de tuberculosis o diarreas agudas que son contraídos en algún otro lugar. Además, existió un caso de Sida que Aurelia detectó: “En las pláticas que nos daban salían esos temas. El muchacho empezó con mucha diarrea, vómito, temperatura. Entonces el muchacho vino a dar aquí y eso era lo que notaba (que tenía Sida), porque venía conmigo a que les diera medicamento. Pero la mamá me decía que tenía mucha diarrea y vómito, pero cuando yo lo fui a ver, estaba amarillo. Y pues se le quitaba la  diarrea, y pasaban unos días y volvía igual con la diarrea y vómito, después ya no se le quitaba, las temperaturas le aumentaban y le aumentaban. Él iba y venía a Nuevo Laredo, pero cuando ya no lo quisieron internar en los hospitales, entonces sí se vino para acá, pero ya no tenía remedio, murió aquí. Me mandaban desde Charcas las bolsitas selladas, porque cuando estaba aquí lo inyectaba yo, pero el material que usaba lo tenía que echar a la bolsita y sellarla”.

En La Joya también se han presentado casos de cáncer, “aquí muchas familias han sufrido, pues varias personas se han muerto por eso, como que ya es hereditario”, explicó Aurelia.

Pero después de tantos años de trabajo en la salud de La Joya, con 80 años de edad, Aurelia quiere dejar el puesto: “Aquí estoy todavía, pero ya les quiero dejar el cargo porque ya no quiero batallar. Ya tengo muchos años y les digo que otra se ponga, otra que esté más joven y más fuerte todavía. Yo ya les ayudé mucho tiempo”.

“A veces estoy trabajando y se me olvidan las cosas. Abro todos los días en la tarde, a veces no vengo porque estoy ocupada en otra cosa, pero si me van a hablar allá, vengo. Estoy dispuesta, a la hora que me hablen vengo”.

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