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Héroes ignorados | Columna de Xalbador García

Vientre de cabra

Este texto apareció vientredecabra.wordpress.com

Existen trabajos cuyo valor sería apreciado por las masas si no fuera porque son realmente inútiles. Se trata de labores donde una máquina pensada para funcionar automáticamente es ayudada por un humano, por lo cual máquina y humano repiten la misma función o, en casos alternos, las acciones están enfocadas a no realizar acción alguna con lo que se pone en jaque el concepto capitalista de “trabajo”.

Cada que voy a una sucursal de esa cadena gringa de accesorios para casa, donde cada pasillo te recuerda lo imbécil que eres para trabajos manuales y que nunca has aprendido a usar la caja de herramientas que te ganaste al momento de abrir tu cuenta bancaria, hay un hombre revisando el ticket de compra para poder salir de la tienda. Una cinta canela, ajá… unas cuerdas para maniatar muñecas, ajá… dos litros de formol, ajá… combustible líquido para deshacer cualquier rastro en escenas del crimen, ajá… va subrayando los objetos leídos en el papel sin revisar lo que llevas. Al final, te dice: “gracias por su compra” y te deja ir.

La operación se repite en los supermercados, sobre todo en las compañías gringas, en las que a los mexicanos nos ven como unos rateros sin importar que el carrito esté repleto de los productos de pésima calidad que ofrecen. Llegas a la puerta y un hombre te pide la nota. Ve las cientos de bolsas que sólo dan en esa tienda y aun así se pone a inspeccionar con detenimiento la despensa, porque seguramente con los más de mil pesos que compraste, y que están registrados en el ticket, te has robado una goma de dos pesos imposible de rastrear a simple vista. Tras la revisión que no arrojó delito alguno, te regresa el papelito y te despide con una sonrisa.

De la misma naturaleza emprendedora son los hombres o mujeres o jóvenes que están a un lado de las máquinas boleteras de los estacionamientos. Llegas, ellos aprietan el botón de la máquina y te dan el boleto. Lo mismo sucede al salir. Si el ticket no es prepagado o, aunque lo sea, siempre hay algún individuo aguantando las inclemencias del tiempo al lado de la máquina despachadora. Te recibe el boleto, lo introduce en ésta y como si se tratara de una magia se levanta la cuchilla de seguridad que comúnmente es un pedazo de tubo pvc recortado.

Un caso similar se da en las centrales de autobuses, donde una mujer está sentada en una silla periquera frente al tragamonedas que da el paso para entrar a los sanitarios. El trabajo suele dividirse en dos procesos. El primero exige darle el dinero a la responsable y ella es quien introduce las monedas a la máquina y en los casos requeridos te devuelve el cambio (“feria”, para los potosinos que me leen). En el segundo, le das el dinero a las responsable que tiene una bolsa llena de pesos, te regresa la misma cantidad pero en moneda fraccionaria y tú tienes que introducir el dinero a la máquina. Al final, la mujer te recuerda: “no olvide su cambio”.

Las cajas en los oxxos que no cobran y sólo sirven para que te indiquen que en la otra caja te atienden, los individuos de los baños públicos que te ofrecen papel para secarte las manos y venden dulces en esos espacios sin registro de bacterias; los publicistas de los políticos y los diputados plurinominales son labores tan destacadas como estériles en nuestra sociedad.

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