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Héctor Domínguez, ocaso prematuro de un artista sol | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Enred@rte

 

Ya sabes que lo sabemos.

El sábado 29 de abril, de impasse vacacional, en mitad de ritos religiosos y recreo, nos espetó la noticia de tu muerte juvenil, criminal. Más porque se trata de un artista en plenitud, pese a tu relativa juventud de 27 años.

Me duelo al doble por conocer tu obra versátil y fértil cuando ya te has ido. Te veo en tu obra creativa, representando a los tuyos, involucrado con el arte más allá del acomodo decorativo o concursado fácil. Proyectas usos y costumbres huastecos como pocos pintores de tu matria* o patria chica lo han conseguido.

Sin eludir el tema étnico, e incluso el lugar común, trascendiste el folklorismo donde se encasilló (folk for export) a varios de los escasos pintores de la huasteca potosina conocidos más allá de su entorno.

Bienvenidos etnicidad y sitios machacados si, como es tu caso, es para reinventar su lectura en narrativas visuales singulares inundadas de color en tonos de fiesta.

Veo en tus murales, no sólo una narrativa, sino un derroche de color sobrepuesto a la tristeza y melancolía como de manera constante se proyectó en el arte y escasos muros a los pueblos tének, su hábitat, flora y fauna.

Te vas temprano, pero estás en la indudable trascendencia de tus aportes pictórico narrativos e incursión en lo conceptual.

Me conmueve verte tan cercano a los niños

Gran intuición la tuya para transmitirles la grandeza de tu arte temprano

No ensuciado de oficialidad y sí impregnado de pueblo,

De representatividad genuina.

Anhelo que de entre ellos, los infantes talleristas junto a ti

surjan otros continuadores de tu obra plena de frescura,

experimentación y fertilidad/creativa versátiles.

Lloro porque te vas tan temprano

Tu creatividad es grande en un horizonte, el potosino de la capital,

tan pequeño para la promoción del arte

Empero, estoy seguro de la trascendencia ya alcanzada por tu creatividad

Acrecentable, oh ironía, tras muerte tan injusta, tan temprana y alevosa

Lo huasteco/mestizo se alza con fueros propios

Ya eres parte de ello

Con tu lema, hoy epitafio prematuro

“El mundo necesita más amor y más color”

*El historiador visionario, Luis González González, con su “Pueblo en vilo” (historia matria de su pueblo natal San José de Gracia en el estado de Michoacán), acuñó en esta obra genuina e inaugural de la microhistoria mexicana, el término “matria”, para referirse a la historia desde lo particular/pequeño, local; alejado de los lugares comunes/rígidos del altar patrio, masuculinizado, epicéntrico, y hasta segregante de minorías por preferencias, etnia o credo. La historia matria es más viva y cercana, móvil y contraria, vale insistirlo, a momificaciones  destinadas a ir a parar a la solemnidad grandilocuente de lo patrio autoritario, oficializado.

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