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Hasta luego, Santiago | Columna de Adrián Ibelles

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Pasaron los meses más duros. Al final, Santiago puede irse a casa, relajarse un momento y esperar a que el teléfono suene. Las oportunidades no deberán tardar. Sería un error culparle de la debacle merengue; ese barco ya estaba a medio hundir.

Santiago Solari (42 años) llegó al primer equipo en octubre, ante la emergencia y la controversia. Julén Lopetegui fue despedido tras un desequilibrio en el vestidor y tangible cada semana en los medios. Así, Real Madrid, huérfano y sin identidad buscaba en Solari un reemplazo parcial, con miras en otros entrenadores más experimentados, pero también más ocupados. Al final, Florentino no trajo a nadie, en lo que suponemos, fue más un fallo de negociaciones que un voto de confianza para el argentino.

Solari debutó  como entrenador en Copa, el 31 de octubre de 2018, con un marcador de 0 a 4 favoreciéndole. Su primera derrota, 4 partidos después, fue contra el Eibar en la jornada 13 de La Liga, por 3 a 0. También cayó en fase de grupos de la Champions ante el CSKA Moscow con mismo marcador, y luego ante la Real Sociedad, en la jornada 18 de la liga española.

Pero fueron sus derrotas en Champions ante el Ajax, y en Copa ante el Barcelona (que ya le llevan gran ventaja en la competencia doméstica), que el umbral de tolerancia de Florentino y de los jugadores, se cuarteó. Basta con ver la actitud nefasta de un capitán que se hace amonestar, de un delantero que rechaza a sus compañeros en una celebración, y de jugadores que declaran sin miedo a represalias que no son afines al entrenador.

Solari no estuvo a la altura para un desafío tan bravo; eran demasiados los cismas y muy pesados los egos. De pronto el rival se vestía, entrenaba, y cobraba en el mismo Bernabéu. La falta de personalidad y protagonismo de un héroe que nunca lo fue. El 10 de marzo, a menos de seis meses de su arribo, Santiago se despidió con una victoria ante el Real Valladolid.

La marca que deja Santiago Solari (22-2-8) es suficiente para asegurarle un empleo más a su medida. Un equipo puntero en alguna liga europea de calibre pero no de demanda. Un aspirante a la Europa League, a torneos asequibles. Una preparación más adecuada para un talento en formación, que se acomode con capitanes obedientes y estrellas aterrizadas. Nada del desbarajuste que le pidieron arreglara en Madrid.

Adiós a Solari. Adiós a la tibieza y al peor año futbolístico de un grupo descolorido y desorientado. Regresa el gobernante, a relucir el liderazgo y a apagar un incendio que ni Julén ni Santiago prendieron, pero que al final los consumió. Suerte con lo que venga y gracias por sus servicios. El teléfono no tardará en sonar.


@Adrian_Ibelles

 

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