Hasta aquí llegamos. Columna de El Mojado.

11:37 17-mayo-2016
Hasta aquí llegamos. Columna de El Mojado.

RUDEZA NECESARIA.

CONEJO BENITEZ

¿Dónde está el límite para la decepción, para la frustración, para las añoranzas de un pasado que no vi, pero que conozco?

Creo que no hay y eso es más peligroso. No hay y por tanto termino soportando el dolor de siempre, el de cada seis meses, al que ya debería de estar acostumbrado.

Pero ya no Cruz Azul, se han burlado tanto de mi, ustedes y los demás, que yo mejor me bajo aquí.

Ya no puedo seguir ilusionándome cada vez que te veo apenas superior que tu mediocre promedio de los últimos 35 años, ya no porque así me he acostumbrado desde hace 20 años que me decidí a amarte.

Ya no quiero ser la burla de mis amigos, ni que me digan que nunca más te veré campeón.

Ya no quiero sentir envidia de los campeones de cada seis meses, de sus equipos poderosos, de su juego constante y con garra.

Ya no. Ya no, Cruz Azul.

No puedo negar que hemos vivido buenos momentos y la verdad es que han valido la pena, incluso por encima de los fracasos y las frustraciones.

Por nada en el mundo cambiaría el sentimiento de haber estado en León, Guanajuato, ese mítico domingo de 1997, en el que pese a tener todo en contra levantaste el esperadísimo octavo campeonato de Liga.

No puedo describir la emoción que me dio haber conocido el Estadio Azul justo en el partido siguiente a tu campeonato de Concacaf en Toluca y extender los brazos bajo la lluvia porque sonaba “We are the champions” en tu cancha.

Pero ya no.

No, porque no sé explicarles a mis amigos cómo es que te sigo amando tanto pese a todo lo que me has defraudado.

No porque ya no puedo con sus burlas, torneo a torneo, semestre tras semestre. Porque no puedo creer que la impresionante herencia de Guillermo Álvarez Macías haya sido precedida por un verbo que nos denosta cada vez, a cada paso, en cada error, aunque no sea propio: cruzazulear.

No, porque el heredero de esas glorias, Guillermo Álvarez Cuevas, ha sido un tipo timorato, pero eso se le puede perdonar. Lo que no puede perdonársele es la corrupción y la falta de visión para reconocer que él es, casi por opinión unánime, la mayor parte del problema.

En donde sí no es aceptable ser timorato es en la cancha, donde más lo has sido. El Cruz Azul de las nuevas generaciones es recordado como un equipo que no sabe cómo reaccionar a los malos momentos, a los errores de juego.

La actitud de La Máquina dejó de parecerse a ese apodo, que con justeza le habían otorgado en la década de los setenta. Ahora más bien podría tomar el sobrenombre de la selección mexicana de esa época. Los ratones azules temen en todos los casos, pero sobre todo temen al fracaso y al ridículo. Ese mismo temor es lo que más los lleva a justo eso, hacer el ridículo y fracasar, siempre, cada semestre.

No puedo aceptar más que se tenga demasiada tolerancia a decepciones flagrantes y después, en la primera oportunidad, quieran echar a un hombre como Tomás Boy, quien –también con decepciones a acuestas, esa es la verdad- al menos inyectó un poco de sangre en las venas azules y tiene el carácter para aceptar sus fallas y llamar a las cosas por su nombre: fracaso.

Tanto miedo tiene Cruz Azul a fracasar, que decide mejor no arriesgarse, ni poquito. Mejor no ser espectaculares, porque nos pueden meter un gol; mejor no probar con jóvenes, porque nos pueden fallar; mejor no dejar el equipo en manos de alguien capaz, no vaya a ser que me quiten el poder.

Ya basta, Cruz Azul, aquí me bajo yo.

O mejor no. ¿Saben qué? Siempre no.

Sigo siendo Azul, pase lo que pase, contra todo y pese a todo.

Por esta pasión decidí hace 20 años y la verdad es que ningún otro equipo puede hacerme emocionarme, de la rabia a la euforia, del odio al amor, tan fácil e intensamente como lo haces tú.

Cruz Azul, dudo de ti, siempre, en todos los casos, pero eso no significa que no te ame.

Dudo de ti, porque de ti quiero lo mejor. Quiero los triunfos, los añoro, pero no puedo exigirlos, porque estoy contigo para todos los casos.

Espero y ansío que pronto logremos, juntos, cada quien haciendo su parte, el noveno campeonato por el que tanto tiempo ha tenido que pasar. Después de eso, otra época gloriosa, para dejar de ser el equipo chico con más afición y recuperar esa grandeza que hemos perdido en los últimos años.

¿Y si no pasa? Ni modo. Aquí sigo yo, hasta el último aliento. Aquí sigo con ganas de seguir emocionándome, hacia cualquiera de los lados en la escala de las emociones.

No me importa qué piense el resto, porque a final de cuentas, quien crea que el amor por un equipo se alimenta solo de triunfos, éxitos y campeonatos, no está entendiendo del todo el futbol.

 

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