ContrapuntoNoticias en FA

Gastronomía cuaresmeña | Columna de León García Lam

Contrapunto

(Estimado y culto lector de La Orquesta, espero que no lea esto antes de la hora de la comida).

Hace unos años, pregunté en mi puesto de tripas favorito, por qué habían cerrado un viernes de Cuaresma. La Sra. Doña Tripas (así es conocida) me respondió: “no sé si usted sea creyente, pero yo sí”. Esta es la clase de respuestas que a mí me dejan frío. Lo que quiso decirme Doña T., es que durante los “días santos” está -sigue estando- prohibido el consumo de carne, so pena de irse derechito al infierno (asunto de creyentes). También, suponemos que dentro de sus creencias está el hecho de que, si yo me condeno por comer carne en viernes de Cuaresma, ella también por venderme los tacos.

La enseñanza que nos deja un acontecimiento así, es que siguen vigentes las costumbres y creencias de la Semana Santa. Y no es por el trabajo de evangelización del adoctrinamiento católico, sino porque la Cuaresma, y la semana santa son tradiciones que operan con significados más hondos que el cristianismo mismo y que no puedo transcribir aquí, pero ahí están las pruebas: cientos y probablemente miles de puestos de tacos cerrarán esos días; y créame que la mayoría de sus dueños no son representantes del catolicismo ortodoxo. Algunos cerrarán porque no habrá clientes, o porque se irán de vacaciones y otros, como mi proveedora de tacos, porque no quiere condenarse, pero ahí está en la práctica, la vigencia de la prohibición cuaresmeña.

¿Qué opciones quedan? Sacar el asador e impregnar de carbón y arrachera el ambiente santo del viernes; o bien, comer lo que hay:

  • Caldo de habas
  • Caldo de garbanzos
  • Lentejas
  • Tortitas de papa, de camarón seco o de queso con pipián
  • Nopalitos con papitas del monte y chile rojo
  • Orejones de calabaza
  • Capirotada, charamuscas o pinole

No es que sepan mal estos siete platillos. (Aunque a mucha gente no le gustan). Sino que tienen todos cierta condición de penitencia. Por más que se coman, siempre dejan con hambre, saben fuerte, son alimentos con espinas, secos, quizá ásperos. Hace falta, sí una estética de la gastronomía cuaresmeña, que nos explique qué tienen en común todos esos alimentos y por qué son penitenciarios, incluyendo el pescado, cada día de más difícil acceso. Efectivamente, la penitencia se ha convertido en lujo: como es Cuaresma dejamos el filete de res y nos comemos un huachinango sarandeado; un robalo empapelado a las finas hierbas, unos camarones rebozados en armagnac; ostiones al tapesco con mezcal o por lo menos un cóctel gigante vuelve a la vida… (bueno, en realidad, esto solo lo hacen los ricos).

Ahora bien, si se trata de sufrir penitencia por nuestros pecados, el destino ya nos puso a la LXI Legislatura. Como ni aun así, estimado y culto lector de La Orquesta, lo voy a convencer de comer carne en estos viernes de Cuaresma, lo mejor será acercarse al puesto de tacos rojos más cercano.

Previous post

Un año de prisión preventiva a Flavino Ríos, por encubrir a Javier Duarte

Next post

Quieren dar giro social al edificio abandonado de la Subcomandancia Centro