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#Fotolog | Raíces radicales | Por Luis Moreno Flores

La sección presenta una imagen tomada por mí o prestada de algún amigo para contar una historia. Intentaré ser breve, honesto y cínico.

Por: Luis Moreno Flores

 

Hubo dos eventos que marcaron mi cercanía con el rocanrol, no solo de sonido sino también de estética y actitud. El primero ocurrió a mis siete años. Algún sábado, hice que uno de mis tíos me llevara a ver una carrera de Nascar. Después de las tres primera vueltas estaba tan aburrido que le pedí irnos, él debió tener un ánimo similar porque, sin hacer preguntas, aceptó. De regreso, puso un casete de Queen y yo quedé sorprendido, en mi breve historia no encontraba ningún referente similar a lo que escuchaba en ese momento. Nunca le comenté a mi tío que me gustaba su música, supongo que por pena a que supiera cuánto lo admiraba.

El segundo data de una tarde a mis 9 años, en esa ocasión acompañé a mi madre a una tienda departamental. En la fila para pagar estaban formados una chica y un chico, tenía el cabello pintado de verde y azul respectivamente, vestían casi por completo de negro y portaban unas botas que me parecieron enormes. Solo pensé que en algún momento quería ser como ellos. Mi única pista para entender quiénes eran esas personas, fue una palabra que estaba en un parche del chaleco del chico: Rancid. La memoricé y al llegar a casa la apunté en un papel. Cuando tuve la siguiente oportunidad de estar frente a una computadora fue lo primero que busqué. Entonces entendí que Rancid era el nombre de una banda. Ese fin de semana gasté mis 20 pesos de domingo en un puesto de discos pirata para comprar «…and out come the wolves».

Hace poco, de visita en la casa de mis padres, encontré en una estantería ese viejo disco y me remitió a las memorias de cómo conocí a esas y otras muchas bandas. No soy un defensor de la música del pasado y disfruto mucho la tecnología, de hecho, hoy Queen ha dejado de gustarme por completo y a Rancid los escucho solo un poco más, no obstante, la emoción que sentí al “descubrir” esos discos es tan fuerte y al mismo tiempo tan distante, que casi pienso que sería buena idea cancelar mi suscripción a Spotify.

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