Los Platillos

Fonda Orizatlán de los Ángeles. Mi propio Orizatlán

Por: Luis Moreno Flores

Calificación: ☆☆1/2

Precio: $$1/2

Ubicación: Pedro Vallejo #117

Horarios: Lunes a domingo 9:00 a 19:00 hrs.

Jamás he estado en San Felipe Orizatlán, sin embargo, constantemente pienso en él. Honestamente no tengo una imagen clara de qué tipo de paisajes contiene. Mi filia radica en que lo entiendo como el lugar en donde existe C. Aunque ella ahora vive en la Ciudad de México. Nuestras charlas me han hecho pensar que Orizatlán, donde nació, es el sitio en el que se siente plenamente feliz. Pese a todo. 

Al no tener acceso a C, busco la manera de encontrarla en otros sitios: en una ocasión, después de una entrevista de trabajo en Pachuca, tomé un autobús que tardó cinco o seis horas en llegar a Querétaro. Lo hice a propósito. Sabía que pasaría por un montón de pequeñas poblaciones, en las que recogiamos a niños que salían de la escuela y que bajaban quince minutos, mediahora, una hora más tarde, en lugares recónditos de la carretera. Quise pensar que alguno de esos sitios sería Orizatlán, pese a que la Huasteca Hidalguense estaba muy lejos de allí. La nostalgia es mala guía de turistas.

Con estos argumentos, le explique, a medias, a Ricardo el motivo por el que quedamos de vernos en la Fonda Orizatlán de los Ángeles, un pequeño lugar que sirve comida huasteca en el centro de San Luis Potosí.

Ricardo no pareció darle mucha importancia a mi historia y procedió a escrutar el menú. <<De vez en cuando, no hace daño>>, dijo para justificarle a su diabetes que estaba a punto de darse un atracón. Luego, ordenó el plato huasteco. Hice igual.

LA COMIDA

El plato huasteco de la Fonda Orizatlán está compuesto por frijoles negros enteros, zacahuil, enchiladas huastecas y una porción de cecina encebollada. Al centro un tamal huasteco y en la periferia un bocol de queso.

Dividiría los componentes en dos: los desabridos y los deliciosos. El primer bando lo integraron el tamal, tan insípido que no pude distinguir su relleno. Las enchiladas, cuyas salsas mostraron una total falta de carácter y los frijoles, muy parcos. En la esquina opuesta: el zacahuil, la cecina y el bocol se lucieron. Con estos tres, este negocio logra fotografiar las sensaciones de la Huasteca. Mientras los comía podía imaginar una reunión familiar en casa de C. La comida es una fuente de recuerdos; a veces hermosos y a veces desoladores, pero también es un detonante de visiones de futuros imposibles.

LO BUENO

Los precios de este negocio: es accesibles. La comida entera, incluidos dos porciones del platillo más caro, las bebidas y propina costaron menos de 300 pesos. El lugar tiene un encanto decadente, parecido al de una vecindad. Siempre he disfrutado ver cómo preparan mi comida y aquí la parrilla principal está a la vista de todos (habrá a quien esto último le resulte positivo).

LO MALO

Como ya dije antes, a esta fonda le falta constancia en el nivel de sus platillos. Tuve que optar por revolver los buenos con los malos para compensar. Además pedí una naranjada mineral, carente de burbujas y con un gusto a cloro. El tema del estacionamiento es obvio: es el centro de la ciudad.

DETALLE

Otro asunto que me pareció incómodo, fue que parte del inmueble en donde se encuentra el negocio, está en remodelación, así que la vista desde algunas mesas es terrible, lo que se agrega a lo incómodas de las sillas.

No podría recomendar este sitio, a menos que, como yo, tengan motivos para buscar su propio Orizatlán.

Todas las opiniones aquí expresadas son reales. Ni La Orquesta ni Los Platillos tiene convenio comercial con alguno de los locales visitados. Acudimos por sorpresa y pagamos nuestra cuenta como cualquier otro cliente.

Nota Anterior

Plataforma México favoreció detención de El Santander: diputado

Siguiente Nota

Armas, cartuchos y drogas son decomisados en el aeropuerto de SLP