#4 TiemposColumna de Adrián Ibelles

Flores para Uriel | Columna de Adrián Ibelles

Desde que llegamos a San Cristóbal procuramos que la transición fuera sencilla para Edu. De alguna manera él tenía la menor responsabilidad ante nuestra drástica decisión de mudarnos; como todo niño quedó a merced de ese egoísmo ciego de sus padres, al que nosotros llamamos sueño. Sandra y yo platicamos con él, y aunque la idea siempre le pareció emocionante, era obvio que si nosotros teníamos dudas y miedos, él en su cabeza liaba con algo similar, o incluso más complejo.

Poco o nada supimos de esas dudas pues se portó como un campeón y soportó el cambio de climas, de comodidades (de Uber o que lo llevara su papá a caminar un par de kilómetros a la escuela) e incluso este lapso de inseguridad y depresión que me aquejó ante la primera semana sin encontrar trabajo. Vamos, que festejó su cumpleaños lejos del resto de sus familiares y todavía enfermo de la barriga por el exceso de queso de Chiapas y otras garnachas del mercado, y no se quejó en algún momento.

Al llegar a Waldorf, la escuela que elegimos para que siguiera estudiando, creo que su viaje de cambio propio fue mucho más suave. En esta escuela no necesitaba portar un uniforme para encontrar identidad, ni llegar con una mochila más pesada que él. Antonio, nuestro maestro (porque el impacto también ha llegado a Sandra y a mí) procuró saber suficiente de César -nombre que Edu usa fuera de casa- para ayudarle a integrarse al grupo. El estilo de enseñanza va más allá de la repetición y la memoria; comer todos juntos un platillo casero hecho por mamás o papás (muy sanos, cereales y sin conservadores, todo natural), salir a practicar en el terreno que tienen en Los Alcanfores, hacer pan o shampoo, convivir con la naturaleza y aprender a darle tiempo a las cosas, es lo que nos dio una pista de hacia dónde llevaba esta pedagogía a nuestro chaparro: un descubrimiento de sus capacidades. Pronto Edu pasó de ser el más tímido de su clase, a proponernos una vez que nos mudamos cerca, que él se iría caminando a la escuela: todo un cambio.

Bienvenido a casa | Columna de Adrián Ibelles

Las mamás y papás de Waldorf nos dieron la bienvenida y se portaron tan accesibles como se puede esperar de un coleto, a pesar de que había algunos argentinos, americanos y de otras partes de México. Mirna, Paloma y Elisena nos saludaban como si nuestros hijos llevaran toda la vida estudiando juntos.

Hace unos días la familia recibió una noticia triste, pues uno de los chicos de primera clase (Edu va en cuarta clase) sufrió un ataque en la escuela, por lo que tuvo que ser trasladado a un hospital a Tuxtla y luego por helicóptero a la CDMX.

Uriel era compañero de Edu, y según lo que él me contó, era uno de los niños más felices de su salón. Le gustaba jugar con los niños más pequeños, se comía lo que le dieran desde el arroz hasta la cebada, y su papá era de Islandia o Irlanda, no me supo decir bien. Lo que sí recuerda es que el ataque le dio en el recreo, y que dos ambulancias fueron a ayudarlo. También me contó que en el festival de primavera con el que recibieron las vacaciones, todos los chicos se armaron una corona de flores y dijeron palabras para su compañero; Edu se despidió de él deseándole paz.

Uriel tenía 8 años.

Me queda claro que la partida de Uriel fue mucho más llevadera para Edu (o César), gracias a la llegada de Siddhartha. Lo he visto darle besitos antes de irse a la escuela, y encuentro el gesto tan trascendente que no podría contarlo con palabras. Finalmente, he aceptado que estas experiencias te acercan más a entender el valor de esos pequeños fragmentos en los que está compuesta la vida, como compartir la comida con amigos, reír con un chiste o dar un beso.

Escribo esto mientras Edu juega y yo cargo a Sidd. Me siento afortunado e impotente a la vez; quiero verlos crecer y protegerlos del mundo, lo que todo padre experimenta en una situación así. Pienso en el padre que hoy prende una vela a su hijo, aquel finalmente que no es de Irlanda ni de Islandia si no de Israel, y como Uriel, también espero que él encuentre la paz.

@Adrian_Ibelles

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