#4 TiemposDesafinando

Flacos, gordos y desnutridos | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

El hambre en ausencia, de política

Las contradicciones del mundo, el comportamiento de las personas que habitamos este inmenso planeta son un mar de ocurrencias, diría locas, en ocasiones incomprensibles. Ahí entra la felicidad, la que todo mundo quisiéramos alcanzar, el bienestar saludable que nos haga sentir como deportistas, para disfrutar de los manjares sin remordimiento al comer un filete de 900 gramos, acompañado de un litro de cerveza.

Paradójico como absurdo es el ver comer con hambre y poder comer. Toneladas de alimentos tirados a la basura por restaurantes, casas habitación… algunos pobres sacian su apetito solo viendo la forma glotona como se sirven algunos y sus ojos hacen solo tragar saliva.

El porvenir de un pueblo proviene precisamente que todos prueben alimento tres veces al día, nutritivo y satisfactorio.

Hoy nos vienen decir que bajó la pobreza; solo comían 5 de 7 días, ahora con los nuevos resultados casi electoreros del Coneval comerán 6 días.

El derecho universal a la alimentación en este tullido México, sufrible y herido, no se respeta, estamos aún muy lejos de alcanzarlo, niños mueren desnutridos en zona de Chiapas, Guerrero y aquí mismo en nuestro estado estamos dentro del Top Ten de los que más desnutrición presenta en el país… ¡va bien!, va desnutrido el estado, estamos ganado la batalla.

Abordar estos temas es una espina que se clava en la carne alimentada para alcanzar las aspiraciones de los políticos tradicionales, las cúpulas que para ellos todo comen, todos les alcanza, la barbacoa sin sabor en sus visitas a las comunidades que ellos eligen… no vaya siendo y se metan a otra, los asalten y les quiten la torta de filete y no de jamón.

El 25 por ciento de la población infantil tiene un grado de desnutrición severa, sobre todo en niños y jóvenes de zonas como la Huasteca sur, Xilitla, Aquismón, Santa Catarina, aquí mismo en la capital de la industria automotriz, de 20 a 25 mil familias no tienen para satisfacer sus necesidades nutricionales y se encuentran en fase de desnutrición por la carencia económica que los hace vulnerables al no poder tener acceso a alimentos.

Para 2014 aproximadamente el 7.8% de la población infantil en la capital y zona metropolitana, niños de entre 4 y 15 años, presentaban cuadros severos de desnutrición en fase crónica… crónica para los obtusos señores que planifican las políticas sociales significa… constante, tenaz, persistente, digo para que lo entiendan, ¡ah! y diaria también.

Un niño en desnutrición crónica corre riesgos de enfermedades autoinmunes, pero en ocasiones una diarrea o una simple gripa los puede matar por la falta de defensas: son bajos en peso, carentes de minerales, vitaminas y proteínas de acuerdo a su edad, todo derivado de la pobreza extrema que “bajó y subió y bajó”, algo estadísticamente falso, convirtiendo en el aliciente “vitamínico” correr por el camino correcto, palabras favoritas para quien come con vino tinto de 2 mil pesos la botella.

No se pueden menospreciar los alcances mínimos logrados, pero en este rubro de asistencia social se invierte mucho para tan pocos resultados. Nos preguntamos ¿por qué?, simple, como ejemplo: si el gobierno como principal promotor de las inversiones, en complicidad con los sindicatos y Corporaciones Obreras, SA, negocian salarios muy por debajo para alcanzar la canasta básica y los organismos empresariales le aplauden permitiéndoles todo tipo de abusos disfrazados de incentivos, entonces esta es una de las respuestas, salarios que generan pobreza laboral, por ende pobreza alimentaria y carencias de satisfactores para un buen desarrollo de las familias.

Ahora, ¿por qué estamos gordos?, obesos para que no se oiga despectivo, ni discriminatorio, no se vayan a echar encima las asociaciones de fast food; grasas, calorías, mal comidos, mal bebidos y la obesidad crece a un costo en salud inimaginable, acarreando problemas en asistencia médica, las campañas de prevención de nada o poco, muy poco han servido,

Para combatir enfermedades inherentes a problemas asociados al sobrepeso y obesidad  se destinan 120 mil millones de pesos, según investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Casi el 40 por ciento de población infantil presenta sobrepeso y obesidad, ¡número uno! ¡Campeones mundiales! Un problema que se estima que en próximos 10 años podría duplicarse, en los adultos se presenta el 73.2%, en total 61 millones de mexicanos sufrimos esta condición de salud.

El presupuesto 2017 en pesos en salud pública total es de 408 mil millones y el gasto por enfermedades derivadas por desnutrición, sobrepeso, y obesidad (hipertensión, diabetes, nefrológicos), 102 mil millones de pesos, casi el 25% del total del presupuestos, y por si fuera una desgracia con todas las carencias, México ocupa el último lugar en gasto en salud como porcentaje del PIB, según el estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), realizado en 2015, entre sus países miembros.

Lo que falta realmente es un mayor ingreso de las familias para acceder a mejores niveles de alimentos nutritivos, formas eficaces de prevención, comenzando en casa y reforzada en las escuelas, promover los huertos familiares y de terrazas agrícolas.

Con hambre no se aprende, no se estudia y viviremos una desnutrición generalizada.

El número de pobres equivale al número de obesos, por algo será.

caminante369@yahoo.com

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