DeportesRudeza necesaria

Fila cero. Columna de El Mojado

RUDEZA NECESARIA.

goldesanluis

 

Siempre he intentado que esta Rudeza Necesaria sea más bien el depósito de mis opiniones sobre temas de actualidad que un cúmulo de mis experiencias personales, no porque considere que las columnas escritas con esas características tienen un valor menor en interés, pues en estas mismas páginas tenemos una muestra magistral con mi amigo personal Luis Moreno Flores, sino que creo que mi cercanía con los deportes no es tanta ni tan importante.

He sido un tanto permisivo con ese bloqueo a mis experiencias personales, por eso han leído ustedes acerca de cómo yo era un niño que prefería ir a la lucha libre que tener fiestas de cumpleaños, de esa tarde de 1996 en que decidí hacerme cruzazulino por un cambio en el terreno de juego, de cómo llegué de la mano de mi papá al mundo de los toros o lo mucho que me he emocionado con funciones de lucha libre en la arena o la televisión, porque siento que mi pasión como aficionado a los deportes es parte fundamental de que se me haya abierto este espacio para escribir en La Orquesta.

Hoy, en cambio, quiero hablarles un poco más de periodismo y mi vida profesional. Sí, de deportes también, claro.

El pasado sábado tuve la oportunidad de ser reportero en cancha de la transmisión de radio, para el 90.9 de FM, del Atlético San Luis contra Zacatepec. Debo aceptarlo, estuve nervioso al comienzo del partido, pero disfruté absolutamente tener que cumplir ese rol.

Pude ver el futbol profesional desde otra perspectiva, muy distinta a lo que puede observarse desde la tribuna. Esa es una ventaja, claro, pero también tiene una complicación extra.

Así, para iniciar la transmisión, me puse junto a la portería norte del estadio Alfonso Lastras y recibí la hoja con las alineaciones del partido. Apenas preparaba los parados tácticos de cada equipo cuando tuve que soltar los onces de cada equipo al aire.

Después, mientras la sombra de la tribuna de sol (cosas del Lastras) invadía el campo y la luz artificial aún no estaba encendida, me di cuenta que se me hacía difícil la visión. Culpo a mi miopía y también a mi astigmatismo.

Juan David Castro, de Atlético San Luis, trabó en el área un ataque de Zacatepec y no tuve duda, eso era un penalti en favor de los visitantes. El árbitro estuvo de acuerdo conmigo. Rodolfo Espinoza tomó la pelota, disparó fuerte al centro de la portería y puso adelante a los cañeros. Debo confesar que me dio tristeza, porque aunque San Luis no es mi equipo, sí le tengo un enorme cariño.

Para el segundo tiempo, una estúpida agresión de Jesús Roldán, el portero de Zacatepec, sobre Leonardo Villagra, con la pelota a 30 metros del área, llevó a una pena máxima en favor del Atlético San Luis. Otra vez sentí tristeza, porque Othoniel Arce había fallado el cobro en una gran atajada del meta suplente de Zacatepec, Javier Caso.

En la siguiente jugada, Leonel Olmedo encontró un centro en el área rival y remató con mucha fuerza, en un brinco que pude apreciar a unos metros, en todo su esplendor y marcó el empate para San Luis. Paco Rodríguez, el narrador en la transmisión de radio, gritó el gol y yo tuve que contenerme: sólo pude alzar los brazos. No sé cómo ha hecho Arturo Mena, el comentarista en el palco y él sí aficionado al San Luis, para guardarse esa emoción con los goles de su equipo.

Al final, San Luis dio la vuelta al marcador: un gol de Juan David Castro en un remate solo frente a la portería a centro de Othoniel Arce, quien después hizo el tercero en el segundo penal a favor de los locales, esta vez cambió el destino del disparo.

El periodismo me ha permitido este tipo de experiencias, en una cancha de futbol, en un ring de lucha libre o en el ruedo de la plaza de toros.

El sábado fui feliz. Disfruté la experiencia. Tuve la suerte de tener los cuatro goles en la portería en la que yo estaba. Hice algo que siempre había querido hacer.

EL JEFE

Tomás Boy llega a Cruz Azul cinco meses después de lo que tenía que ser. “El Jefe” era una de las opciones que se barajeaban para La Máquina antes del inicio del Apertura 2015, cuando la directiva decidió que Sergio Bueno era una mejor opción.

Boy no se ha caracterizado por ser un técnico espectacular, aunque dirigió un Atlas que jugaba por nota. Claro, tomás Boy tampoco logró ser campeón con los Rojinegros, ni con ellos ni ningún otro equipo de los que ha dirigido.

Esa es la gran cuenta pendiente de Tomás, el campeonato. A eso llega a Cruz Azul. Suena paradójico que un técnico sin títulos dirija a un equipo que está urgido de ellos.

Sin embargo, Tomás Boy es un entrenador que ha dado buenos resultados y ahora, con un club siempre obligado a lo más alto, podría alcanzar ese campeonato que la afición celeste anhela.

Ilusiona, lo digo como cruzazulino.

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