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Soy feminista | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

Me encuentro envuelto en los jardines, calles, casas, puerta antiguas que dan paso al recuerdo. Los barrios de nuestra ciudad encierran grandes sorpresas, misterios resueltos y sin resolver. Una historia en cada vivienda, cada familia que vivió y aún viven su herederos. Pasear por las noches es placentero, probar su amplia a gastronomía, desde el carro de tacos de cabeza de cerdo, hasta las chalupas, tripitas, gorditas, enchiladas y todo, en un paisaje urbano de antaño.

Las cantinas otro sabor más alegre, para aquellos que degustan los mezcales solos o con amargo, el ya en extinción, el pulque curado de guayaba, del día o fermentado, da igual lo importante es la convivencia.

¿Quién evitaría mirar aquellas antiguas casas donde se veía a lo lejos un foco rojo? Anunciaba al transeúnte que ahí también podrían disfrutar de los placeres carnales, donde las señoras después eran conocidas por todos y todas, la sociedad era otra.

Por las tardes se veía a los niños jugar al bote pateado, las canicas, las escondidas y quien se ponía abusado, encontraba un rincón para escabullirse con la niña más bonita de la cuadra. O al revés, al más galante y mejor prospecto caballerito.

Así pasaba la lo cotidiano, cada barrio tenía su propio encanto místico, el sello de vivir para la familia.

El tiempo ha transcurrido sin parar. Hoy muchas de esas tradiciones se han esfumado, otras en proceso de desaparecer. Aun así seguimos encorándonos en estas raíces que son el alma de la ciudad.

Se dice por ahí que lo pasado siempre fue mejor, tal vez sea cierto o falso. Sin polemizar, lo que sí es verdad, se vivía en paz y tranquilidad.

Hemos heredado en los últimos casi 18 años un mar de tropiezos si mediar un momento de paz. A la llegada de Fox, el merolico que muchos creyeron el salvador de México, aquellos que hoy critican a López Obrador, se le hincaban a Fox como si fuera un emperador y tuvieran que besar el anillo de brillantes puesto en el dedo de su mano. Un presidente con la oportunidad de llevarnos a la verdadera democracia dejó que el país se envolviera poco a poco en la espiral de la violencia, generador de grupos delictivos, un sexenio de corrupción a escalas inimaginables.

Vicente Fox es el gran culpable de la tragedia de la violencia en México, y heredó a la administración de Felipe Calderón la espada que él no utilizó.
Años han pasado, se han diversificado los delitos, podríamos no terminar de enumerarlos, lo verdaderamente preocupante son aquellos delitos donde los niños y las mujeres son las víctimas.

La mujer como un ser perteneciente a este mundo, en igualdad de circunstancia, con la diferencia del don de ser madre, generadora de paz por sí misma y para los demás, de formar y formarse profesionalmente, de ser creadora, científica, jurista, maestra, militar, o trabajadora en el hogar, merecería por sí sola obtener los mejores lugares en la competencia laboral.

8 de marzo 1908 en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Las mujeres levantaron la voz para exigir mejores condiciones de trabajo ante las deplorables circunstancias que se vivían. El dueño de la fábrica de Cotton, al ver que se levantaban en huelga, no aceptó ninguna demanda, cerró las puertas y prendió fuego. 129 mujeres murieron abrasadas.

En Madrid, España, 8 de marzo 2018, 170 mil mujeres marcharon para exigir igualdad. Además, se estima que más de 5 millones hicieron paros escalonados de dos horas, una jornada de ciudadanas feministas sin precedentes.

Las feministas en México, podrían ser muchas mujeres, luchadoras sociales, líderes en su ámbito de su desarrollo. Feministas son todas aquellas mujeres que a pesar de la herencia oficial de violencia, enfrentan al hombre en el hogar al ver que un irresponsable golpea a los pequeños y a ella misma. Nunca se rinde, da la vida por ser, por existir, impregnar su huella a pesar del mundo de los golpes.

Feminista es aquella que denuncia a su jefe por acosarla y forzarla tener sexo; relaciones que no quiere y a pesar de eso sigue adelante y cumple su trabajo.

Feminista es aquella mujer que muere de hambre, que llora la miseria, ve a sus hijos fallecer y como aquel relato de tragedia de las mujeres indígenas Tarahumaras que en la desesperación de su pobreza se arrojan desde lo alto de las montañas de Chihuahua, envuelta en una bandera que nunca quiso tomar.

Feministas deberíamos ser los hombres, aquellos por agradecimiento a su nacimiento de una mujer que lo parió y les deben la conciencia y la honra de vivir.

Feministas caballeros aquellos que contamos con la fortuna de estar con una mujer que aporta, sueña con la igualdad y sin más, la tomamos de la mano para llegar juntos a la meta.

Mi reconocimiento a las mujeres del mundo.

Nos saludamos pronto.

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