#4 TiemposMejor dormir

Fellini nos cuenta de sí | Columna de Carlos López Medrano

Mejor dormir

El periodista Costanzo Costantini conoció a Federico Fellini cuando este último apenas comenzaba su carrera. Eran días de poco dinero, en los que el director italiano se las veía negras y en los que a veces estaba obligado a salir de los restaurantes sin pagar. Lo que en un principio se trató de encuentros profesionales entre reportero y cineasta, pronto se convirtió en una amistad estrecha que perduraría por décadas; hasta 1993, cuando Federico Fellini falleció.

La relación entre ambos hace de Fellini, les cuento de mí: conversaciones con Constanzo Constantini (Sexto Piso), un volumen de entrevistas excepcional.

Las aproximaciones con la prensa suelen ser, para muchos artistas, un fastidio donde las respuestas se dan casi de manera automática para salir del paso; un ejercicio impuesto por el entretenimiento como industria que muchos preferirían evitar. Mas, cuando el encuentro se da entre un par de amigos, la dinámica cambia y la entrevista pasa a ser una conversación, como señala el subtítulo del libro. Y eso son: charlas, intercambios, aun cuando el protagonista principal quede claro desde el principio.

La confianza que Fellini deposita en Costantini conlleva dos elementos deseables en cualquier entrevista, liberación y comodidad. Gracias a ello brotan revelaciones que solo se reservan para el círculo más íntimo.

Les cuento de mí constituye una biografía fragmentada, porque aunque se pudiera decir que los temas tratados se centran en la obra cinematográfica (y por tanto profesional) del autor, la esencia autorreferencial de esos trabajos hacen que, al comentarlos, el maestro cuente paralelamente su vida personal.

Fellini era un ávido conversador. Entre las varias anécdotas compartidas por Costantini hay una que lo demuestra. Narra que en una ocasión, a mediados de los años setenta, y con motivo del Oscar ganado por Amarcord, concretó una cita con Federico para hacerle unas preguntas. El autor de la película se mostró indispuesto: la noche previa, mientras confirmaba la cita, había comentado que no se le ocurría nada importante qué decir y que bastarían cinco minutos para terminar la sesión; aceptó de mala gana sólo para echarle la mano a su amigo periodista que necesitaba escribir algo para el medio en el que trabajaba. Al otro día cuando se encontraron en Vía Sistina, Fellini habló sin parar por cuatro horas y media. Su lengua era incontenible incluso en días malos.

De la primera a la última página apenas se notan cambios en la personalidad de Fellini. Sobra decir que los temas tratados son variados y que cada respuesta está cargada de genio profundo, pero aun con la llegada de los premios y renombre mundial, siguió siendo el ser sencillo, supersticioso y humilde de siempre. En la parte trasera del libro viene una frase de Orson Welles que lo refleja a la perfección: “Fellini es, esencialmente, un muchacho provinciano que nunca llegó realmente a Roma. No, todavía está soñando. Y todos deberíamos estarle agradecidos por sus sueños”. En las palabras que pronuncia, entonces, siempre se percibe la añoranza por su tierra natal, Rímini, fusionada con las impresiones causadas por la gran Roma a la que denominó como “una ciudad para esperar el fin del mundo”.

Federico Fellini padeció de insomnio durante su toda vida. Ante la frustración, al despertar optaba por dibujar los vívidos sueños que tenía para luego transformarlos en películas. Su carrera es una travesía onírica que pronto lo separó de la generación del neorrealismo italiano. Ya desde las primeras películas se notan las pinceladas de distinción que luego, con la llegada de los sesenta y de la libertad que otorga el prestigio, se hacen más evidentes hasta convertirlo en el autor de un estilo o, para ser justos, de un mundo, que se cuece aparte de las convenciones de sus contemporáneos.

El hombre detrás de proyectos tan complejos como 8 1/2 o Satyricon en el trato de persona a persona era elemental y espontáneo. Cuando se le cuestionaba sobre las comparaciones con Proust y Joyce que algunos críticos hicieron respecto a sus cintas, confesaba apenado nunca haberlos leído y además agregaba que los artistas deberían mantenerse alejados de las bibliotecas. También se relata cómo Anita Ekberg estuvo reacia a aceptar el papel que se le ofrecía para La Dolce Vita por lo poco serio que le parecía Fellini, tomando en cuenta que cuando se le acercó para hablarle del proyecto no tenía siquiera un guión. Fellini incluso le ofreció a ella que lo escribiera, para poco después entregarle unas cuentas líneas redactadas en un pésimo inglés que simplemente la hicieron reír. Por fortuna su agente ya se había comprometido, por lo que se vio orillada a actuar para pasar a la historia con esa otra figura central del mundo felliniano: Marcello Mastroianni. A él lo eligió por algo difícil de encontrar dentro del menú de actores: una cara común y corriente.

Otro dato: en la mítica escena de la Fontana di Trevi, para aguantar el enorme frío que hacía, Marcello se tomó una botella entera de vodka y llevaba por debajo del traje un conjunto especial para buzo. Al momento de la llamada estaba completamente borracho.

Lo anterior es una pequeña muestra de lo que se encuentra en Fellini, les cuento de mí, recomendado para los admiradores del cineasta y también para quienes no lo conozcan en absoluto, ya que por ameno y ligero alimenta las ganas de aproximarse a sus películas, las cuales son revisadas cronológicamente, incluyendo los proyectos inconclusos de El Viaje de G. Mastorna (cancelado por complicaciones y supersticiones del autor) y Viaje a Tulum (para el cual visitó México), además de La ciudad de las mujeres, a la que consideró “maldita” ya que durante su filmación ocurrieron varias tragedias, la más sensible de ellas la muerte de su sentido del oído: Nino Rota.

La edición es estupenda. Una maravilla que, por si fuera poco, incluye líneas sobre el amor entre Federico y Giulietta Masina, la relación ambivalente con Pasolini y variados recuerdos íntimos de los protagonistas de la época. Indispensable para los enamorados del verdadero cine.

Costanzo Costantini, Fellini, les cuento de mí, España, Sexto piso, 2006, 292 pp.

@Bigmaud 

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