#4 TiemposColumna de Adrián IbellesDeportes

¿Feliz aniversario? | Columna de Adrián Ibelles

Playbook


El 8 de noviembre de 2010, en la semana 10 de la temporada regular, el Coordinador Ofensivo de los Cowboys era nombrado Entrenador en jefe interino. El Head Coach anterior, Wade Phillips fue despedido y ante la presión del dueño Jerry Jones, la fanaticada y los medios, se dictaminó que Jason Calvin Garrett asumiría la responsabilidad de dirigir el proyecto.

Garrett fue un luchador desde su época como jugador. Llegó a los Saints tras no ser elegido en el draft, para luego transitar por equipos fantoches fuera de la NFL. Se podría decir que tuvo todo para dedicarse a otra cosa, tal vez elegir -como su padre que se desempeñaba como Scout- a los grandes talentos del mañana.

Pero Jason insistió, porque tenía un sueño. Contemplar la grandeza. Con ayuda de su padre, volvería a la NFL. Los Cowboys le harían un espacio en su equipo de entrenamiento, y después como tercer quarterback. Era la época del gran Troy Aikman, por eso tal vez tu tío “vaquero” no tiene un jersey con el nombre de Garrett.

Tras varias lesiones de Troy, Jason jugó algunos partidos relevantes, adquiriendo cierta confianza y aumentando el furor de principios de los 90’s por el equipo de la estrella solitaria. Llegó incluso con los Cowboys a dos ediciones del SuperBowl. Pero el destino quiso que toda la acción corriera en otras manos (acaso más seguras, quizás más firmes) que las de Garrett. En 1993 y 1995, el soñador festejó con sus compañeros, bebiendo de la champaña de los ganadores, la cual sin embargo, le dejaba un sabor amargo.

Ya en 2004 se subió al barco, esta vez como coordinador ofensivo del equipo con el que fue campeón. Y unos años más tarde, tenía la encomienda de devolverle al equipo esas glorias añejas; quién mejor, que uno de los QB que formó parte en la escuadra campeona. Como Head Coach, la carrera de Garrett se ha teñido de altibajos. Su peor temporada llegó en 2015, cuando terminó la temporada con una marca de 4-12, una de las peores de la historia de la franquicia.

Sin embargo, no fue despedido. Al año siguiente respondió con la que fue su mejor marca, 13-3, ya en 2016 (con Elliott y Prescott en sus mejores versiones), conjuntando la herencia paterna de elegir buenos prospectos y aprendiendo de sus recientes errores. En general, Garrett no ha sido el coach que necesitan estos Cowboys, que navegan con una inmensa presión histórica sobre sus hombreras. La que alguna vez fuera la dinastía más imponente del deporte americano, hoy se rinde ante cualquier equipo que le sepa bloquear el juego terrestre, desmantelar la endeble línea ofensiva y no deje flotar a su mariscal.

Jason Garrett está cumpliendo ya 8 años como capitán de un barco a medio hundir. Y acá hay antecedentes de ambos destinos: puede que sea despedido para dar entrada a una nueva era en los famélicos vaqueros, o que le renueven la confianza, a un hombre que ha vivido la máxima gloria, siempre desde la banca.

También lea: El peor trabajo del mundo | Columna de Adrián Ibelles

Nota Anterior

Alejandra Pizarnik a quemarropa | Columna de Carlos López Medrano

Siguiente Nota

Al menos 13 muertos tras un tiroteo en California