Contrapunto

A favor del fuero constitucional | Columna de León García Lam

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Como usted sabe, culto público de La Orquesta, en estos días, el centro de la noticia local la ocupó la eliminación del fuero. Si se hubiera hecho una encuesta pública o una consulta, seguro que los índices de aprobación estuvieran por encima del 90%. El fuero se ha convertido en un símbolo del contubernio y la impunidad políticos; y con sobrada razón, es uno de los objetivos perseguidos por el hartazgo de la mayoría ciudadana: diputados y funcionarios que se enriquecen ilícitamente, y a los cuales nada se les puede hacer porque disque “tienen fuero”. Lo cual no es necesariamente cierto, pero resulta muy cómodo de decir.

Nuestro gobernador, el lic. Juan Manuel Carreras, celebró muy contento la medida. Y cómo no iba a celebrarla, si a él nada le afecta y le conviene muchísimo.

El fuero, estimado público, es el equipo de protección que todo diputado debe tener, para legislar, señalar, auditar, cuestionar o evaluar las responsabilidades de los otros poderes. El fuero es una burbuja de protección jurídica para aquellos cuyo trabajo es tomar decisiones públicas. El fuero equivale al chaleco antibalas de los policías, al sombrero de los campesinos, al equipo de protección de los obreros, y sin el cual, pues la chamba no se puede hacer bien.

La culpa no es de la estaca

¿Qué de todos modos la chamba no se hace bien? Es cierto. Pero, si un bombero no hace bien su trabajo, la solución no será quitarle el equipo de protección, sino de elegir bien a su reemplazo ¿no cree? De la misma manera, aunque nuestro actual Congreso es pusilánime, la culpa no es del fuero, o como diría Chico Ché: si la rana, salta y se ensarta, la culpa no es de la estaca. En tal caso, la culpa es de nosotros, los ciudadanos que no elegimos correctamente a quienes ocupan la burbuja de protección.

A mi modo de ver, con la eliminación del fuero, se causarán más y nuevos males políticos y particularmente legislativos; será más fácil corromper a los diputados y se facilita la coacción de su silencio, o de su voto so pena de ser fácilmente procesados; y así, bajo esta amenaza, los legisladores serán todavía menos comprometidos con las causas populares, menos arriesgados, y más timoratos en un contexto que los necesita, más fuertes, más críticos y avezados.

 

Qué pena

Dígame si no es necesario fortalecer al Congreso. En la dicha sesión, los pobres diputados, temblaban de miedo, reconocían según ellos “la victoria ciudadana”, pensando que no los fueran a agarrar a cacerolazos -como bien se lo merecieran, si fueran otros tiempos y otras cacerolas-. Nadie, ningún diputado, tuvo los suficientes argumentos para defender la institución que pertenece a la soberanía del pueblo. Votaron como conejos asustados, o como diría mi papá: protegiendo más sus cueros que sus fueros.

En conclusión. El fuero es más necesario que nunca, sobre todo en nuestro país y en nuestro Estado en el cual, la procuración de justicia depende en primera instancia del Ejecutivo. ¡El fuero sigue siendo necesario porque la procuración de justicia está más cuestionada que nunca! Será una maldición de nuestra historia que, cuando más requerimos acotar a los ejecutivos estatales y municipales, y cuando más necesitamos fortalecer a los órganos colegiados como el Congreso, se terminó por eliminar el fuero constitucional… ni modo.

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