Columna de Jessica Tristán

Eutanasia a los 27 | Columna de Jessica Tristán

Las simples cosas

Evidentemente atormentada, mas no en el punto más alto de mi carrera, he decidido unirme al club de los 27, aunque llevo muchos años más siendo socio fundador…

Se puede morir de muchas maneras…

Como presagio de una nueva tormenta, líneas intermitentes de energía se asoman por mi ventana mientras el aullido desesperado de los habitantes en esta jungla de asfalto aturden mi cabeza. Espero ansiosamente el placer que me brinda el olor a tierra mojada, pero quizás no suceda esta vez.

Ante el paisaje y todo aquello que hay en mis adentros; cada vez mejor organizado, diré en voz alta, o mejor dicho, escribiré con letras mayúsculas: TENGO QUE MORIR POR ELECCIÓN.

¿Quién decide cuándo, dónde y cómo morir?

El debate a nivel religioso y médico en contra de la eutanasia ha sido siempre tajante. Hace algunos años, como parte de mi trabajo en La Orquesta, entrevisté a un neurólogo y docente en bioética de la Facultad de Medicina de mi alma máter, la hoy Benemérita Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para los cuates: UASLP. Su argumento para preservar la vida se acogía estrictamente al Juramento Hipocrático y una idea bastante utópica de la posibilidad de que México compita -algún día- con el sistema sanitario de Holanda -imagino que también en lo educativo, económico y judicial, si es que pensó en todas las implicaciones-. https://goo.gl/WpnvcX

Mientras tanto, la iglesia mexicana, a través de un artículo publicado por el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME), el pasado 5 de enero de 2017, como una postura frente a la aprobación de la eutanasia por la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, argumentó que: “La Sagrada Escritura es clara al señalar que la vida es un don de Dios y sólo Él tiene poder para darla y quitarla. Bajo esta idea, toda persona, institución o gobierno deben hacer todo lo posible para ayudar a conservar la vida propia y la de los demás. Por consecuencia, no es posible que ninguna persona, institución o gobierno considere que tiene derecho a quitar la vida de otra persona. ¿Qué sería de la humanidad si alguien se atreviera a decir quién debe vivir y quién no?” https://goo.gl/KedMWB

Tengo que decir, en primer lugar, que me gustaría vivir lo suficiente para tragarme mis palabras y que nuestro país sea capaz de sobrevivir a la debacle en la que se encuentra actualmente en todos los niveles imaginables hasta convertirse en algo más que en el punching bag de quienes ostentan el poder. Por otro lado, voy a coincidir con la iglesia -Dios me perdone y sí, definitivamente es sarcasmo- en el hecho de que ninguna persona, institución o gobierno y eso incluye a la religión, tiene derecho alguno a decidir el momento exacto en que la vida de alguien debe concluir, permítanme también tomarme la licencia correspondiente para agregar, que tampoco, ninguno de ellos debería tener no sólo el derecho, sino la intención de obligarme a permanecer.

Antes de que se me acuse de ser la encarnación de Lucifer, concédame decir, querido lector, que no pretendo contribuir a la controversia de provocar la muerte de aquel que padece una enfermedad incurable con el fin de evitarle el sufrimiento, aunque quizás esto lo merezca de igual forma.

Luego de tener en mi cabeza por muchos años, la idea de que esta vida es cíclica, descubrí, algo que seguramente muchos más, antes y después que yo, comprenden o en algún momento vislumbrarán… existen muchas vidas en una.

Si bien es cierto que, como señala Kundera: “El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo”. Viviendo una vida “[…]como si no viviera en absoluto”, este tiene la facultad de morir y volver a comenzar las veces que así crea conveniente. Siempre -o no- con la idea de que lo que fue y lo que desea llegar a ser, está únicamente en sus manos y tiene origen en un pasado. Yo por ejemplo, he tenido muchas vidas “algunas con más amor, otras con más alcohol”, ninguna ha sido mía, no por lo menos hasta entender que la persona que soy es consecuencia -en gran medida- de mi contexto, y que todo aquello que no me gusta de ella, está en mis manos cambiarlo. Por eso el atrevimiento; luego de varios años de auto análisis, de afirmar que la única persona con derecho a decidir sobre sus muertes -sí, en plural- es uno mismo.

A unas semanas de cumplir 28 años, hago tangible, aquello que he pensado desde que era una niña, “moriré joven”, pero a diferencia de lo que señala Milán en la Insoportable levedad del ser, al menos intentaré romper el eterno retorno en busca de que el renacimiento sea el inicio de algo superior a mis vidas anteriores.

Yo elijo el peso y la levedad, de lo que supone SER y ESTAR por decisión propia en este “nuevo comienzo” hasta que deba morir otra vez. En la víspera lejana de mi cumpleaños…

Moriré por elección.

 

BIO: LCC por título, fotógrafa por aspiración, boxeadora -maleta- porque le gustan los chingazos, consultora política… quizás algún día. Escribe cuando le da la gana porque tiene problemas de autoridad. Hija de Chavela Vargas, ella la mató.

Nota Anterior

Revista perra producida por lectores que escriben | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Siguiente Nota

La tiranía de los buenos | Columna de Jesús Alejandro Tello