Balcón Vacío

Sobre ética en el periodismo digital | Columna de Alex Valencia

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La vertiginosa manera en que se ha modificado la forma de comunicarnos en la última década, sobre todo a partir de la expansión de las redes sociales y la cada vez más amplia capacidad de acceso a internet, ha generado a su vez que los medios de comunicación masiva “tradicionales” (prensa, radio, tv) se hayan visto rebasados y apenas ahora es cuando parece se exploran vías para aprovechar la web a fin de apuntar a una nueva era en el periodismo. Desafortunadamente dentro de este desarrollo, la ética es uno de los aspectos más atrasados.

Dentro de los cambios por los que está pasando el periodismo destacan varios factores externos que lo deben llevar a modificarse; en primera instancia el hecho de que debido a la inmediatez, los lectores son ahora activos, es decir, cuentan con la posibilidad de procesar, transformar, reproducir y re transmitir una nota emitida apenas minutos antes. Otro aspecto sería el hecho de que la fuerte cantidad de información que nos llega a través de las redes sociales ha conducido a un aún no comprobado pero tangible decrecimiento en los niveles de lectura de comprensión y tiempo de atención.

En lo que se refiere a los factores internos podemos citar la necesidad de que nuestro medio sea el primero en publicar la información y captar la atención del público, lo que ha derivado en notas realizadas casi al vuelo y la desaparición de los correctores de estilo, en la mayor parte de los medios que han migrado hacia lo electrónico el editor recibe y sube los datos sin apenas revisar contenido.

Sobre estos cuantos puntos hablemos acerca de la responsabilidad de los medios en la emisión de información, tema que hace tiempo analizo y que dado hechos recientes en el periodismo local me parece pertinente apuntar, como un borrador de una idea más amplia, cabe decir, que por razones de espacio delimito.

De inicio, los medios profesionales deberían replantear –o generar, si es el caso- un manual de principios y valores, así como de estilo que le permita mantener la credibilidad por parte de los lectores y diferenciarse de blogueros, amateurs y “periodistas” ciudadanos, es decir, establecer de manera clara los elementos que le avalen como una fuente confiable y seria.

¿Por qué sería importante eso? Sencillo, cada vez es más notable que en el afán de ser los primeros no existe cuidado en rechazar transmitir información no comprobada, falsa, tendenciosa o redactada de una manera que, voluntariamente o no, tergiverse una declaración pública. Ejemplos de esto hay muchos y a diario podemos citar varios que van de lo patético, como la reproducción en medios serios de notas de El Deforma por no comprobar la información, hasta la vergonzosa reproducción de boletines oficiales (peor cuando aparecen como nota firmada por un reportero) y el inadmisible ataque a determinados actores por intereses particulares del medio o el reportero.

La ausencia de mecanismos de autorregulación permite así que, bajo esta nueva forma de interacción con el medio, los lectores se dejen llevar por información de mala calidad hacia el linchamiento o victimización mediática de los actores que forman la opinión pública, generando que esta se vea distorsionada de inicio.

Falta ver si hacer algo así sería del interés de los propietarios de los medios, es también conocida la lasitud con la que muchos de ellos actúan tanto en los medios tradicionales que han migrado a la web, como en algunos que han nacido directamente en ésta y acusan una notable carencia de principios éticos.

En su ensayo “Perspectiva ética del periodismo electrónico”, Josep María Casasús señala cinco principios que los medios deberían cumplir en función de la responsabilidad implícita en la emisión de información:

“1) asegurar la selección motivada y responsable de los flujos informativos cada vez más densos y abundantes; 2) asesorar en la interpretación de los conocimientos que circulan por la red; 3) asegurar la veracidad y la acuración de los contenidos informativos digitales; 4) garantizar un uso correcto de la lengua desde el principio aristotélico de que las palabras son como las medicinas: valen si producen efectos positivos; y 5) desarrollar una nueva cultura del texto basada en una amenidad responsable y en nuevas formas de periodismo literario adaptado a las prestaciones de los nuevos medios de comunicación.” 

Hay estudios al respecto en varias partes del mundo, desafortunadamente no podemos limitarnos a seguir modelos planteados en América Latina, que sería nuestro referente cercano, dado que a pesar de la globalización existen características particulares que deberían llevar a cada país a su propio análisis y propuesta de un nuevo periodismo que recupere su tono ético, esto en función de su propio deseo de permanencia en el mercado digital, de la misma manera en que han brotado un número abrumador de medios digitales, se ha visto como su estabilidad depende de la forma en que se conectan con los ciber lectores, en el caso potosino podemos encontrar arriba de veinte contando sólo aquellos que tienen como base informativa la capital del estado y descartando los blogs, aquellos que sólo se ponen en función cuando hay que apoyar a un grupo político o denostar a sus adversarios y fuentes que se resguardan en Facebook como vía principal de transmisión de información, de los mismos sólo un bajo porcentaje cuentan con un grado aceptable de credibilidad. Ya depende de cada quien lo que desee generar como marca en los complicados mundos de la web.

 

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