#4 TiemposColumna de Daniel Tristán

Estás que te lleva la verga | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales

 

“No sabes nunca qué vas a hacer, 

el país donde naciste tu destino es perder”   (Molotov – La Verga)

 

El fin de semana antepasado nuestro país vivió 48 horas trepidantes a causa de los dos fenómenos que mayor impacto social tienen: el futbol y la política. El lunes 2 de julio por la mañana el país entero estuvo al pendiente del 4° partido de la Selección Mexicana ante Brasil. Unas cuantas horas antes, el domingo 1, los ojos de la sociedad se pusieron al tanto de las elecciones presidenciales.

Está más que claro que ambos acontecimientos tienen (por desgracia) un efecto directo en el ánimo colectivo de la sociedad mexicana. No hay duda de que el futbol no tiene la misma importancia que la situación política del país (o al menos no debería de ser así), pero es un hecho que tanto lo sucedido en la cancha como lo acontecido en “la polaca” impacta en el pulso anímico de los mexicanos.

La historia ya la conocemos a la perfección. El lunes la Selección Mexicana fue derrotada por los brasileños derribando el sueño de los aficionados de ver al equipo tricolor jugando el aún inalcanzable 5° partido. Sucedió una vez más, el equipo mexicano se quedó nuevamente en la raya, exactamente en el mismo lugar que desde hace 24 años. Nada nuevo, lo normal, lo de siempre. Aunque parecía que esta vez las cosas serían diferentes al final todo tomó su justo lugar y la Selección Mexicana hizo lo que mejor sabe hacer: quedarse en el “ya merito”, en el ya risible “jugamos como nunca, perdimos como siempre”.

El día anterior la atención del país se volcó hacia la jornada electoral y sucedió lo que ya se veía venir: Andres Manuel López Obrador, candidato por la coalición “Juntos Haremos Historia”, se adjudicó el triunfo convirtiéndose en el próximo Presidente de la República. Las reacciones de la ciudadanía se fueron a los extremos, dejando poco espacio para las medias tintas. La noche del domingo 1 de julio simple y sencillamente amabas a AMLO o lo odiabas con toda tu alma.

Ahora bien, no pretendo usar estas líneas para entrar en detalles de los acontecimientos de ese fin de semana. No me corresponde a mi enjuiciar a los fanáticos del futbol ni a los simpatizantes del presidente electo. Tampoco es mi intención colocar en igualdad de importancia al futbol y la política, aunque como comenté al inicio, pareciera que la mayoría de los mexicanos a menudo perdemos eso de vista. Mi único propósito es usar esta columna para externar un miedo que me carcome las entrañas, un temor que toma tintes de pavor. A continuación lo explicaré a detalle.

En ambos sucesos (la derrota en la cancha y la victoria de AMLO en las urnas) identifiqué un factor en común que me parece alarmante. No precisamente porque me deje dominar por el fanatismo por el futbol o la política, sino porque como mexicano estoy involucrado en todo este despapaye, me guste o no. Ese factor es, a mi manera de ver, el culpable de que por más que lo intentemos simplemente no logramos ver la luz al final del túnel. Me refiero a la ESPERANZA. Tal vez le resulte incoherente que encuentre la “virtud” de la esperanza como algo negativo, pero puedo explicarlo, tengo razones suficientes para estar sudando frío y temblando de miedo.

Vayamos por partes. En lo referente al futbol sucedió lo que ya se convirtió en una regla. La Selección Mexicana está configurada y minuciosamente diseñada para el fracaso. Más allá de que me parezca un absurdo mayúsculo que el mexicano (en su mayoría) profese un fanatismo desbordado por el deporte en el que siempre perdemos, lo que realmente me parece alarmante es que el discurso de los aficionados no cambie. Podrán pasar mil mundiales más y veremos fracasar a la Selección de todas las maneras posibles, pero la afición mexicana no dejará de profesar que es la ESPERANZA lo que muere al último.

En el ámbito político la cosa dista de ser diferente. Cada seis años sucede lo mismo, los ciudadanos depositan su ESPERANZA en un partido político o en un candidato. Lo defienden a muerte y pregonarán a los cuatro vientos que el candidato de su preferencia si hará las cosas bien y que, ahora sí, la situación del país va a cambiar. Pero no, eso jamás ha sucedido, ¿por qué habría de ser así esta vez?

Como si de una maldición, se tratara el país se ve enfrascado en un círculo vicioso, como un hamster corriendo en una rueda, agotándose sin lograr llegar a ningún sitio. Perdemos en el fut, los políticos nos roban, perdemos en el fut, los políticos nos roban, perdemos en el fut, los políticos nos roban… y sin perder la esperanza nos preguntamos por qué siempre nos sucede lo mismo.

Justo ahí es donde radica lo tóxico de la esperanza, pues esta es hermana directa de la suerte y tanto una como la otra son para los que se han abandonado a sí mismos y apuestan todo a un volado esperando que un poco de fortuna haga que las cosas funcionen.

Querido lector, le hago la siguiente pregunta. Imagine que está acostado en su cama y le dice a su pareja que irá al baño a cepillarse los dientes, a lo cual su pareja responde : -Ok, mucha suerte. Deseo que todo salga bien.

¿Cuál sería su reacción ante un comentario como ese? ¿Considera usted necesario contar con suerte o esperanza para lograr levantarse y cepillarse los dientes de manera exitosa?

Seguramente no, por la simple razón de que levantarse, caminar y cepillarse los dientes son acciones que ha repetido tantas veces que ya sabe hacerlo a la perfección y, por tanto, las probabilidades de que al hacerlo algo salga mal son prácticamente nulas. Y no solo ha repetido esta acción mil veces, lo ha hecho de manera exitosa. Esto significa que su método es efectivo y no tendría por qué modificarlo. Ni la suerte ni la esperanza son necesarias para lograr hacer algo que se ha trabajado tanto.

¿No será esa la respuesta a por qué cada cuatro y seis años nos sucede lo mismo? No será que nuestro método de hacer las cosas en el futbol y la política está chueco desde la raíz y por eso las cosas nos salen mal? ¿No será por eso que recurrimos a la esperanza como solución a lo que no hemos trabajado pero milagrosamente queremos que funcione?

Morena “La esperanza de México” gobernará al país por seis años y si depositamos el bienestar de un país en una esperanza y no en la certeza de los resultados acarreados por el trabajo, seguramente las cosas seguirán sin cambiar. En el terreno del futbol las cosas se seguirán haciendo de la misma manera y, por lógica, se seguirán obteniendo los mismos fracasos.

Si usted ordeña a una vaca lo que obtendrá es leche. Si quiere limonada tal vez debería utilizar otro método. No importa que ordeñe a la vaca mil veces más, seguirá obteniendo leche. Si se niega a usar el sentido común y no entiende que la repetición de actos trae repetición de resultados su sed de limonada jamás va a ser saciada, solo por favor deje de preguntarse “¿POR QUÉ?”.

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