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Esta no es una historia de cabronas o bonitas… | Columna de Daniel Macedo

Escribo esto porque la próxima vez que me griten ‘mujercita’ o marica, me sienta orgulloso de esa feminidad.

Por Daniel Macedo

No, yo no lo veo o lo creo, no es lo que dice la realidad, y eso que es muy subjetiva, pero creo que una parte de la subjetividad colectiva estaría de acuerdo conmigo, esto ni se celebra ni se felicita.

Imaginemos un trabajo de oficina y un compañero que con natural simpatía cuenta todos los días chistes sobre mujeres, de todos los tamaños, razas y orígenes; también emite comentarios no solicitados sobre sus vestuarios, su estado civil y le encanta extender la mano cada vez que abraza, besa o saluda a las colegas.

Esto es el día a día de muchas mujeres, sino es que de una osada aseveración al decir que el ‘total general’ de aquellas que laboran en estos entornos. Ahora, vamos a aunarle que el día de hoy un jefe, director o rector, se le ocurre la grandiosa idea de regalar flores, bisutería o en el esplendor de su machista imaginación, electrodomésticos a todas sus valiosas trabajadoras.

Es 8 de marzo del 2017, Día Internacional de las Mujeres, y en las instituciones públicas hay una preocupación por hacer de esta fecha algo que simule, digo, honre la ocasión mientras el discurso de la inclusividad y la igualdad descansa en la retórica política. Porque esto es lo políticamente correcto.

Nadie quiere hablar de la realidad que incómoda, que está destruyendo el tejido social y crea visiones imaginarias de la mujer actual, total, son las feministas quienes quieren arruinar este día. Después de todo, hoy se conmemora a las obreras de la textilera Cotton en Nueva York en 1857, estuvieron dando pleito por la reivindicación salarial y jornadas de trabajo justas, qué revoltosas ¿no creen?, uno se pregunta por qué no estaban en casa atendiendo a sus maridos y amantando a sus hijos… espera, también lo hacían muchas de ellas.

Me pregunto si será importante mencionar el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en marzo de 1911, donde murieron 146 mujeres, que además de todo eran inmigrantes ilegales; aprovechando esa onda de moda, sobre los malvados migrantes tratando de ganarse la vida, o de las socialistas que hicieron posible el derecho al sufragio, a ocupar cargos públicos, a la educación, o que desafiaron la posibilidad de hacer lo que no se les tenía permitido y que se creía eran incapaces de hacerlo.

¿Por qué le damos importancia a este día? Seguramente no tiene que ver con las siete mujeres que son asesinadas diariamente, o las 63 de cada 100 mujeres que son violentadas en la calle o por su pareja, menos de las 1.4 millones que padecen acoso laboral, seguramente tampoco es porque en 2014 nuestro país fue el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años.

No, este es el día para celebrar a la mujer fuerte, independiente, llena de sensibilidad, ternura, que se dedican hasta el cansancio, y esto último lo digo literal, no por algo trabajan 20.6% más de horas y superan a los hombres en decesos por enfermedades del sistema circulatorio, problemas endocrinos, nutricionales y tumores.

Entonces me preguntó, ¿es justo pedir ni una menos, que vivas y libres las queremos, por qué no están todas?

En definitiva sí, por mi madre, mi hermana, mi mejor amiga, mi colega, mi doctora, mi terapeuta, mi jefa, mi maestra, y todas las mujeres que me rodean, creo firmemente en la justicia que demandan, porque desde mis privilegios como hombre nunca padeceré lo que ellas, pero muchas de ellas me enseñaron el valor de los seres humanos, y esa es una crisis que nos está destruyendo.

Pocos toman en serio lo que representa este día, y muchos tienen sus opiniones, pero hay situaciones que simplemente no son congruentes.

Cuando la comedia y el humor televisivo mexicano cosifican, denigran y sexualizan la televisión apta para todo el público, ¿dónde están los defensores de la familia? ¿Dónde está el clero exigiendo el respeto a las mujeres y censurando el doble sentido en las editoriales de sus semanarios antiabortistas y homofóbicos?

Culpamos a las mujeres por lo que les sucede, cuando todos somos culpables de una sociedad con doble moral, donde el Estado, en voz de sus representantes, mayormente hombres por supuesto, vienen con discursos de inclusividad, de oportunidad, portando el característico morado de este día, pero no se atreven a alertar de las cifras rojas de feminicidios o el incremento de población femenil en los reclusorios, ni las violaciones de sus propias instituciones, autoridades y funcionarios.

Hay estudios que afirman que la violencia contra la mujer reside en la aceptación social, ciertamente lo es, pero también la indiferencia, la inacción, la naturalización de la agresión, la educación basada en la misoginia, la invisibilización y creo sobre todo, la ridiculización que hacemos sobre el tema.

Todavía no somos capaces de darle la debida seriedad al tema, mientras sigan estos discursos vacíos, esta ignorancia sobre el tema del feminismo, esos liderazgos sistemáticamente contradictorios y opresivos, que ni siquiera se dan cuenta de que lo son, seguiremos reafirmando la división de la humanidad en categorías, en etiquetas de géneros, de dualidades que no dan cabida a las diversidades.

Escribo esto porque no considero a la feminidad como debilidad, como insulto o inferior.

Escribo esto porque se lo debemos a las sobrevivientes del abuso, de la marginación, de la trata, del abandono, de las oprimidas por el fanatismo religioso, de la omisión de la justicia, de las que protagonizan la desigualdad por su corporalidad y sexualidad.

Escribo esto porque no es una historia de cabronas y bonitas, sino porque es tiempo de cambiar nuestra historia personal y social, por reconocernos como sujetos iguales en condiciones de derechos.

Escribo esto porque la próxima vez que me griten ‘mujercita’ o marica, me sienta orgulloso de esa feminidad.

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