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Ese compa ya está muerto, nomás no le han avisado (Ft. Marilyn Manson) | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales

 

Adquirí desde muy niño la extraña costumbre de seleccionar a mis ídolos de manera poco convencional, podría decir que a la inversa. Normalmente la gente comienza a indagar acerca de sus figuras favoritas después de conocer su obra, cualquiera que esta sea. Es entonces que empiezan a escarbar en el background del personaje. ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿A qué dedica su día a día?

En mi caso siempre ha funcionado al contrario. Suelo escuchar, ver o leer entrevistas y si el entrevistado muestra al menos algo de coeficiente intelectual en sus palabras es entonces cuando comienzo a empaparme del trabajo que hace, sin importar si es un músico, pintor, actor, escritor, etc. Normalmente los sujetos con un IQ decente tienden a decir cosas interesantes y eso se refleja automático en su obra. Los seres humanos inteligentes siempre le regalan al mundo buenos discos, libros o pinturas y, por supuesto, que yo estaré interesado en ver, leer o escuchar sus propuestas.

Fue así como descubrí a Marilyn Manson por ahí de 1996, cuando yo no contaba aún ni con mi primer década de vida, después de ver una entrevista para el programa “Push” de Mtv. Así descubrí lo que ese ente andrógino se traía entre manos. Me encontré con que su obra es mucho mas impactante como pintor y artista plástico que su legado musical.

Conocí a un ser humano que sin estar al menos cerca de ser un buen cantante revolucionó la escena musical de finales del siglo pasado y le puso los pelos de punta a los mochos de la ultra derecha en el planeta entero. Al continuar indagando acerca del trabajo de Manson, devoré completa la discografía que había lanzado hasta el momento y fue en 1998 cuando el álbum “Mechanical Animals” me cayó como cubetazo de agua helada sobre la espalda.

Con la pubertad a la vuelta de la esquina tuve que descifrar la maraña de dudas propias de la edad y, por si fuera poco, tratar de entender por qué un hombre encontraba interesante o divertido teñirse el pelo de rojo y ponerse tetas para la foto de portada de su nuevo disco.

Cuesta mucho echar un vistazo hacia atrás y darse cuenta de que el mes entrante “Mechanical Animals” cumplirá 20 años de haber sido lanzado. Puede usted traducirlo a la medida de tiempo de su preferencia: 5 mundiales de futbol, 3.33 sexenios presidenciales o, para no ir muy lejos, digamos que algunos nacidos en 1998 ya tienen hijos o están saliendo de la universidad.

Cuesta mucho aceptar que todo por servir se acaba, que ese compa ya está muerto nomás no le han avisado. Cuesta mucho ver que hace una semana Manson tuvo que abandonar en camilla el escenario después de desplomarse mientras ofrecía un concierto en Houston, Texas. Es duro aceptar que quien fuera la última gran superestrella de rock en cargar la estafeta del mainstream se extinga rápidamente.

A dos décadas de distancia del lanzamiento de “Mechanical Animals” no me queda más que darme un clavado en la nostalgia. Gran parte de las decisiones que tomé en los años posteriores (sobre todo en la adolescencia y en mis early twenties) fueron a causa de haber tomado como bandera el álbum de un hijueputa que le valía seis pepinos morirse de un pasón.

La culpa la tiene Manson pues himnos como “User Friendly” solapaban mi promiscuidad (“I’m not in love but I’m going to fuck you ‘til somebody better comes along”) y otros como “Coma White” aprobaban que me metiera por la cara cuanta mugre se me atravesara en el camino (“A pill to make you numb, a pill to make you dumb, a pill to make you somebody else”).

La culpa la tiene Manson y yo también pues era un escuincle estúpido de mente maleable. La culpa la tienen mis progenitores pues nadie les dio el manual de cómo ser buenos padres (y si alguien se los dio creo que no se tomaron la molestia de leerlo). Sí, la culpa es suya y de la SEP también, pues no supieron educarme y le dejaron toda la chamba a un disco del Anticristo Superestrella.

Hoy, en pleno 2018, no me queda más que festejar de manera agridulce el XX aniversario de “Mechanical Animals”, un disco que amo y odio al mismo tiempo, un disco de un pésimo cantante que es un magnífico artista, un disco que me ha brindado las peores y las mejores experiencias de mi vida.

La culpa es de Manson, pero afortunada o desafortunadamente (todo depende de la óptica desde la que se observe) su llama se extingue y cuando la mía lo haga también ya habrá oportunidad de tenerlo frente a frente en el otro plano y sentarme a hacer ajuste de cuentas con él. Ya habrá oportunidad de escupirle en la cara que no es más que un David Bowie de pacotilla y después, seguramente, pedirle un autógrafo. Ya habrá oportunidad, tremendo cabrón.

 

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