#4 TiemposMosaico de plumas

Escribir desde el norte | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

En un país donde las morgues se saturan y los muertos vagan por la ciudad en cajas de tráileres como si fuera una novela de ficción, los escritores tienen mucha fuente de inspiración. Parece un relato de noche de brujas, las cabezas colgadas en los puentes peatonales y los bloques de cemento con partes humanas. El pozolero, famoso sicario que hacía el típico platillo con las cabezas de sus víctimas, es todo un personaje digno del subgénero noir.

Sobre la novela negra, el escritor Mauricio Carrera dice “A diferencia de la novela negra norteamericana, la novela negra mexicana, y en general, la novela latinoamericana, se ceba en la policial, los políticos y los medios de comunicación, por ser ellos los verdaderos delincuentes, los corruptos interesados en sus propios intereses, no los de la sociedad. El detective, cuando hay, desconfía de las fuerzas del orden. La novela negra muestra, a través de sus antihéroes, que los verdaderos villanos son los que no han podido hacer nada contra la pobreza o la inseguridad, o contra los que ostentan una placa policiaca y, al mismo tiempo, un largo historial delincuencial”. En este sentido, existe una literatura rezagada por la distancia, que habla sobre detectives malos y gobernantes todavía peores, pero que en los últimos años ha tomado fuerza: La literatura del norte.

Literatura que inició retratando la revolución, la que convive con los grandes malls y los pequeños tianguis. Donde el español y el inglés se fusionan en una sola lengua: el Spanglish. En el polémico artículo “Norte, narcotráfico y literatura”, Eduardo Antonio Parra define la existencia de una literatura norteña, a partir de: “La existencia de un norte mexicano diferente al resto del país, con hombres y mujeres que presentan ciertas particularidades respecto del resto de los mexicanos, con historia que solo pueden ocurrir, digamos, en Tijuana, en Culiacán, en Monterrey, en Mazatlán, en el desierto, en la sierra o en esa zona ambigua donde se dan las fantasías  oníricas o fantásticas”.

Sí, hay narcotráfico en la literatura del norte, porque es parte de la realidad. Eduardo Antonio Parra menciona “La violencia es un elemento, no la esencia, pues el narcotráfico es un fenómeno integral, capaz de cimbrar —no destruir— todos los aspectos de la existencia humana, y también de sacar a relucir todas las miserias”, esa miseria es la que buscan retratar los escritores, el narco no es de lo único de lo que escriben los del norte, es más, el narcotráfico en la mayoría de los casos sólo es trasfondo de las historias.

De hombres solitarios que buscan en el sentido a su vida como ingenieros en una fábrica fronteriza, relatada en La balada de los arcos Dorados de César Silva Márquez.

Melodramas de telenovela, protagonizados por mujeres fatales que vuelven loco a cualquier macho mexicano son la esencia de la saga Malasuerte de Hilario Peña.

El Zurdo Mendieta, un detective, que es todo menos recto e incorruptible, en las novelas Balas de Plata, La prueba del Ácido, Asesinato en el Parque Sinaloa, Élmer Mendoza nos retrata que en este país que deberían ser buenos, siempre serán los malos.

Imanol Caneyada es un pintor realista, al escribir en sus novelas la más cruda de las realidades, pornografía infantil a menos de los gobernantes, la corrupción que imperó en el caso de la Guardería ABC son la materia con que se tejen sus historias.

Los cuentos de Eduardo Antonio Parra son una mezcla perfecta entre lo surreal del desierto. Su antología NORTE es todo lo que necesitas si quieres adentrarte en la literatura mexicana del norte.

Este jueves y viernes, El Colegio de San Luis, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, y el Centro de las Artes serán sede del 2do Coloquio Internacional de Literatura Mexicana del Norte. Una oportunidad única para conocer qué se está escribiendo en este país.

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