#4 TiemposMejor dormir

El error de hacerle el caldo gordo a Ricardo Anaya | Columna de Carlos López Medrano

Mejor dormir

 

 Para ganar, AMLO necesita que Meade levante el vuelo


A Ricardo Anaya, el candidato de México al Frente, le ha salido un aliado inesperado: la izquierda mexicana. Y no me refiero al PRD; partido que, si bien es mexicano, desde hace tiempo que ya no puede considerarse de izquierda. Más bien se trata de la oposición, encarnada en Morena, que sin darse cuenta le está haciendo un favor al expresidente del PAN.

De una manera indirecta, al ensañarse con José Antonio Meade, los simpatizantes de López Obrador pueden causar un efecto inesperado similar a cuando un tiro sale por la culata.

Hay que decirlo: el hundimiento de Meade no ayuda a López Obrador, sino a Anaya, quien se encuentra en un cada vez más consolidado segundo lugar a unos cuantos metros del tabasqueño.

Es ahí donde el líder de Morena pierde. A él le conviene que sus competidores se encuentren lo más pegado posible entre sí para que el voto de centro-derecha y el voto anti-AMLO se divida lo más posible.

De otro modo, si el tercer lugar se rezaga demasiado, entonces queda un único panorama, el voto útil anti-López Obrador encaminará, eventualmente, todas sus fuerzas por el segundo puesto hasta encumbrarlo.

A Morena le urge que la campaña de Meade renueve el aire. Pero no será fácil. El justificado resquemor que existe contra el PRI nubla el juicio y hace que la mayor parte de las ofensas vayan contra el representante de ese partido. Además, como buen lector de la situación, Ricardo Anaya se ha empecinado en instalar la idea de que Meade se encuentra en un lejano tercer lugar de las preferencias. Una carta que muchos le compraron y que, de cierto modo, ya es una realidad.

Lo anterior es hacerle el caldo gordo a Anaya, quien paso a paso se encamina al escenario que buscaba de antemano. Es probable que él tuviera una certeza: la verdadera batalla está por consolidar la medalla de plata en la carrera. A partir de ahí la victoria definitiva llegaría por inercia, o más bien por ese cúmulo de factores que históricamente trastocan la trayectoria de López Obrador.

Si a eso sumamos los graves errores que Morena y su candidato empiezan a cometer (los cuales son carne fresca para el tiburón blanquiazul y factores que despiertan miedo y odio entre el electorado), y que todavía quedan por delante una serie de debates que son el talón de Aquiles de AMLO y una especialidad que Anaya ya se saborea, el panorama dista de ser luminoso para la autoproclamada esperanza de México.

En Morena hace falta más cabeza fría y pragmatismo. Más estrategia y más dudas que visceralidad y triunfalismo.

Andrés Manuel y los suyos deben asumir una cruda realidad. Un amplio sector de la población aborrece su figura y votará a cualquier personaje, por siniestro que sea, con tal de evitar que el tabasqueño llegue a la silla presidencial. Uno podrá cuestionar ese tipo de actitud y considerarla lamentable, pero a fin de cuentas es un hecho que está en la mesa y que no va a cambiar. Al éxito se llega afrontando lo que hay, no engañándose con un inexistente jardín de rosas.

Como ejemplo está lo que sucedió en los últimos dos ejercicios electorales a nivel federal, el de 2006 y 2012, en los que Andrés Manuel sufrió dolorosas derrotas. Un factor clave para frenar sus aspiraciones fue lo ocurrido en 12 estados de la república en particular, mismos que en 2006 dieron la victoria a Felipe Calderón y que en 2012 se la dieron a Peña Nieto, según un recuento del portal Nacion321. Dichas entidades cambiaron del PAN al PRI de forma contundente, apoyaron al favorito en una ola que podría interpretarse como un eje alejado de la izquierda y que, con certeza, mueve sus fichas con tal de evitar la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder.

Los estados en cuestión son Baja California, Yucatán, Coahuila, Aguascalientes, Colima, Chihuahua, Sonora, Durango, Jalisco, Querétaro, Sinaloa y San Luis Potosí. Un grupo selecto que al final definió la balanza y que en dos oportunidades se ha negado favorecer a Andrés Manuel López Obrador con el primer lugar.

Morena está administrando un liderazgo que es más endeble de lo que la formación quisiera creer. La mayoría de las encuestas posicionan a su candidato en el primer puesto, pero sin que posea una mayoría contundente como la que supondría un apoyo de la mitad del país. El tipo de ventaja que tiene Andrés Manuel se desmoronaría fácilmente si los votantes que lo detestan se vuelcan de lleno por el contendiente más fuerte, como ahora lo es Anaya.

Por eso para las aspiraciones del tabasqueño es indispensable que se equilibre la competencia por el segundo y tercer lugar. Que esos otros dos gallos se maten entre sí para que él, no sin despeinarse, pueda salir airoso de la contienda.

El voto duro de Andrés Manuel está muy claro. No lo va a perder haga lo que haga. Sus habituales disparates han demostrado que al menos un tercio del país está dispuesto a aguantarle lo que sea.

Lo que necesita ahora es dividir el voto de quienes están en su contra. Que esos doce estados, por ejemplo, se repartan entre Meade y Anaya y que no vayan en bloque por el Frente. Para eso es vital que Meade levante. Y que candidato del PRI pueda contrarrestar a Anaya, un maestro de la oratoria, en los debates, algo que el exjefe de gobierno del Distrito Federal difícilmente logrará. Eso y que Margarita Zavala esté en la boleta y que, a modo de  una última venganza contra Ricardo Anaya, pueda arrancarle votos que resulten cruciales.

Hoy, más que nunca, López Obrador necesita que el viejo dinosaurio despierte. En política, algunos de los más valiosos aliados se encuentran en el lado del enemigo.

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