#4 TiemposDesde mi clóset

El erotismo visto desde el espejo | Columna de Paúl Ibarra Collazo

Desde mi clóset

El erotismo es un holón de la sexualidad. Todas las personas tenemos una respuesta erótica. Esta inicia con un estímulo sexual efectivo. La respuesta sexual humana, ampliamente estudiada por Master y Johnson en el siglo pasado, nos muestra los mecanismos biológicos, psicológicos y sociales presentes en una persona humana para excitarse. A lo largo de la historia de la humanidad, la posición del erotismo lo mantiene en las cloacas más hondas de la cultura.

Dicho lo anterior, el ejercicio de la sexualidad, el pleno ejercicio, invariablemente necesita del apartado erótico, acompañado por supuesto de la vinculación afectiva, la capacidad reproductiva (biológica o social) y la identidad sexual. Cabe señalar que la cultura en la que vivimos equipara la sexualidad con el hecho biológico de la reproducción. Para dios da lo mismo si coges por placer o por desprecio, le importa que se lleve a cabo la fecundación (mal llamada concepción por algunos textos normativos seglares). En atención directa al dogma del Génesis: sean fructíferos, háganse muchos y llenen la tierra, la teoría darwiniana de la preservación de las especies privilegia solo a los machos y las hembras de la especie que se reproducen. Hace poco énfasis que la propia selección natural requiere de individuos que no se reproduzcan como medida de control natal. La humana, es la única especie en la tierra que se reproduce a destajo, a excepción de los animales de consumo y/o domesticados, las especies mantienen procesos naturales que controlan la reproducción de la manada, horda, jauría, o como se llame el grupo en cuestión. Diosito manda, y si dijo que hay que llenar la tierra hay que llenarla sin reparar en gastos.

Sexualidad y ejercicio de poder        

Como comenté arriba, la identidad sexual es un aspecto fundamental para el ejercicio de la sexualidad. En occidente una persona construye su identidad con base en cuatro componentes. En primera instancia, al nacer se asigna un sexo a cada persona en relación a sus genitales externos, si tiene pene y testículos se le otorga la categoría de macho de la especie, si tiene vulva, hembra. Al crecer, las personas nos identificamos como hombres o mujeres. Dichas categorías obedecen al sistema sexo-género que indican que los machos humanos son hombres y las hembras humanas mujeres. Luego de la adscripción, se reciben una serie de instrucciones de los comportamientos y roles que hay que desempeñar; uno de los paquetes, que de entrega inmediata para los hombres dice comportamientos masculinos; el otro, el femenino es para las mujeres. De esta forma, se inicia la construcción de la identidad sexual a través de la imitación de comportamientos, de la socialización de actividades con base en los genitales y actividades que facilitan el ejercicio del poder de un género sobre el otro. Dentro del paquete para cada género, además se incluye una lista de privilegios, adecuados con otros rasgos identitarios alusivos a la raza, la clase social, entre otro.

La sociedad occidental entre muchas de sus características tiene al binarismo como premisa. Hay blanco y negro, bueno y malo, rosa y azul, grande y pequeño, ancho y angosto, patrón y empleado. Dicho binarismo casi siempre incorpora una carga de poder. Si bien, depende del contexto el algún momento se privilegia más a lo angosto por encima de lo ancho, lo cierto es que alguno de los dos domina al otro. En el caso de la categoría de género, es importante resaltar que los hombres tienen el poder en este momento histórico y lo ha tenido por mucho tiempo, al menos, no hay registros abundantes de lo contrario.

El ejercicio del poder se acompaña de la fuerza con el objetivo tácito de mantener el status quo. Al privilegiado no le interesa perder su lugar, sino pregúntenle a nuestra clase política actual. La fuerza de manera invariable implica el ejercicio de conductas violentas que subyugan al dominado. Tiene que quedar claro quién es el que manda. En este juego dual, las cosas son menos verticales de lo que parecen, y al ser un sistema complejo, tal y como lo menciona Morin en sus postulados, existirán factores múltiples que favorecerán o no modificaciones en el algoritmo.

En este sentido, la sexualidad, como aspecto central de la personalidad en la especie humana, ha sido utilizada como un dispositivo de control. ¿Quién decide que va y que no? Los dominantes. Ellos han establecido normas de todo tipo. Normas para el ejercicio de la sexualidad que la circunscriben a la reproducción, nulificando el erotismo y favoreciendo la vinculación afectiva con la presencia de mitos que la reducen a la monogamia eterna, esa en la que viven felices y comen perdices. Lo que rechaza el erotismo no reproductivo encaminado a la estimulación sexual efectiva necesaria para el sano desarrollo humano. Normas para la construcción de la identidad sexual que dicen que los machos humanos son hombres masculinos y viceversa.

En resumen, el erotismo, en tanto fenómeno cultural, atraviesa un momento álgido de reestructuración. Es necesario re-pensarlo e incorporarlo a la dinámica social de manera abierta y saludable. Ya dejó de ser ese Golum despiadado que escondido en la lejana llanura, solo persuadía a incautos pasajeros que se detuvieron en algún momento del camino a disfrutar de los placeres del orgasmo.

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