#4 TiemposSan Luis en su historia

¿Equivocación? | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

 

La palabra equivocación, proviene del latín, como otras muchas de nuestro idioma castellano y está formada por dos vocablos: equi y el verbo vocare. Aquí es pertinente recordar la curiosidad que no deja de ser notable y de la que habla Roque Barcia en su Diccionario de Sinónimos Castellanos y que consiste en que todos los términos castellanos en cuyo principio se halla el sonido equi nos dan la idea de igualdad, con toda seguridad es porque se advirtió que la letra equis (x) consta de dos rasgos iguales y este fenómeno existe en todas las lenguas derivadas del latín y no sería sensato ni lógico atribuirlo al acaso, porque hechos constantes no pueden tener por razón la casualidad.

Este preámbulo es a propósito del contrato del que vamos a tratar en este artículo y es que una persona muy respetable radicado en San Luis Potosí, llamado Benito Campero, minero de profesión, vendió un terreno que no era de su propiedad y la razón que adujo fue que se equivocó creyendo que era de su propiedad porque dicho terreno estaba anexo a otro que era de su propiedad. Actualmente sería difícil de creer que la equivocación era real pero en la época en que esto sucedió fue creíble porque muchos propietarios de terrenos e incluso de haciendas que eran inmensamente extensas no sabían con exactitud las medidas de sus tierras, y con mayor razón en la época de este contrato porque estaban recientes la guerra de Independencia y muchos ciudadanos habían sido víctimas de saqueos independientemente del bando al que pertenecieran o hasta aquellos que no tenían preferencias políticas sufrían vejaciones a sus cosas y a sus personas por parte tanto de los realistas como de los insurgentes. En el propio documento se expresa: “los títulos de adquisición porque se le perdieron en el saqueo que sufrió esta ciudad en el año de 1810”.

 

No nos atrevemos a afirmar, en forma absoluta, que Campero obró de buena fe, solamente suponemos que así fue porque sus antecedentes en lo que se refiere a sus relaciones sociales y comerciales siempre lo definieron como una persona seria en el cumplimiento de sus compromisos pero también debemos considerar que ahora como antaño el corazón humano en general es voluble, no sólo el de la mujer como dice la ópera de Verdi “La donna e móbile cual piuma al vento”. (La mujer es voluble -cambiante- como una pluma en el viento). Todos los seres humanos, muchas veces, somos cambiantes en nuestras determinaciones y en nuestra forma de pensar y de querer. Esta situación me hace recordar a un compañero que laboraba junto conmigo en Bancomer, que se distinguía por su seriedad y honorabilidad, pero un buen día, después de 18 años de llevar una vida recta, se le descubrió un fraude que a todos sus compañeros nos llenó de asombro y de incredulidad. Ante nuestro estupor el Director general comentó: lo que pasa es que el hombre es honrado hasta que quiere y este individuo dejó de querer ser honrado.        

A continuación transcribimos parte del documento donde afirma Campero que se equivocó y vendió un terreno que Manuel de la Gándara, a nombre de su hermana María donó a María de Jesús Rodríguez por haberla asistido durante muchos años y hasta su muerte, sin haber percibido ningún sueldo. La Señora Rodríguez murió sin haber recibido en propiedad el terreno objeto de la donación y ahora el hijo de ésta lo reclama a Benito Campero, pero como éste ya lo había vendido le entrega otro de su propiedad que según se dice tenía el mismo valor. Dicho terreno se encontraba en lo que ahora es la calle de Bolívar junto a la casa de Las Bóvedas y colindaba con la calle que actualmente es la de Arista: He aquí el documento.    

En la ciudad de San Luis Potosí, a 31 de marzo de 1821 ante mí el Escribano y testigo, don Benito Campero, republicano y diputado antiguo de minería de esta ciudad (a quien doy fe conozco). Dijo que contiguo a un terreno suyo que posee en esta ciudad, existía un solar que don Manuel de la Gándara de esta vecindad, a nombre de su hermana doña María donó a doña María de Jesús Rodríguez y el cual, creyendo don Benito, por equivocación, que estaba comprendido en el terreno de su pertenencia, dispuso de él a favor de otro individuo que lo fabricó [esto significa que fincó]; que habiéndoselo reclamado José Antonio Martínez, hijo legítimo y único heredero de la expresada Rodríguez, que ya es difunta, convino don Benito en recompensarle con otro solar, y, en consecuencia, por la presente, en la mejor y más bastante forma que por derecho haya lugar, otorga que en compensación de dicho solar da para siempre por juro de heredad a dicho José Antonio Martínez el otro indicado que tiene 24 varas de frente y otras tantas de fondo y linda por el oriente, calle en medio, con casas de Felipa de la Encarnación García, por el Poniente un terreno del otorgante; por el norte con las casas del mismo, conocidas por de las bóvedas, y por el sur, calle en medio, con las de Josefa Chávez, de cuyo terreno no entrega los títulos de adquisición porque se le perdieron en el saqueo que sufrió esta ciudad en el año de 1810, pero que es notorio ser suyo y que lo posee quieta y pacíficamente muchos años ha, y declara que está libre de todo gravamen real, general, perpetuo, temporal, tácito y expreso y declara que dicho solar es igual en valor al otro . […]Renuncia las leyes, fueros y privilegios de su favor y defensa y la general del derecho. Así lo otorgó y firmó, siendo testigos don Juan de Dios Rodríguez, don Manuel Saturnino y don José María Morales, vecinos de esta capital de que doy fe. Benito Campero (rúbrica). Ante mí Antonio María Suárez (rúbrica).

A este documento le corresponde la escritura número 33 del libro de protocolos del Escribano Antonio María Suárez  que custodia el Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí.

Nota Anterior

Él podría ser el mejor portero del mundo | Columna de Alma Barajas

Siguiente Nota

#Rusia2018 | Día 12 | Columna de Arturo Mena "Nefrox"