#4 TiemposColumna de Jessica Tristán

Entropía | Columna de Jessica Tristán

Las simples cosas

 “[…] tratamos de evitarlo, hicimos todo, pero nada tuvo efecto…”

“Si algo puede salir mal, saldrá mal”, reza la Ley de Murphy, y pues sí, fue más o menos así…

A y F abren la pista de baile con una melodía que cosquillea los labios de ella, radiante, en su vestido blanco de betún. Él, cortés y cautivado, procura seguirle el paso mientras la observa mover ligeramente de lado a lado la cabeza… una explosión de centellas que brotan de la plataforma ilumina a los dos. ¿Cómo podría eso salir mal?

“La entropía es el grado de desorden y de caos que existe en la naturaleza”, leí en un documento que definía de forma sencilla el segundo principio de la termodinámica. Llegar a Cuernavaca desde la Ciudad de México es cosa de hora y media… sin tráfico, pero vamos, que el extinto DF es sinónimo de pandemónium, peor cuando es poseído por los taimados del futbol en un sábado de clásico joven, fin de semana de quincena, de calor endiablado en pleno otoño, y con cuatro provincianos metidos en un coche siguiendo Waze, escuchando reggaeton… hubo un punto de implosión al llegar a territorio neutral, mejor dicho, una humareda cuando el coche se detuvo en una pendiente y el motor tuvo que forzar las revoluciones para subir, apestábamos, eso ya era inevitable, aunado a esto parecía que tendríamos que dormir en la calle, pues la reserva era incorrecta… 17:10 en el reloj, el gran evento comenzaba a las 17:00 horas. Enfundados en ropas comunes, las mías más que las del resto; baggy pants y una playera de Flash, decidimos presentarnos en la ceremonia. Notas de la Vie en Rose emanaban de un acordeón, era la novia quien hacía su entrada, el novio la esperaba ansioso bajo una estructura adornada por flores blancas y violeta.

El izquierdo, ha sido siempre mi lado estúpido. Mi incapacidad de comunicarme de forma adecuada toda la vida, la explosión del hueso en la base del quinto metacarpiano hace más de un año y un esguince originado aquella noche por una chancla maldita luego de varios gin tonic y mucha bailadera, dan cuenta de ello, ahí estoy yo, errando el camino desde tiempos inmemorables… al menos, eso creía.

Stephen Hawking definía la vida como “un sistema ordenado que puede sostenerse contra la tendencia al desorden”, la vida entonces es una lucha constante contra la entropía en busca de equilibrio. Ahí estaban mis amigos, en su momento de armonía con el universo, muchas cosas tuvieron que colapsar (en sentido figurado o no) para que ambos coincidieran esa noche mágica.

Mi error por mucho tiempo ha sido quizás pretender que existen las decisiones correctas, que algún día, en algún momento, podría elegir las palabras adecuadas, tomar el camino derecho en lugar del izquierdo, sin embargo, tal parece que al final, importa poco menos que una mierda cuanto intente razonar, esforzarme, intentar… porque al final, el sistema compuesto de materia viva es inestable, frágil, tiende a la extinción y su máxima entropía es la muerte, porque todo muere “[…] Mueren los afectos, la decencia, los recuerdos, el deseo. Todo aquello que alguna vez nos dio esperanza, que nos hizo sonreír, buscar o añorar desaparece porque es imposible conservar dentro de uno la certeza de que los días van a ser mejores o van a cambiar y valen la pena ser vividos por el simple hecho de que estar vivo ya es una ganancia”.

Las cosas son como son.

Es la hora ciega.

@Jessioux

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