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#Entrevista | “Nadie daba nada por mí”: 25 años perdidos por el alcoholismo

Tenoch busca recuperar la vida que se le fue por culpa de la bebida

Por: Xochiquetzal Rangel

Tenoch tiene 36 años. Es un joven entusiasta que vivió inmerso en el alcohol ya que desde temprana edad tuvo acceso a todo tipo de bebidas. Tardó 25 años en salir del bache, en el que se enfrentó a una severa adicción y a vivir en la calle. En entrevista para La Orquesta, nos contó lo que tuvo que sufrir viviendo atado al alcohol.

El alcoholismo de Tenoch comenzó como un juego. Sus tíos le pagaban por tomar lo que quedara en las botellas: le daban a él y a un primo suyo 50 pesos por cada botella que se terminaran. A los 14 años ya se le podía considerar un adolescente con problemas con el alcohol, porque buscaba la manera de conseguirlo y tomarlo.

“La primera vez fue en una fiesta familiar y quedaban poquitos rones y brandis, quedaba un poco de alcohol en las botellas y un tío nos pagaba cincuenta pesos a un primo y a mí por acabarnos ese poquito. Yo recuerdo que solo aguante 250 pesos pero acabé muy mal, con las dos primeras botellas comencé a cantar, luego como a la cuarta me la tomé y esa sí la devolví, se me vino el vino. Esa fue la primera vez que yo tuve contacto directo con el vino, porque había tenido contacto con mi papá que lo veía tomar, pero nunca le probé la cerveza, nunca me ofreció ni nada, fue por gracia o juego de mis tíos que nos pagaban, y pues uno de chamaco por cincuenta pesos, yo sí me avente, fue un juego” mencionó.

Después del juego, a Tenoch le gustó el alcohol, por lo que siguió consumiéndolo. Al principio solo lo tomaba en fiestas tomando cervezas, después fueron las cubas, hasta crear una adicción que duró 25 años. Desesperado, bebía cualquier tipo de alcohol para poder controlar su impulso por la bebida. “Seguí bebiendo hasta los 36 años que tengo el día de hoy, duré 25 años tomando y terminé tomando alcohol etílico, perfumes, de cualquier vino accesible”.

La última encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco ENCODAT 2016 – 2017, reportó que el índice de consumo diario de alcohol en una población de 12 a 65 años incrementó de un 0.8 % registrado en 2011 al 2.9% en 2016. Mientras que las edades en las que los consumos de dichas bebidas son en promedio a los 17 años, en hombres el comienzo es a los 16.7 y en mujeres a los 19.2 años.

 

LA ORQUESTA: ¿En qué momento te das cuenta que tenías un problema de alcoholismo?

“Fue a los 27 años; acepté que tenía un problema, porque antes yo decía que era bebedor social. Pero a esa edad que es cuando muere mi madre y me doy cuenta que soy un destrampado total. Desbocó mi alcoholismo y empiezo a reconocer en el fondo, aunque no lo aceptaba en el exterior, que sí soy un alcohólico, no problema, pero sí crónico, que ya no pensaba en otra cosa”.

“Durante todo el día todos los días pensaba en vino. Ya no pensaba en otra cosa, dejé de tener ganas de estudiar, de trabajar, todas las metas que tenía de joven las fui perdiendo, hasta ahora que están regresando otra vez. Cuando me iba a dormir siempre tenía que tener un litro de vino a mi lado, porque la cruda aparte de que está mortal, cuando ya me quedaba medio litro de vino o me quedaba una sobra era una tortura saber que estaba a punto de terminarse, entonces siempre aseguraba tener un vino para la madrugada y el resto para tomármelo en este rato”.

“Haz de cuenta que lo que sucedía es que no acepto mi realidad o estaba enojado conmigo con tanto fracaso, a lo mejor por lo que fracasé, por lo que traicioné, por lo que le hice a mi familia, por todo lo malo o los daños que realicé. Entonces cuando ya no tenía alcohol en mi sangre que era muy poco tiempo, entraba esa relación  interna, pero era muy cruel conmigo mismo, entonces al momento de yo ingerir el alcohol pensaba en la misma situación, pero ya no me dolía, ya no sentía tristeza, ya no sentía enojo ni coraje conmigo. Simplemente decía pues chingue su madre… total no era nada grave, pero cuando terminaba el efecto de la sustancia era una tortura mi relación interna, ya no había palabras de aliento, ni buenas, todo era malo”, dijo mientras recordaba lo que sentía cuando se auto reprochaba lo que hacía.

Tenoch vendía artesanías para sacar el dinero y comprar alcohol. Se sentaba afuera de algún Oxxo a ofrecer anillos, collares, brazaletes, pectorales y trenzas hechos de bisutería o plata, para poder sacar dinero rápido para y seguir consumiendo.

“Todo lo que ganaba lo invertía en alcohol. Y en comida… es que cuando eres un alcohólico crónico la comida ya no te entra, entonces por supervivencia, por instinto del mismo ser pues a veces sí probaba bocado, pero llegó tanto mi sugestión que yo creía que cuando comía me entraba menos vino, entonces lo que hacía era no comer, para que me cupiera más vino”, indicó.

 

LO: ¿Has consumido otras sustancias aparte del alcohol?

“He probado la cocaína, la marihuana y psicotrópicos como los ácidos y las tachas, pero en raves. Eso fue de joven, a los 19 años que andaba en las raves. La cocaína la probé, que es la básica, la piedra cocinada, y también me gustaba mucho, pero no fue… yo de preferir piedra a preferir vino, prefería un vino”.

“A lo mejor si la cree porque cuando yo la probé por primera vez, yo usaba de pretexto el vino, a mí me gustaba emborracharme y al momento de sentirme borracho inmediatamente se me despertaba el instinto de la cocaína, de fumar esa piedra, porque tiene un sabor la verdad muy rica y al momento de probarla, has de cuenta que yo quería emborracharme rápido, quería sentirme borracho y automáticamente se me antojaba, sí llegué a crear adicción, pero no tanto como el alcohol”.

EL HOYO

“Con el alcohol perdí todo: dignidad, voluntad, familia, dinero, trabajo. Trabajo y dinero son lo de menos, pero ya dignidad y voluntad es más grave”.

Perdió su trabajo en la Secretaría de Educación por culpa del alcohol. Comenzó a beber dentro de su espacio laboral, aseguró que era más alcohol que café lo que tomaba en la oficina desde el termo que metía a la misma; a pesar de esto su jefe nunca presentó un acta por su falta, sin embargo un día se cayó de un primer piso y el ISSSTE lo incapacitó. Como llevaba 10 años sin ver a su padre y tener contacto con su familia, no pudo meter la incapacidad en la Secretaría y fue acusado de abandono laboral.

“Dejo de ir a trabajar, me aviento un año y medio, dos años viviendo en la calle, años sin ver a un familiar, sin ver a mis tías y desde el 2010 no frecuento ni a mi padre ni a nadie”.

Por dos años vivió en un puente por la carretera México. Durante el día dejaba sus cosas ahí, se iba a vender artesanías, consumía alcohol y por las noches regresaba a dormir a su hogar en la calle.

 

LO: ¿CÓMO ES VIVIR EN LA CALLE?

Es duro, te enfrentas a muchas cosas, tienes que cuidar tu pellejo. Hay personas que te dan una cara para quererte ayudar, pero hay un trasfondo, en mi caso el trasfondo nunca fue positivo, hubo personas que llegaron con una buena intención para ayudarme, pero en el fondo solo era para burlarse o perjudicarme más de lo que ya estaba.

 

LO: ¿ESTANDO EN LA CALLE TOCASTE FONDO?

No toqué fondo, pero la peor experiencia que tuve fue estar al borde de la muerte, convulsionarme y torcerme, no poder abrir mis manos.

LA RECUPERACIÓN

Hace cuatro meses que Tenoch fue ingresado por voluntad propia y con la ayuda de uno de sus familiares que estuvo en la misma situación que él. Un día lo reconoció en la calle y desde entonces toma terapia en Casa de Vida, una asociación civil.

“Ese día me torcí, fue un sábado en la mañana, entonces lo primero que hice fue comprar un mezcal, empecé a tomarlo despacio, me sentí mejor, pude abrir mis manos, se me quitaron los nervios, dejé de temblar y me empecé a sentir mejor, dentro de lo que cabía”.

“Recuerdo que no regresé al lugar donde vivo, ya no regresé al puente ni por mis cosas, ni nada, entonces seguí caminando por B. Anaya y llegue a la tienda Waldos. Ahí mi primo vende pantalones y ropa. Entonces me habló, yo no lo reconocí ni nada, pues tenía mucho tiempo sin verlo, y comenzamos a platicar; yo no sabía que él tiene once años sin beber y sin drogarse, ya que él pertenece a los grupos doble A. Comenzó a platicar conmigo y de buena manera ofreció ayudarme, me comentó que estos lugares sirven, que él estuvo en anexos, no clínicas, en donde había golpes, mucho relajo y aplicaciones muy feas. Dijo que él me ofrecía esa ayuda, pero que no quería que yo llegara como él llegó: amarrado y golpeado, entonces él siempre me ofreció la ayuda… si yo la aceptaba.

“En ese tiempo mis sentimientos estaban muy endebles, estaba muy débil de mis emociones y pues me entra el sentimiento, siento con ganas de llorar, lloro ahí con él, me entra el remordimiento y el sentirme mal. Mi primer pensamiento fue: pues nadie daba nada por mí entonces si él después de años no me ha visto y es una persona muy dura en su carácter, porque nada le han regalado, todo se lo ha ganado él a base de trabajo y esfuerzo, entonces yo lo veo bien porque a él no le han regalado nada. Entonces me convenzo: si a él le sirvió, pues a lo mejor a mí también me sirve, y en el momento decido que sí, y le digo bueno, ayúdame. Influyó mucho el que yo dije, ‘bueno nadie da nada por mí y él está ofreciéndome hasta pagarme un internamiento que no es nada barato’, y dije pues adelante y es cuando aceptó”, recordó entre nervios y una sonrisa, al pensar que alguien más apostó por él, lo que ni él había dado a su persona.

Ha pasado cuatro meses del proceso inicial de recuperación. Actualmente es parte del grupo que presta servicio dentro de la clínica Casa de Vida, para poder apoyar a otros jóvenes que están inmersos en las drogas o el alcohol, para salir de su condición. A su vez está en espera de recuperar su trabajo dentro de la Secretaría de Educación del Estado y continuar cumpliendo los sueños que por el alcohol perdió por 25 años.

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