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#Entrevista | Ni de aquí ni de allá; por qué urge legislar en favor de las personas trans

Por qué urge legislar a favor de las personas trans

Por María José Puente Zavala

Karen es una chica trans en San Luis Potosí. El primer contacto con ella fue a través de Whatsapp donde tiene una foto de perfil como la que tendría cualquiera. Su mejor ángulo, de perfil izquierdo, lentes de pasta y una buena sonrisa. Normal, como dirían algunos. Como debiera ser… pero no es.

No lo es porque en San Luis Potosí debe mediar una orden judicial obtenida a través de un largo proceso legal para que el Registro Civil acceda a modificar los datos de las personas trans y así adecuarlos a su identidad de género. Esto significa que si nacieron en una corporalidad con la que no se identifican y deciden cambiarla, la cosa se pone densa.

Aunque para muchos no resulte prioritario, para una persona trans como Karen tener un acta de nacimiento que diga ese nombre y no aquel con el que sus padres la registraron marca la diferencia, por ejemplo, entre el desempleo y el desarrollo profesional que se ganó quemándose las pestañas en la Universidad como cualquier otro potosino.

LaOrquesta: ¿Cómo vives ese “limbo” en el que ahora estás mientras se resuelve tu proceso legal?

Karen: Hubo un tiempo en el que estaba buscando trabajo, cuando todavía estaba en ese proceso en el que todavía no pareces niña pero tampoco pareces niño. Entonces busqué trabajo como niño. Ahí me di cuenta de que en realidad no lo parecía, porque me decían “¿tú eres tal persona?” y se me quedaban viendo. Una vez salió la entrevistadora, mencionó mi nombre, me paro y se me queda viendo de arriba abajo.

Aunque nunca me han pedido explicaciones de nada, en una ocasión sí me pasó que tuve que hacer la aclaración sobre mis datos oficiales. No me dijeron nada, pero nunca me llamaron y eso que ya había llegado a las últimas entrevistas.

Depende de la persona que te esté entrevistando. No importa si es joven o no. La gente en San Luis tiene una mentalidad muy cerrada.

A esa mentalidad también le teme Karen, pero en otros contextos. Por ejemplo, cuenta que entre sus miedos está ser detenida por un policía en la calle mientras conduce y que al no coincidir su apariencia con los datos de sus credenciales, el oficial pueda perjudicarla.

A esto le suma: “Cada que tengo que hacer un trámite oficial sí me entra el nervio. Hasta el momento no me han negado nada. Hace poco fui al SAT y nada más se me quedaban viendo. Me presento como dicen mis datos, pero no cambio mi voz ni nada. Así como me ves, así me presento”.

LO: En un entorno laboral tan hostil con las personas trans, ¿te has arrepentido de iniciar tu proceso de cambio de identidad de género?

K: No me arrepiento, pero sí entré en esa crisis en la que pensé: no me dan trabajo porque soy trans. Qué voy a hacer si la gente no me da trabajo. No debería importar eso sino mis habilidades. Por eso comencé a trabajar en algo en lo que pudiera autoemplearme.

LO: ¿A qué te dedicas?

K: Me dedico al Marketing Digital y colaboro en el Centro Comunitario (De Atención a las Diversidades Sexuales SLP). Batallé mucho para encontrar un trabajo. De hecho solo he tenido uno de seis meses desde que dejé de verme como niño. Vendía publicidad para una revista médica.

Para Karen y aproximadamente otras cinco mil 999 personas de la comunidad en el Estado de San Luis Potosí, poder acreditar legalmente su identidad de género es vital, además de la parte administrativa, porque eso también contribuiría a eliminar los estigmas sobre las actividades a las que comúnmente se dedican las personas trans.

“¿Cuáles son los trabajos que se te vienen a la mente cuando piensas en trans: estilismo, trabajo sexual. Ese estigma muchos lo tienen”, reconoce. Es decir, las mujeres y los hombres trans sudan la gota gorda en San Luis Potosí para que los empleadores, las instituciones y la sociedad en general vean igual de común que una persona transgénero se desarrolle en la ingeniería aeronáutica, como lo podría hacer en el pole dance.

El proceso

Ya una persona logró que en San Luis Potosí le fuera modificada su acta de nacimiento, gracias al acompañamiento de la Clínica de litigio estratégico en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. A raíz de eso, cuenta Karen, la Colegia de Themis, un colectivo de abogadas en la ciudad, ha buscado atraer casos para acompañar a los miembros de la comunidad trans en el proceso de modificar legalmente su identidad de género.

Ese proceso no es indispensable para lograr el objetivo inmediato pero sí para sentar un precedente. “Pude ir a la Ciudad de México pero por querer marcar ese precedente decidí comenzarlo aquí”, comenta. “La idea es hacer más juicios para que las personas que quieran llevar a cabo el mismo proceso en el futuro, tengan menos problemas. El único lugar donde existe un proceso similar sin un juicio es en la Ciudad de México.

Aquí en San Luis, quien cambia de identidad de género (usando la opción en la Ciudad de México) tiene que ir al Registro Civil y las primeras personas que lo hicieron se enfrentaron al hecho de que nadie lo había logrado antes, entonces no había ninguna Ley que dijera qué sí se podía y qué no se podía”, recuerda.

En ese momento, especula “por miedo, las autoridades estaban renuentes. Ahora están más acostumbradas” (pero) “si no se hace correctamente puedes tener problemas legales o caer en un delito de doble identidad”.

Legislar para que las personas trans puedan simplificar ese trámite ya no suena tan descabellado, ni es tampoco para que nadie se tire de los cabellos. Más bien podría abrir la puerta a la tolerancia y cerrársela un poquito a la burocracia. Quien quita y hasta se ahorrarían horas Godínez y el consecuente dinero al llevar un trámite de años a, quizá, meses.  

Hacer ese cambio, según Karen, “debería ser una corrección de datos, no como si se tratara de una persona completamente diferente. Nosotros tenemos que meter un juicio cuando hay personas que por un error en su acta de nacimiento lo cambian solamente con ir a una oficina en un trámite de unos meses. A nosotras nos piden terapia endócrina y hormonal”.

“Tápate tantito”

Acompañamiento es una palabra que Karen usa con frecuencia. Es lo que ha recibido de la Red Diversificadores Sociales y del Centro Comunitario gestionado por esa asociación civil. Pero la presencia y relación familiar es pregunta obligada. “Con mi familia es difícil porque no lo aceptan. Es más como cultural y por la educación. No les recrimino que no me acepten porque, a su forma, me han demostrado su cariño. Convivo con ellos pero es como de “tápate tantito”.

Mi proceso lo comencé tarde, tengo 32 años, inicié a los 26 y ahora se recomienda hasta antes de la pubertad, aunque en México no se tiene la educación para eso. Haber comenzado a esa edad me afectó. Me decían que me esperara, que tratara de tener una familia. Lo intenté. Me negué: traté de ser normal.

Siempre supe qué onda conmigo, pero como me crie en una familia católica pensaba “es pecado”. “Era” el hijo más grande y los papás se crean expectativas. Un día estábamos nadando, había una mujer en la alberca y yo pensaba “por qué no tengo un cuerpo como el de ella”. Se acercó mi mamá y me dijo “a la mujer se le respeta hasta con la mirada” y pensé “si supieras realmente lo que estoy pensando”. Hasta que ya terminé mi carrera inicié el proceso porque creí que iba a tener una estabilidad laboral… y no”.

El costo

Ser una persona trans en San Luis Potosí cuesta y cuesta mucho. No solo en términos sociales, que al final de cuentas también generan facturas que se cobran de la estabilidad emocional de las personas, sino que hay que pagar por ello con dinero contante y sonante.

LO: ¿Cuánto cuesta iniciar un proceso de transición como el tuyo?

K: Es bastante costoso, pero lo que sí me quedó de mi educación familiar es luchar por lo que quieres y antes de iniciar mi proceso guardé bastante dinero.

Y saca las cuentas:

“Para empezar hay que pagar un terapeuta que te cobra desde 300 hasta 700 pesos por mes, mínimo. De ahí sigue el endocrinólogo que cuesta 600 o 700 porque es especialista. Él me receta análisis cada tres meses que me cuestan casi 3 mil pesos, más la medicina. Al principio yo tomé bloqueadores de testosterona que cuestan unos 500 pesos la caja para un mes, igual que las hormonas.

Yo inicié en otro estado porque aquí no había doctores, así que viajé a Querétaro, entonces súmale el viaje. Cada persona tiene un tratamiento diferente y si solo te recetan una pastilla está bien, pero si son doce, sube la cuenta. Además hay que comprar ropa nueva. Es como si fuera una nueva vida”.

Aunque ya van muchos ceros, Karen hace una aclaración literalmente vital: “es importante ir con especialistas porque es peligroso automedicarse. Por eso mismo baja el promedio de vida de las personas trans. Primero porque nos matan y luego porque nos automedicamos. Muchas mueren por trombosis o por polio, porque las hormonas afectan bastante”.

LO: ¿Cuándo termina el tratamiento?

K: No termina, el hormonal es de por vida a menos de que quieras revertirlo. Yo me realicé una operación en la que me removieron los testículos para evitar tomar tanta medicina. Fue cara en su momento, pero la vi como inversión porque me ahorraba la mitad de la medicina. Puedo estar un mes sin hormonas y no tengo tantos cambios si la dejo de tomar.

LO: ¿Qué pasa si la dejas?

K: Es como si estuviera menopáusica, ando de genio. Lo he dejado de tomar por no tener dinero. Dos o tres meses. Puedo estar en el frío y siento el bochorno.

Aunque su familia le apoya, pues ahora mismo reconoce que vive con ellos, el costo de su transición ha corrido por cuenta de Karen. En unos 6 años espera haber alcanzado el punto más alto de su proceso de cambio: la cirugía de reasignación de género, la cual cuesta unos 300 mil pesos. “Lo que un carro”, dice riendo.

LO: Si tuvieras 300 mil ahorita, ¿te compras un coche o te haces la cirugía?

K: Me hago la cirugía.

Pero si hoy fuera ese día, si hoy Karen le pega al Melate y se embolsa 300 mil pesos para su cirugía, todavía tendría pendiente un aspecto tan simple como inadvertido para millones de mexicanos: ser reconocida ante la ley como una ciudadana más. De a pie, pero ciudadana.

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