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#Entrevista| Un abogado y las drogas: perdió un departamento, su auto y la independencia

El tráfico y consumo de cristal en San Luis Potosí se ha convertido en un foco de alerta para las autoridades locales, pues lleva de la mano a la violencia

Por Xochiquetzal Rangel

 

Cosa, como le llaman las personas que lo conocen, es un joven de 24 años con tintes contrastantes en su vida. Es rapero y abogado, que se formó en el barrio. Hace poco logró salir de una adicción al cristal, droga a la que estuvo enganchado por dos años, hasta que su vida se complicó.

En San Luis Potosí ha incrementado el consumo del cristal. Mejor conocida como “crico” entre los consumidores, durante los primeros 6 meses del 2018 se han registrado 7 decomisos de cargas de dicha droga, asegurándose casi 100 kilos de la misma durante el periodo.

Cosa era un niño cuando probó su primer porro, desde los trece años tuvo acceso a la droga, no la consumió porque se lo hubieran impuesto o para lidiar con sus problemas, sino que en el “barrio” en el que creció era normal hacerlo.

De acuerdo a lo que contó en entrevista para La Orquesta, alrededor de donde vivía las colonias eran peligrosas, ya que cerca de Jacarandas se encuentran las Piedras, Morales, las Julias, el Mezquital, Atlas y Retornos, por lo que no era extraño pero sí común ver a gente consumiendo marihuana u otras drogas en las esquinas de las calles.

Cuando le pasaron un cigarro de marihuana, sostuvo el porro en su mano y decidió fumarlo. Era de día y los niños de su barrio se juntaron con los grandes, que acostumbraran a fumar en la vía pública, para jugar una reta de futbol, al terminar, como era costumbre, prendieron un gallo, se sentaron en círculo y por rutina lo pasaron a la derecha, en donde él estaba, y aceptó.

Lo siguiente que probó fueron derivados de la marihuana, como el hachís, wax y luego siguió con cocaína, LSD y finalmente el cristal.

Con escasos 20 años, no pensó que lo poco que había construido lo perdería a causa de conocer la droga que le ofrecían reiteradamente, esa que se fumaba en una pipa de cristal o en un foco, hasta que lo hizo y quedó prendado al efecto de satisfacción que le daba fumarla.

“A fumar cristal empecé a los veinte, esa sí fue más grande. Esa la verdad sí me la invitaban tantas veces que una vez sí dije, bueno ya, pues… ¿por qué me la invitan tanto, está tan bueno o qué? Y lo que se siente está muy chido, o sea la verdad es que no es tanto que esté muy bueno, sino que sientes bien cuando lo estás fumando. Es la única sustancia que yo he probado que sientes bien cuando la consumes y no después de consumirla. Como que te gusta hacerlo, entonces yo creo que por eso te crea la adicción”, dijo mientras recordaba la sensación de placer que produce aspirar el humo que genera el cristal al quemarlo.

La Orquesta: ¿Qué sentías?

“Se siente como energía, ¿te has sentido nervioso pero contento al mismo tiempo? Pues algo así es lo que yo sentí, la neta, como energía. A mí no me gustaba lo que me hacía después porque me quitaba el sueño y el hambre, entonces nada más disfrutaba el momento de estar fumándola, si esa cosa se pudiera fumar y yo no sintiera nada, seguiría consumiéndola”.

Cosa detalla que para fumarla primero se debe quemar en un foco o en una pipa de cristal, esperar a que se derrita, luego esperar a que se seque y luego fumarla: “no sé por qué pero si no lo haces te sabe feo… Si lo haces directo, sabe de lo peor, y si lo quemas de más, también sabe del asco. No sé por qué si es una droga tan mala, tan culera, tan barata tiene que ser con tanta delicadeza la neta”.

EL BACHE

“Mi coraje por esa droga fue que al principio yo sentía que no me afectaba en nada; al contrario, dije, me ayuda: aquí en ningún lugar estoy cansado. O sea de todo lo que hacía no estaba cansado. Pero siento que en algún momento yo sí le daba ese uso, o sea con poquitito, de estar decaído o bien menso, fumaba un poco y estaba como recién salido de bañar. En ese momento todo estaba muy bien, yo creo que fue cuando se me salió el pedo de las manos”.

La sensación que sintió cuando la probó, dijo, es indescriptible, a pesar de no haber podido dormir al día siguiente, pero siguió consumiéndola porque a los quince días de haberla probado y de ver a la gente con la que se reunía fumarla, se le volvió a antojar, después cada semana y luego los fines de semana, a partir de consumirla seguido, su cuerpo le pedía un poco más, “cada vez necesitas fumar más para sentirte como te quieres sentir, como en la primera vez”.

De comenzar a necesitar un “poquito” más con cada fumada, los efectos de insomnio y saciedad por la comida le cobraron factura. Para poder sobrellevarlos en cuanto se pasaba el efecto, Cosa tenía que consumir otra dosis para poder estar bien, para realizar sus actividades cotidianas. Ese fue el inicio de su decadencia…

“Empezaba a no dormir los fines de semana, si el sábado me sentía mal y tenía cosas que hacer, ya no las hacía, luego por estar fumándola ya no hacía las cosas que tenía que hacer. Esa cosa hace que no quieras ir a hacer tus cosas, por estar ahí fumándola. Entonces eso me comenzó a generar problemas poco a poco y pues no te das cuenta, hasta te molestas, dices: oye nunca me habías dicho nada por una cheve, por un flan, y ahorita acá… y pues me decían ‘es que no es lo mismo’ y comienzas a molestarte con la gente, se te empieza a hacer el círculo como más pequeño y la única banda que te sigue rodeando es la banda igual que tú, entonces te encierras en un círculo vicioso y todo se va abajo”.

LO: ¿Llegaste a consumir mucho?

“Sí, fue mucho, no sé cuánto, pero sí… en repetidas ocasiones mucha gente me decía cosas, pero cuando me di cuenta, cuando ya caes, como cuando ya había perdido un chingo de cosas y cuando tus decisiones ya están mal, cada decisión que tomas es algo malo, porque las estás tomando sin dormir, con la paranoia, piensas mal, porque hace que pienses mal de las personas, inclusive que ti mismo. Yo creo que eso influye en la delincuencia, porque eso hace que se te meta el diablo.  Yo creo que es una cosa pegada con la otra, el no poder dormir, el sentir la energía, todo eso mezclado, con todo lo que te hace, mezclado con un poco de alcohol y te dan ganas de hacer cosas. O malinterpretas cosas que los otros hacen”.

LO: ¿Llegaste a consumirla a diario?

Sí. No manches, yo ya estaba hecho un palo, hace dos años, yo estaba chupado, neta, flaquísimo. Si yo debo de pesar entre 75 y 80 kilos, llegué a pesar 64 kilos, imagínate qué tan abajo estaba. Y dije ‘bofo, estoy bien flaco qué pedo’. La verdad es muy sencillo conseguirla, no es cara, yo creo que por eso se vende tanto”

En promedio una dosis de cristal cuesta de 250 a 500 pesos, su acceso es fácil y es más barata que otras drogas como la cocaína o el crack, que en promedio cuesta de 600 a 800 pesos y otorga al consumidor un efecto similar de satisfacción que el “crico”.

“Uno tenía para comprárselo, pero la gente que no tiene y genera la necesidad pues obviamente va a hacer muchas cosas para obtenerlo. Lo puedes comprar por dosis o por gramos, ya cuando eres un consumidor muy habitual, ya no te lo ofrecen, o sea fíjate, son cabrones, ya no te lo ofrecen por dosis pequeñas, sino ya por gramos, entonces yo creo que llegué a consumir cuando un gramo me costaba quinientos pesos, y después me lo llegaron a ofrecer así como en trescientos pesos”.

LA SALIDA

“Igual y seguirla, no es algo que hagan todos, si alguien quiere seguirla fumando y le va bien, pues la neta qué chido, la verdad qué huevos de ese cabrón pero a mí en lo personal que me considero una persona viciosa y que ha controlado los vicios, yo no pude con esas madres…”

Cuando cumplió 22 años y comenzó a darse cuenta que había perdido lo que había construido, como su departamento, su auto y su independencia, decidió alejarse de las personas que estaban inmersos en el mismo mundo y, según aseguró en entrevista, logró salir solo y lleva 1 año y medio sin consumirlo.

“Yo pienso que nada más eso: tomar una decisión y alejarte del entorno, si sigues en el mismo entorno, obviamente vas a seguir con lo mismo siempre”.

LAS LEYES

LO: ¿Consideras que es un contraste en tu vida haber consumido drogas y vivir en el “barrio” con haber estudiado Derecho?

“A mí no se me hace tanto contraste, pienso que tiene mucho que ver, por eso me he sabido desenvolver en este medio porque es duro como el barrio, y hay muchas cosas que se le parecen: en el barrio no llegas a una oficina, ahí llegas a un lugar bien culero con cholos, pero tú vas a llegar con alguien que es la máxima autoridad, hasta para obtener un poco de drogas, en el litigio es igual, vas a llegar a un juzgado, un tribunal, pero en este caso no es el chido de la pandilla, sino es un juez… y tú tienes que saberte burlar o entenderte con ellos para llegar a lo que quieres, entonces se me hace muy similar, la verdad”.

“Inclusive siento que llevo ventaja por eso, porque sé cómo se hacen las cosas desde afuera, o esa aportación desde adentro, porque siento que la gente de barrio, porque puedes ser de escasos recursos y no ser de barrio, o sea la gente como malandra pues, es la única gente que ha logrado ver la injusticia y la justicia del otro lado de la moneda”.

“Es que un abogado no se hace en la facultad, un abogado se hace en la calle, porque te haces de colmillo, esto es de puro colmillo, entonces yo siento que ya llegué maleadito a esta profesión”. 

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