#4 TiemposDestacadasTercera Llamada

Vamos a encuerarnos | Columna de Jorge Saldaña

Tercera llamada

 

Sí, Culto Público, vamos a encuerarnos todos de una vez. No es que tenga calor o quiera emprender una cruzada a favor de la libre apreciación de la bella anatomía humana. Me refiero a que hablemos de una vez por todas, como dice mi abuela (porque todavía tengo aunque lo duden), “a calzón quitado”.

Ya los potosinos merecemos un trato de gente grande por parte de nuestras instituciones, de nuestros políticos y sí, también de parte de nuestros medios de comunicación.

La simulación, el gatopardismo, las mentiras y el velo mancillado de la inocencia y corrección política han dañado, desde mi personal perspectiva, gravemente nuestro tejido social al grado de situarnos en la orilla de un abismo peligroso de polarización y encono.

Llamemos al pan, pan y al vino, vino. No tardemos más para escribir el glosario del discurso social potosino. Demos el siguiente paso en la construcción de una democracia de más largo alcance.

Es un secreto a voces, por ejemplo, que los candidatos muchas veces pagan sus campañas con dinero de empresarios de los que se sabe nombre y apellido, esos que son dueños de clubes deportivos y campos de golf, así como de los más prósperos desarrolladores de vivienda en la capital, esos grandes magnates que compran el volado apostando al candidato águila y al candidato sol al mismo tiempo.

El modus operandi es simple: el candidato manda las facturas de gasolina, propaganda, nómina u cualquier otro producto o servicio a las empresas de los benefactores y estas son pagadas con celeridad.

Los candados del financiamiento se salvan fácil, pues solo algunas cosas se facturan a la campaña, y a la fiscalización se le tuerce repartiendo o simulando gastos entre candidatos del mismo partido que tengan mayor tope de gasto.

Enrique Peña y Emilio Azcárraga

En otros casos, las campañas son pagadas por políticos que ya tienen puesto y presupuesto a la mano, generalmente gobernadores o alcaldes de otros estados y municipios, que mandan dinero en efectivo imposible de rastrear para comprar boleto del “trueque”, una suerte de monada que consiste en intercambiar contratos de obra pública entre una entidad y otra, mismos que se tienen destinados a los constructores a los que se les deben favores de campaña, algo como “tú le das obra al que me ayudó a mí, y yo le doy obra al que te ayudó a ti”.

Todo el mundo lo sabe, pero los candidatos insisten en negarlo, obviamente porque es ilegal y porque según ellos, los ciudadanos somos idiotas y ni enterados estamos.

¿No será tiempo que, así como en presentan sus declaraciones #3de3, también declaren, pero no solamente en documentos imposibles de consultar, sino abiertamente y con máxima publicidad los nombres de las empresas, empresarios y políticos que los apoyen financieramente especificando a qué se comprometieron a cambio de esa ayuda?

¿Qué tendría de malo? Digo, si un empresario o grupo de empresarios les interesa que el próximo alcalde les cambie el uso de suelo a miles de hectáreas para que construyan vivienda en terrenos que compran barato y venden caro, que al mismo tiempo no les cueste nada el trámite, y encima hasta les garanticen infraestructura municipal para aumentar la plusvalía, pues muy bien por ellos por intentarlo, pero que lo digan así, con sinceridad tanto ellos como sus candidatos, ¿para qué andarse con poses ridículas e hipócritas?

“Ay, no, nosotros usamos solamente el dinero que nos dio el partido y nada más. Jamás autorizaríamos algo ilegal, y nada de malo tiene autorizarle a mis amigos…”. Pffff.

Esas poses por cierto, son fabricadas, modificadas y astutamente traducidas en mensajes de campaña y discursos tanto de propuesta como de odio que filtran en los medios de comunicación que son aliados o hasta socios en los negocios.

En el camino, los propios medios también se benefician con paquetes de publicidad e información que gozan antes, durante y después de la campaña (sí, sí, este también y lo diremos con todas sus letras más adelante en esta columna).

Pero ese no es el problema, los medios de comunicación son negocios, sociedades constituidas para generar ingresos y utilidades de vender publicidad y sí, propaganda. ¿Alguien lo dudaba?

Esto no significa que esté satanizando a mis colegas que trabajan en los medios o a los empresarios dueños de los mismos. El que esto escribe es uno de ellos, y la generación de ingresos y utilidades en nada afecta a su labor y objetivo de informar a los potosinos, con… ¿imparcialidad? Ok, pero primero definamos eso.

¿Estar del lado del PRI gobierno, ya sea adulando abiertamente, manipulándolo perversamente o usándolo cínicamente es ser imparcial?

Si se considera y expone a los candidatos del PRI (o hasta se impone candidatos en el PRI) ¿significa que se está del lado correcto? ¿Ellos son los “buenos” en una simplista visión?

En estos días, si se critica al gobierno, o al candidato del PAN impulsado por el gobierno, ¿en automático se es “gallardista”?

Si vender por millones de pesos la línea editorial a las administraciones y caprichos del PRI  durante décadas y hacer una fortuna de pasada, estuvo muy bien, ¿con qué calidad moral critican que un proyecto político distinto pacte con otros medios? ¿Tenían exclusividad en “la plaza”?

En pocas palabras, ¿quién dice y con qué autoridad, quién está del bando correcto?

¿No es el PRI que tanto criticamos el que gobierna el Estado? ¿No son ellos los que tienen gobernadores en la cárcel por corruptos y rateros? ¿No es del PRI ese aspirante a alcalde que está en la cárcel por homicidio?

¿No es el Estado el gran corruptor y generador de odios entre los potosinos creando falsos conceptos que insertan en sus medios los que polarizan a la sociedad?

¿Quién es entonces la resistencia a ese PRI corrupto y mal gobernante? ¿Tienen ellos la patente de la alianza con medios para lograr objetivos en materia de opinión pública?

En México, la relación gobierno-prensa es más vieja que la canción de la Adelita. ¿No será tiempo de modernizarnos un poco?

En los Estados Unidos, por ejemplo, los grandes consorcios de medios, antes de la elección publican su postura: si son Republicanos, apoyan al candidato de ese partido y punto, lo dicen. Los conservadores igual. No es que no cubran a ambos, pero al menos frente a su público son honestos.

¿No será tiempo de hacer lo mismo?

Quitémonos la máscara, ¿quién paga a los portales, periódicos y periodistas que atacan o defienden a uno u otro proyecto político?

Yo lanzo el desafío para decir la verdad. No nos hagamos tarugos, no engañemos a nuestros lectores.

Tanto los medios tradicionales como los medios emergentes tenemos clientes e intereses, punto. No hay uno que se salve (no, tampoco este) lo importante es también decirlo, y no tomar el pelo a la gente con las mismas poses que criticamos de los políticos

“Ay, no, yo soy bien imparcial, yo no estoy de un lado ni del otro, yo no tengo convenio”. Vamos a darnos una encuerada, total, no veremos nada que no hayamos visto antes uno del otro.

Este medio, por su parte, sí, está del lado del proyecto de resistencia al PRI y a las Oligarquías, ese proyecto es además nuestro mejor cliente y sí, lo tratamos bien. No obstante no dejamos de informar acerca del resto de las opciones, ni eso significa que odiemos personal o profesionalmente a nadie. Tampoco significa que escondamos o callemos los errores del proyecto que hemos decidido apoyar ni que tengamos cerradas las puertas a todas las expresiones sustentadas en la razón y en el bienestar común para San Luis Potosí.

Estoy consciente que se vendrán encima los detractores, los entiendo, pero al menos tenemos el valor para reconocer nuestra postura. No queremos engañar a nadie haciéndonos pasar por periodistas mesiánicos dueños de la verdad, ni consideramos al medio un púlpito.

Si los demás, y hasta los que reciben dinero de parte de diputados que sacan el recurso con trampas del Congreso del estado, reconocen su postura e identifican a sus mecenas que les obligan a mentir para polarizar y atacar como mercenarios a unos y otros, qué bueno, y si no lo hacen también.

Nos tiene sin cuidado que quieran engañar a la gente. En La Orquesta tenemos razones y fundamentos que nos hacen tomar una postura de rebeldía contra el grupo que consideramos el  verdadero imperio de corrupción y mentiras que identificamos como PRI. Podemos estar equivocados y mañana darnos de topes, ni modo, tomamos el riesgo.

¿Alguien más se atreve? Los escuchamos: vamos a encuerarnos y ver quién es quién.

 

@jfsh007

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