#4 TiemposColumna de Xalbador García

Elogio del adulterio | Columna de Xalbador García

Vientre de cabra


Este texto apareció originalmente en vientredecabra.wordpress.com

“Vivo justo detrás de la esquina,
no me acuerdo si tengo marido,
si me quitas con arte el vestido
te invito champán”.
Joaquín Sabina

Los amores felices siempre son aburridos. Nadie habla de ellos, ni siquiera los protagonistas. El tiempo los derrota. No hay historias que los aborde. Ningún amante afortunado ha sido héroe literario. Terminan como empezaron: con citas en plazas comerciales o restaurantes de comida rápida, casi siempre con dos o tres personas más acompañándolos, resultado de esa unión. Es triste ver parejas felices porque en el fondo sabemos que su amor, si no ha conocido infidelidades, será —hasta que la muerte los separe— desabrido.

La inclusión de un tercero en la pareja, siempre y cuando no pretenda destruir a esa misma pareja, es afortunada en la mayoría de las ocasiones. Da aire a los sentimientos, acrecienta el amor al prójimo, mejora la interacción con el mundo, brinda divertimento a alguno de los enamorados que el otro, sin saberlo, agradecerá cuando disminuyan los gritos y problemas domésticos tan comunes en cualquier relación.

Existe una legión secreta que ha encontrado en el adulterio su destino existencial. El origen de esta caterva de hombres casi santos se pierde en los callejones de la historia, pero su accionar puede rastrearse en diversos documentos o prácticas. Los exégetas más ortodoxos ubican su origen en el yoga tántrico. Los del ala liberal han rastreado el inicio de esta orden en el diálogo de El Banquete de Platón y ya, en la Edad Media, en el cuento de “Pitas Payas”, del Libro del buen amor. En lo que todos concuerdan es en la finalidad del llamado “buen infiel”: hacer infinitamente feliz a la mujer de otro.

Tal vez el registro más nítido donde puede observarse la benevolencia del adulterio es en el Romance de Tristán e Iseo, texto fundacional de la concepción del amor en Occidente. El rey Marcos de Cornualles descubre dormido a su sobrino, que también la hacía de sancho, junto a su mujer. Aun así no los castiga. La espada, símbolo de la cruz, que Tristán había dejado entre su cuerpo y el de Iseo se ha leído como signo de castidad. Sin embargo, la verdadera razón de la indulgencia que les otorga Marcos está basada en las ganancias que, comprende, le traerá el engaño.

Hombre inteligente el rey sabía que el adulterio es casi natural en los seres humanos. Si se reprimen los deseos el carácter empieza a languidecer. Las personas se vuelven irritables, sus gustos musicales degeneran en bandas de rock progresivo o cantantes melosos y vulgares que son muy populares o, en el otro extremo, nadie conoce sino sólo ellos. Creen que su opinión les importa a los otros y tapizan las redes sociales con frases “irónicas” e “inteligentes” que devienen en absurdo. Estudian antropología, comunicación o literatura del medio siglo. Son los causantes del gesto triste en la cara de sus parejas.

Los infieles, en cambio, llevan una sonrisa confeccionada a su medida, y su búsqueda de la plenitud los vuelve sabios y condescendientes. Da gusto platicar con ellos mientras el café y la tarde se hacen palabras. El adulterio es la ruta, si no de la felicidad, por lo menos sí de la dicha ante la penumbra diaria. No hay más amor eterno que aquel que vive tan sólo unas horas.

(Nota final: todo lo hasta aquí escrito no aplica con mi vieja; ni se apunten).

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