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#Elecciones | Se acabaron las campañas. El balón está en los indecisos


Según encuestas, el 30 por ciento de los potosinos no han decidido a qué candidato presidencial dará su voto; ellos determinarán las elecciones

Por El Saxofón

El próximo domingo 1 de julio, 89 millones de mexicanos están llamados a las urnas para elegir al nuevo Presidente de la República. No acudiremos todos a votar pero, como cada seis años, irán los suficientes. Y entre esos suficientes deambula un 30 por ciento que, según las encuestas, no saben por quién van a votar. Se trata de los “indecisos”, que en el imaginario de algunos candidatos y sus equipos representan una esperanza, y para otros una amenaza.

(AP Foto/Ramón Espinosa)


VISTAZO AL PASADO RECIENTE

 

En la recta final de la elección del 2006, las encuestas marcaban una elección cerrada entre los dos candidatos punteros: Andrés Manuel López Obrador del PRD y Felipe Calderón del PAN. Roberto Madrazo, del PRI, siempre en el tercer lugar, no pudo repuntar en las encuestas y tampoco lo hizo en la votación. Al final Felipe Calderón ganó los comicios, y llegó a la presidencia, por la vía del “fraude” según López Obrador y “haiga sido como haiga sido”, según el propio dicho del ahora expresidente.

En la elección del 2012, las encuestas daban una ventaja de hasta 20 puntos al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, sobre el segundo lugar, que se peleaban Josefina Vázquez Mota, del PAN, y Andrés Manuel López Obrador, del PRD.

Al final, López Obrador quedó en segundo lugar, siete puntos porcentuales abajo del ganador Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, se fue al tercer lugar, 6 puntos debajo de AMLO y a trece de Peña.

En el actual proceso electoral, la ventaja de 20 puntos en las encuestas juega a favor del candidato de la Coalición Juntos Haremos Historia (MORENA-PT-PES), Andrés Manuel López Obrador.

José Antonio Meade de la Coalición Todos Por México (PRI-PVEM-PNA) y su equipo, desde el fondo del tercer lugar, aún esperan que la “estructura territorial”, conocida vulgarmente como “la maquinaria” del PRI, aunada a la indecisión en la que se encuentran muchos ciudadanos, le dé de última hora un triunfo que, para una sociedad como la mexicana, además de sorpresivo sería sospechoso.

Ricardo Anaya, de la Coalición Por México al Frente (PRD-PAN-MC), que ha soportado las acusaciones de corrupción sin perder muchas simpatías, pero sin poder acceder con mayor contundencia al apoyo ciudadano, a veinte puntos de AMLO, espera que el miedo a López Obrador y el hartazgo del PRI, le favorezcan.

Ambos candidatos, Anaya y Meade, ponen sus esperanzas en los indecisos. Quieren suponer que ese 30 por ciento acudirá ciertamente a las urnas y se decantarán por un solo candidato, lo cual es lógicamente falso.

En las dos elecciones federales pasadas, el porcentaje de indecisos ha sido de más o menos el 30 por ciento, y los resultados en las urnas han reflejado el comportamiento real de este sector, como no han podido reflejarlo hasta ahora las encuestas.

Un analista en 2006, por ejemplo, resaltaba que en el segmento de los indecisos (31%) “es donde realmente se encuentra la batalla por los votos, y en este segmento las preferencias son casi las mismas para ambos candidatos (Felipe Calderón y AMLO)”.

En 2012, otro analista, hacía una reflexión similar: “Entre los votantes convencidos el PRI tiene una ventaja de 45-27 sobre la izquierda. Entre los votantes persuadibles la ventaja del PRI es menor pero también es de nueve, 10 puntos”.

 

LA PROMESA ELECTORAL

Los cuatro candidatos que llegan a la recta final del proceso, aseguran que, de ganar la Presidencia, el país tendrá mejores condiciones, políticas, económicas y sociales, en suma, que seremos un país mejor.

Bajo este supuesto, bastaría que el ciudadano acudiera a las urnas y eligiera con toda tranquilidad una opción para que, sin importar cuál fuera esta, el país iniciara el camino a convertirse en una nación próspera, sin pobreza, sin violencia, y con más oportunidades para sus pobladores.

El problema es que candidatos y partidos también han dicho que, si pierden ellos y ganan sus adversarios, el país seguirá siendo el paraíso de la corrupción, aumentará la violencia, crecerá la pobreza y sobrevendrá la debacle económica.

En un mar de buenos deseos, malos augurios, y sin muchas propuestas, hemos pasado los últimos meses.

Lo único cierto es que las campañas han llegado a su fase culminante y ninguno de los candidatos ha sabido explicar bien a bien cómo va a cumplir lo que prometió, en cambio, han sabido exagerar muy bien las calamidades que nos esperan si no les damos el voto.

Así, el votante enfrenta un panorama incierto. Según las encuestas, al menos el 30 por ciento de los ciudadanos está indeciso acerca de por quién habrá de votar el 1 de julio. Miles de horas de spots, noticias y fake news sobre candidatos y partidos les han hecho creer que el sencillo acto de cruzar una boleta los convierte en responsables directos de los derroteros que tome el país según las decisiones del gobierno en turno, o en cómplices de lo que haga el candidato beneficiario de su voto.

Nada más alejado de la realidad: si nos basamos en lo que dicen los candidatos unos de otros, en los rumores y acusaciones que difunden contra el adversario, los únicos responsables de lo que ha ocurrido y de lo que ocurrirá con el país después del 1 de julio son ellos, unos por ganar la elección y otros por perderla, aún a pesar de toda la saliva, las carretadas de dinero, y demás recursos invertidos con el propósito de alcanzar su objetivo.

A final de cuentas, se puede decir sin temor a equivocarse que ese 30 por ciento de indecisos al final se repartirá entre los cuatro candidatos, pues a juicio de los analistas, las preferencias de estos electores se parecen mucho a las del resto de la población y en ese supuesto, la posibilidad de que el votante indeciso cambie el resultado previsto de la elección es más un deseo de los que van abajo en las encuestas, que una realidad.

De cualquier modo, el ciudadano mexicano no debe perder de vista que, hoy, como hace seis años, y como hace doce, y como en el pasado más remoto de los procesos democráticos de este país, en las promesas de los cuatro candidatos hay un México en paz, sin pobreza y sin violencia: nada más utópico. La realidad siempre ha sido otra. La mayoría de los mexicanos la padecemos a diario, y si no, nos enteramos por las noticias.

Después del 1 de julio, cuando el nuevo presidente asuma el cargo, sea quien sea, tratará de pintar un futuro promisorio. ya más adelante vendrán los fraudes, los errores, los negocios turbios.

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