Sólo para débiles

El último punk. Columna de Eduardo L. Marceleño

SÓLO PARA DÉBILES.

Nacido en una patria emergente, Roberto Bolaño vivió en un época donde no había “becas para escritores” y para trascender había que narrar dentro de la sosegada voluntad literaria que animaba al régimen. Eterno detractor del boom, perteneció a la generación de la esperanza que se abría en creces a la llegada del gobierno del Salvador Allende.

La vida no sólo es vulgar, sino también inexplicable. El éxito no tocó al escritor chileno porque nunca lo conoció, murió antes. Mucho tiempo después la diosa del espectáculo norteamericano recomendaría 2666; Oprah Winfrey promocionaría la última novela de Bolaño como la mejor obra de ficción.

Que un escritor de culto se vuelva interesante en un programa de farándula demuestra que la vida es una comedia abyecta. Que Oprah Winfrey haya leído a Bolaño demuestra que la vida es un enigma.

La literatura pobre, la literatura de la crueldad, la literatura del inframundo no podía tener estrellas. El último punk de las letras denostaba a los santones del régimen, el boom por siempre aceptado en los círculos del poder y que se preserva en los “intelectuales” de nuestros tiempos. Boicoteó un recital de Octavio Paz con el descaro que sólo puede tener quien considera que el poeta es un huérfano nato, aunque no por eso minimizó su enormidad literaria.

Roberto era excelente conversador por teléfono, sobre todo cuando llamaba él, explica el poeta Bruno Montané. El escritor que tenía una narrativa salvaje se potenciaba en la distancia pero en persona carecía de pedantería.

El barrio del Raval se disemina abrupto entre callejones; insignias catalanas se desgarran en voluntad de insurrección continua: la calle Tallers devela una placa al último de los escritores malditos, el infrarrealista que compraba los cuadernos marca Miquel Rius el día de pago de trabajos largos y cansados; empleos de excelente decadencia, espléndido y único progreso para “sudacas”. Barcelona conmemora al autor que corre el riesgo de convertirse en mito pop a casi doce años de su muerte.

Con carne trémula se especula que Bolaño será la próxima estrella literaria; una metáfora de que los astros sólo brillan cuando mueren. Distante en esencia, sus textos vibran con inaudita belleza, separada del hombre que ya sólo es un recuerdo.

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