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El Tocho Bandera, las lágrimas, y los preinfartos | Columna de Alma Barajas

Capitana #13

 

 

No recuerdo qué sucedió exactamente al momento de aquel pase de Verito para Yadi que terminó en anotación, tenía los ojos cerrados y los nervios a tope, lo que viene a mi mente enseguida es ver al coach entrar a la cancha y gritar un “bien hecho” a todo pulmón, y yo de pronto brincando abrazada de todas, con lágrimas en los ojos, el corazón a punto de detenerse, y con el pecho lleno de orgullo y felicidad.

Las vi salir de la cancha, caminaban despacio, o será que ese momento lo viví en cámara lenta, o tal vez el cansancio las había alcanzado bajo ese terrible sol que parecía más de verano que de invierno, venían hacia nosotras, hacia sus compañeras quienes las esperábamos llenas de emoción, habían dado todo ahí adentro, y nosotras desde acá les habíamos entregado nuestra confianza y el corazón, Yadi llegó primero corriendo hacia su gente, la acaparamos y la llenamos de abrazos y palmadas en la espalda, porque “pinche” Yadi (es con cariño Yadi), supo armarla en grande.

Mich lloraba, así sacaba la adrenalina que todavía corría por su sangre, dio absolutamente todo en esa cancha, dejó el físico y el alma ahí adentro, y sí, a mí me dio un vuelco el corazón cuando la vi entregarse al doscientos por ciento, por nosotros, por su equipo. Dani aun cargaba un semblante de concentración absoluta, esa seriedad que la caracteriza como jugadora seguía fiel en su rostro, Shere sin aliento llevaba una sonrisa en los labios, una hermosa sonrisa que ya extrañábamos ver, Brendita no cabía en felicidad sabía que lo habíamos logrado, que todas lo logramos, Chío por fin pudo respirar con tranquilidad a sabiendas que todo salió bien y que afuera la esperaban su equipo y nuestro más fiel seguidor, su esposo. Verito, a cada paso que daba irradiaba nobleza, aprendizaje y alegría.

No puedo describir lo que vi en el coach, su expresión era una mezcla entre felicidad y seriedad, más bien era algo cercano al profundo agradecimiento, porque él sabía que sus chicas, habíamos dado lo mejor.

Así salieron de la cancha y nos abrazamos todas, porque nosotras también habíamos jugado, estuvimos a lado de nuestro líder, alentando, aguantando y también dando todo, jugamos afuera sí, y desde ahí, con temple, las vimos anotar, y a nuestras defensas convertirse en murallas. Pensarán que exagero pero desde afuera así las vi, y me llené de orgullo porque eran mi equipo, porque yo era su compañera, porque no habían defraudado ni a mi corazón ni mi confianza, y me sentí más unida que nunca a los colores azul y blanco, al nombre de Cowgirls. Porque ahí estábamos juntos, vino a mi mente entonces aquel entrenamiento de casi dos horas bajo la lluvia y el frío, donde todas demostramos nuestro carácter, entrega y amor al equipo, y pensé que después de tanto esfuerzo nos merecíamos vivir ese momento, creando un recuerdo que jamás nos podrán quitar.

Fue así como recibimos una victoria ya justa para un equipo que no descansa, que no para de esforzarse, que sí, tiene poquito, que va empezando pero que gracias a su coach, quien no pierde la fe en ninguna de nosotras, es un equipo que sabe soñar y al mismo tiempo ser realista, un equipo que gracias a la humildad primero demostrada por su líder, después adoptada por las jugadoras, supo ganar un encuentro de lo más emocionante, ya saben con muerte súbita y toda la cosa, cardiaco, digno de un preinfarto. El mejor partido que me ha tocado vivir hasta el día de hoy, y vaya que he visto de todo.

Aún nos falta un tramo muy largo del camino, esto es el inicio. Deseo que todos avancemos juntos como hasta ahora, claro que éste fue un partido más dentro de la liga pero para nosotras también fue una manera de levantar la mano y decir que aquí estamos presentes. Por lo pronto agradecemos humildemente a la vida el habernos regalado tan grata satisfacción, por dejarnos en el corazón un día inolvidable. Y al equipo rival gracias por estar a la altura, por respetarnos, darnos la mano y compartirnos un sincero “felicidades”.

Hoy entrenamos esperando el partido siguiente porque también queremos ganarlo, y sabemos que no es fácil, que nos falta mucho por aprender, por suerte tenemos al mejor maestro. Sabemos que puede haber más derrotas  pero ya nos dimos cuenta que podemos levantarnos con singular cadencia, y que juntos, nosotras y nuestro coach Pato seguiremos creciendo, pero sobre todo, seguiremos disfrutando de este deporte, porque vaya que me ha sorprendido, que estrés se vive y qué tremenda alegría sabe entregar el tocho bandera. Ya sé, e insisto, aún falta mucho, pero por lo menos esta vez ya puedo decir, “lo digo por experiencia propia”.

 

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