#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

El sufragio, un deber | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

En nuestra legislación existen muchas formas para incentivar a la ciudadanía a estar activos en la vida pública. La participación ciudadana es una manera de responsabilizarnos en lo individual y colectivo, pues a través de la organización colaboramos en la transformación del país, de la ciudad y de nuestra comunidad inmediata, sea el barrio, la colonia, el fraccionamiento donde vivamos o el centro educativo de nuestros menores hijos. Estar preocupados o insatisfechos implica realizar acciones democráticas tendientes a incidir en lo social, cultural o en la organización política y económica.

En un proceso electoral tan relevante como los comicios del próximo 1 de julio no podemos menos que resaltar la trascendencia de la jornada electoral. Porque se ha dicho, al elegir funcionarios públicos, se elige también el rumbo de un país.

El artículo 30 de nuestra constitución local define al sufragio como el derecho otorgado a los ciudadanos para participar en la vida política del Estado. El deber cívico y legal se ejerce a través del voto para expresar la voluntad soberana del individuo. Al llamarlo así, los constituyentes quisieron imprimirle una carga moral, al estilo de la antigua Grecia, donde ser buen ciudadano consistía en respetar las leyes y participar públicamente en los menesteres de la polis. Insistiremos acentuando esta elección como deber cívico, obligación ciudadana o un ´luego no te quejes´. Llámele como a usted más le guste.

El voto es universal, libre, secreto, directo, personal e intransferible, señala la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales en su artículo 7. Para la libertad del sufragio, se inscribe la prohibición de cualquier acto que genere presión o coacción en los electores. Sobre la secrecía la LGIPE responsabiliza a las mesas directivas de casilla, en tanto autoridad durante la jornada electoral, quienes deben crear las condiciones para garantizar este derecho.

La universalidad viene a garantizar la no discriminación, permitiendo votar a todas las personas con mayoría de edad, sin importar las condiciones señaladas en el artículo 1 constitucional. Esto como logro de las mujeres a partir de 1953 y para contrarrestar las condiciones de raza o estrato social que justificaban estas restricciones. Es voto directo porque podemos elegir a candidatas y candidatos sin ninguna intermediación por parte de persona u organismo. Es personal e intransferible porque el derecho no se puede ceder a nadie y ningún instituto puede atribuirlo a otro candidato o partido político, sin haber sido beneficiado por el votante.

El Instituto Nacional Electoral ha iniciado una campaña para convencernos de la importancia de salir a votar. Sobre todo quiere contrarrestar las opiniones de un sector de la ciudadanía que se niega a aceptar el valor de su personal voluntad. El voto sí cuenta, nos han dicho por muchos medios invitando a salir el 1 de julio a cruzar candidatas y candidatos preferidos.

Este ejercicio no está para menos. Son un millón y medio de ciudadanos visitados por capacitadores electorales quienes fueron instruidos para garantizar los principios antes descritos y ahí estarán, instalados en las 157 mil casillas dispuestas desde las 8:00 de la mañana, hora inicial de la jornada electoral.

Vender el voto es vender la dignidad. A pesar de creer en la honestidad como característica de nuestra población y de que ahora es un delito e incluso podremos presentar denuncias ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, existen arraigadas artimañas enquistadas en algunos partidos políticos y no en el INE, con las cuáles buscarán cooptar, comprar o impedir los votos.

El Glosario de Trampas Electorales describe términos para explicar estas conductas delictivas: acarreo, mapache, urna embarazada, ratón loco, carrusel, mesa que más aplauda, catafixia o uña negra como las más comunes, basadas en el clientelismo político, la necesidad de la gente o la intimidación. Los delincuentes electorales también crean situaciones conflictivas con fines de obtener beneficios.

Con todo, el 1 de julio elegiremos al presidente de la república, senadores, diputadas y diputados en lo federal. Pero a nivel local habremos de elegir presidentes municipales e integrantes del congreso local.

89 millones de ciudadanos en todo el país tienen la posibilidad de salir a votar. Quien decida no hacerlo ampliará más el riesgo de fraude o facilitará surtan efecto las artimañas en la pretendida ejemplar jornada electoral. Nuestra Carta Magna señala el derecho ciudadano de votar en elecciones populares, dignifiquemos tan alto mandato.

La participación ciudadana no se reduce a la emisión del voto, pero el sufragio es fundamental para manifestar la voluntad ciudadana. No permitamos coerciones o mercantilismos.

Todavía podemos presumir que nuestras armas son la pluma, sea para transmitir una idea o para elegir representantes.

No vendas tu voto, los derechos se defienden.

@DDHHSamuelRuiz

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