#4 TiemposColumna de NefroxDeportes

El San Luis se siente | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

 Testeando


Jesús Adán desde temprano se preparó para ir al estadio. Era domingo, día atípico para visitar el Lastras, incluso la hora parecía de pesadilla: a las 20:30 horas se dio el silbatazo inicial. Poco importa cuando el amor de tu vida va a estar en la cancha, poco importa cuando se juega una final.

Como cada partido Jesús fue acompañado por su hermano Erick. Ambos querían que el equipo levantara un título, uno de los más importantes, el de Ascenso, ese que es tal vez el más complicado y codiciado de ganar, incluso más que el de la Liga MX.

Se fueron temprano al estadio, la misma ruta de siempre pero con mucho tiempo. No era un partido cualquiera, era la final y la iban perdiendo; el partido de ida había quedado con un 1-0 en contra del San Luis, había mucho por remontar.

Llegaron a la tribuna. La cancha lucía como siempre en una final: llena hasta el tope. Se colocaron en su lugar para vivir la final como se deben de vivir las finales, de pie, justo al borde de toda la tribuna, listos para cantar, gritar y emocionarse.

A Jesús Adán le dicen “El Napo”, fiel aficionado del San Luis, y esa tarde estaba convencido de que el equipo ganaría. “El Napo” estaba feliz de estar en el estadio acompañado por Erick, juntos se disponían a vivir una noche mágica, de esas que solo el Lastras sabe darle a sus aficionados.

El partido comenzó y al minuto 17 vinieron algunas emociones para ambos lados, todo el estadio gritaba, “El Napo” se emocionaba por lo que sucedía en la cancha, los hermanos no habían perdido la fe, pero el marcador no parecía ayudar hasta el momento.

Minuto 32, el silencio se apoderó de la tribuna, el argentino Jorge Córdoba ponía el 0-1 en el marcador, 2-0 para los visitantes en el global, Erick se lo cuenta a Jesús, 0-1 ya lo gana Dorados, Jesús no pierde la esperanza, queda mucho en el reloj.

Se cumplen los primeros 45 y el silbante decide compensar 3 minutos. Al 45 +2, Nicolás Ibáñez hace temblar al Lastras: 1-1 y la euforia se despierta; el gol justo antes de que se acabe la primera parte es gritado por todo el estadio, Jesús y Erick no son excepción, ambos lo gritan, ambos lo sienten, la final no está escrita.

Al medio tiempo los hermanos conversan, comparten un poco las emociones vividas desde la tribuna, imaginan lo que los jugadores hablan en el vestidor y sacan conclusiones, aún hay tiempo, solo hace falta meter un gol para empatar.

Comienza la segunda mitad, Jesús pregunta hacia dónde tirará el equipo, Erick le contesta, vamos para la sur, del otro lado de la Guerrilla. Minuto 56 otra vez Dorados, 1-2 tras un rebote que le cae en los pies a Rivera; nuevamente el silencio. Jesús lo entiende y no quiere ni preguntar, sabe lo que ese gol significa, sabe que hay que ir contracorriente otra vez, que el global va 3-1 para la visita, el trofeo se va de la manos, el campeonato peligra para “San Luis”, para su “San Luis”.

Dicen que el futbol es algo que se siente, y después del domingo 2 de diciembre de 2018, no queda duda de eso: la afición potosina no perdió la fe, con todo y un 3-1 en contra en el global faltando 34 minutos para que la serie acabara. Jesús gritó ¡vamos, sí se puede!, Erick lo miró, imposible no creer después de ver su cara, ¡queda tiempo, carajo!.

Las remontadas son el sueño de una hinchada y la pesadilla del rival: cuando un equipo comienza a levantar después de estar en la lona, parece inevitable la victoria; las grandes historias están reservadas para grandes momentos.

Minuto 65, la gesta comienza: un balón centrado termina siendo rematado por Barbosa en su propia puerta, 2-2 en el de vuelta, 2-3 en el global; Jesús se emociona, siente la adrenalina, Erick se lo canta, pero no hace falta decirle que pasó, el Lastras estalla y el grito de “¡Sí se puede!” comienza a bajar por la tribuna.

Pasarán otros tensos 10 minutos, la gente voltea a ver la pantalla que fue colocada en la cima de la cabecera norte, el reloj sigue su curso y se diluye el torneo entre las manos de todos. El futbol es de momentos, de estar justo en el lugar y en el momento indicado. Ian González fue altamente criticado durante todo el torneo: su poca claridad con el balón y su baja producción en comparación con los minutos jugados hacían a muchos quererlo fuera de las alineaciones. Sin embargo, el delantero español marcó el gol más importante de su estancia en el país al minuto 75: un cabezazo en solitario ponía las cosas por fin a favor de San Luis, 3-2 en el partido, 3-3 en el global. El Lastras estalla, Jesús nunca dudó, desde el primer minuto creyó en su gente, en sus jugadores y el premio se estaba logrando; Erick se lo canta, se lo cuenta, Jesús lo celebra.  Gol que huele a tiempos extras.

El silbatazo final se escucha por todo el estadio. Nuevamente el Lastras será testigo de la cuarta definición en tiempos extras de una final; los fantasmas de Tigrillos, Mexiquense y Querétaro se pasean entre los jugadores de Dorados. Tal vez ellos no lo saben, pero “San Luis” no sabe lo que es perder un juego en tiempos extras, “San Luis” es la casa del dolor ajeno, alguien va a pagar.

Jesús la tenía muy clara: su equipo saldría campeón esa noche, lo sabía desde el principio, lo sentía desde el silbatazo inicial. Erick parecía confiado pero escéptico, su mirada se clavaba en el césped, volteaba a ver a su hermano, la esperanza esa noche tenía nombre, era “Jesús”, era esa confianza.


El encuentro se reanuda y al 103, la vuelta, Leandro Gabriel Torres anota el gol de la victoria; “El Chino” concluye una jugada a pase del potosino Diego Pineda. El número 10 que jugó tan pocos minutos en el torneo termina dando la anotación más importante del torneo: el gol del campeonato. Las emociones estallan, el título por fin parece quedarse en casa; Erick abraza a su hermano, Jesús está emocionado, grita el gol, no sabe cómo, no sabe quién, pero grita el gol, sabe que el marcador está por fin con su equipo, siente, porque el futbol se siente.

Minutos más de solo aguantar, de brincar, de emocionarse, minutos más que saben a gloria conforme se acerca el final de los tiempos extra, emociones que hacen vibrar, que no entienden de razones, que no hace ni falta mirar.

Silbatazo final, San Luis es campeón del Apertura 2018 en el Ascenso MX, Jesús lo sabe, lo siente, lo sintió desde el principio; a él no le importa qué color estaba en la cancha, él se abraza con su hermano, Erick siente que la misión se cumplió, no solo está viendo a su equipo campeón, sino que puede abrazar a Jesús para celebrar un campeonato, puede abrazar a su hermano que no ve, pero que le ha pedido durante mucho tiempo que lo acompañe a sentir a su equipo, a sentir al San Luis.

Miles de historias se escribieron esa noche de domingo en el Alfonso Lastras, la mayoría son de gloria, otras tantas de dolor, pero la de Jesús Adán Guerrero es singular, un aficionado que no puede ver, pero puede sentir. Para él no importa el color del uniforme en la cancha, no le interesa si es auriazul o rojiblanco, no importa quien juegue mientras lo haga con orgullo, con pasión por el San Luis. El futbol no se ve, se siente, y Jesús es claro ejemplo de ese orgullo, no importa una discapacidad para gritarlo, para gozarlo, para cantar junto a su hermano y gritar “¡Vamos a volver!”.

Para gritar un gol no hace falta verlo, hace falta sentirlo, para ser campeón solo se necesita sentir.

¡Felicidades Campeones! No sólo el equipo, felicidades a todos los que gritaron esa noche; felicidades a todos los que se emocionaron, los que lloraron, los que sufrieron y los que se sienten hoy campeones; felicidades a los que ven con el alma y no se limitan a entender lo que sus ojos le indican; felicidades a todos los que son del San Luis, pero sobre todo felicidades a Jesús Adán, que nos emociona al darnos cuenta que la pasión por un equipo, no necesita de razones, de imágenes, de colores, solo necesita sentir, ¡Cántala Campeón! ¡Grítala Campeón! Que hoy San Luis la vuelve a levantar y que está cada vez más cerca que nunca de volver, ¿y sabes? Vamos a volver.

@Nefrox

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